Massa, bajo la luz de la heladera
“Sin Cristina no hay peronismo y sin peronismo no hay país”. (De Andrés Larroque.)
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“Hoy se cumple un mes que ya no me ves / te fuiste, nada más / quisiste renunciar a quererme / y cómo duele”, dice la canción de Jesse & Joy que parece escrita por Sergio Massa. Pobre, le encargaron todo el trabajo sucio, lo encaramaron como superministro y, a poco más de un mes de haber asumido, ya casi no se habla de él. Cristina, con su inalterable poder de fuego mediático que solo amainó tras el repudiable ataque del que fue víctima, y Alberto, con su inalterable habilidad para hundirse en los pantanos de la contradicción, le robaron la escena a quien se autoperfilaba como el salvador de la república. Veremos si remonta para el segundo cumplemés.
Qué lejos se asumen hoy períodos como el “segundo semestre” macrista, que, de hecho, todavía no llegó. Hoy las cosas son mes a mes. Peor aún, día a día. Y Massa lo siente, como Rodríguez Saá a los viernes. Es cierto que estar relegado en la atención pública le allana bastante al ministro la carrera hacia el ajuste que hoy convalidan sin asquito los mismos oficialistas que denunciaban golpes de Estado blandos, semiblandos y de rallar cuando eran oposición. Pero no es menos cierto que Massa preferiría estar bajo los reflectores de la prensa antes que conformarse con la luz de la heladera cada vez que se sirve algo para sentarse a ver cómo copa la parada el peronismo pochoclero.
“Sin Cristina no hay peronismo y sin peronismo no hay país”, determinaba el Cuervo Larroque antes de que Wado de Pedro llamara a la paz victimizando a todos los hijos de Perón. “Tenemos que estar dispuestos a salir a la calle para defender a Cristina”, instaba Boudou, pero ni la Policía Federal fue capaz de protegerla de Fernando Sabag Montiel. “Si la tocan a Cristina, qué quilombo se va a armar”, gritaba la muchachada en Uruguay y Juncal pensando en la Justicia y no en el atacante que por fortuna no logró su cometido.
Para colmo, Massa arrancó el mes con un viaje a Estados Unidos para pedir clemencia y plata para reforzar las reservas del Banco Central, y prometer al FMI menos gastos recortando fondos a educación y obras públicas, subiendo precios de tarifas de servicios y jurando y perjurando que no entrarán más ñoquis a la planta del Estado porque Batakis ya se encargó de regularizarlos a todos.
Si habiendo estado en Argentilandia pasó inadvertido, en la tierra de Mickey Mouse no le quedó otra que resignase a trocar la luz de la heladera por el destello modesto de los frigobares de hotel.









