
Miente, miente que nadie te creerá
Mentimos para sobrevivir, mentimos para vender, mentimos por convicción, mentimos por conveniencia económica. La novedad es que ahora no nos creen
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Malas noticias. Ferretti, indignado, agita ante mis narices un ejemplar del diario Clarín. Tiene un párrafo marcado con resaltador amarillo. No me da tiempo a calzarme los anteojos:
- "Este es el papel de la prensa –lee en voz alta- : poner en crisis el discurso oficial". ¿De dónde habrá sacado semejante dislate este muchacho? ¿En qué Manual de Periodismo lo leyó? ¿En el Libro Sagrado de la SIP?
- No se ponga nervioso, Ferretti. Es apenas una idea que últimamente anda circulando por ahí y que algunos repiten sin advertir que encierra el germen de su propio antídoto.
- Hágamelo más simple porque, para mí, más que una idea es una coartada.
- Quiero decir que por el mismo camino se podría llegar a decir que el rol de los medios oficialistas es poner en crisis el discurso opositor.
- ¡Clarín contra 678 y los lectores que revienten! - vocifera Ferretti y pone los pelos de punta a un espantoso caniche blanco que se pasea cerca del banco de plaza hasta donde nos ha traído el sol primaveral.
- Pare un poco. No quiero desautorizarlo, pero usted es tan sólo un flâneur en la materia. Yo llevo 40 años en las redacciones y, si me permite, quisiera explicarle algo.
- Odio a los autorreferenciales, pero avance que lo sigo.
- Para comenzar me parece que sería prudente pensar que tal vez la prensa y el periodismo no sean la misma cosa.
- ¿Y cuál vendría a ser la diferencia?
- La diferencia entre la prensa y el periodismo, y atájese la metáfora, es la misma que existe entre el capitalismo y el cajero del banco que le paga el sueldo a los jubilados. Los cajeros y el 95 por ciento de los periodistas tienen que pagar el gas, el alquiler, los víveres en el supermercado.
La diferencia entre la prensa y el periodismo, y atájese la metáfora, es la misma que existe entre el capitalismo y el cajero del banco que le paga el sueldo a los jubilados
- Cada vez me está metiendo más miedo. Según su comparación, ¿cuál sería entonces la función del periodista?
- Si Usted se refiere a la que verdaderamente cumplen, contribuir con su técnica y su talento a que los dueños de los medios ganen dinero, poder, o ambas cosas a la vez.
- ¿Mercenarios?
- No todos, Ferretti, no todos. Hay periodistas famosos, sobre todo en la televisión, que dependen menos dramáticamente de un salario. Hay periodistas corruptos que se las rebuscan por otro lado. Hasta hay periodistas que tienen la suerte de estar más o menos de acuerdo con la línea editorial de los medios para los que trabajan...
- …Hay periodistas militantes, también…
- Los hay de ambos lados. Vocacionales y muy bien pagos. Coinciden en cierta actitud mesiánica, en la creencia de que un fin superior justifica todos los recursos y, aunque con excepciones, en una mediocre capacidad técnica. Nada nuevo.
- ¿Para conseguir qué?
- Ascender en los escalafones, programitas en el cable que no ve nadie, notoriedad mediática, ¿qué quiere que le diga, Ferretti? ¿O después del resultado de las primarias, Usted cree de verdad que el periodismo ultra K o el recontra anti K le sumó o le restó algún voto al Gobierno?
- Puede ser, como Usted insinúa, que resulte inocuo. Lo que a mí me preocupa es la legitimación de la mentira y la forma en que la falta de credibilidad se ha ido extendiendo como una mancha de aceite sobre todos los medios. ¿Antes también mentían tanto?
- Mentir, siempre mentimos, Ferretti. Mentimos para sobrevivir, mentimos para vender, mentimos por convicción, mentimos por conveniencia económica. La novedad es que ahora no nos creen.
- ¿Cómo será que llegamos del sólo-existe lo-que-aparece-en-televisión al todo-lo-que-aparece-en-televisión-es-mentira?
Mentimos para sobrevivir, mentimos para vender, mentimos por convicción, mentimos por conveniencia económica. La novedad es que ahora no nos creen
- Tal vez la prensa, al menos en sus plataformas tradicionales, empiece a pesar menos en la formación de la opinión pública. Digo, por decir.
- Si la mano viene así, mi amigo, yo me voy a la granja con Carrió. Y a Usted le recomiendo que no se mueva de Internet, el único lugar donde pagan por irritar a los lectores.







