La espera
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JOHANNESBURGO.- El entrenamiento aún no empezó, el predio está vacío, el día luce apacible, y el chico espera. Alumno de una escuela de rugby de Soweto, se toma un minuto antes del vestuario, el saludo a los compañeros, las bromas, los ejercicios, el sudor, los desafíos. Espera, y en su detención no hay ansiedad, sino calma; más que laxo, se lo ve tranquilo, cómodo con sí mismo y con ese trocito de tiempo por el que transita ahora mismo. Al menos para quienes miramos de lejos, decir Sudáfrica y rugby es decir, también, Mandela, los Springboks, Invictus. Pasó tiempo desde aquella jugada en la que un líder político vio en un deporte el camino hacia la reconciliación racial. No sabemos cuánto de esa historia resuena en el universo del pequeño rugbier que aquí aguarda. Pero algo en su actitud hace sospechar que, a su modo, él se sabe, como Henley, "amo de su destino, capitán de su alma".









