Moro en la UBA: ¿Quién decide quien puede hablar?

Alicia Cano
Alicia Cano PARA LA NACION
Crédito: Facebook
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29 de mayo de 2020  • 13:52

En estos días generó polémica el anuncio de la Facultad de Derecho de la UBA de una conferencia que se llevaría a cabo el 10 de junio, vía Zoom con Sergio Moro. Esta charla se inscribía dentro del marco de una serie de encuentros organizados por el Centro de Estudios sobre Transparencia y Lucha contra la Corrupción , de esa casa de estudios.

Frente al repudio de académicos y dirigentes políticos, expresado mayoritariamente en las redes sociales, la Facultad decidió levantar la charla.

Sergio Moro es una figura pública altamente controvertida, fue recientemente Ministro de Justicia del gobierno de Jair Bolsonaro en Brasil y renunció hace poco más de un mes en medio de un fuerte escándalo, con acusaciones cruzadas con el presidente. Moro había sido el juez que dirigió la investigación conocida públicamente como Lava Jato contra buena parte de los dirigentes del Partido de los Trabajadores y empresarios de la construcción y del petróleo.

Moro es una figura pública muy cuestionada, su paso por la justicia fue objeto de fuertes críticas por incumplir estándares mínimos de derechos humanos en el debido proceso y, su gestión en el Poder Ejecutivo, se caracterizó por la adopción de medidas altisonantes enmarcadas en un gobierno de impronta fuertemente autoritaria.

En lo personal y si se me permite, yo no habría invertido mi tiempo en escuchar a Sergio Moro.

Pero, ¿quién decide quién puede hablar y quién no? , ¿Quién se erige en autoridad para decidir a quién le concede la palabra y a quién se la quita?, ¿El derecho a la libre expresión solo merece tutela si se trata de expresiones con las que estamos ideológicamente de acuerdo?

¿Quién decide quién puede hablar y quién no?, ¿Quién se erige en autoridad para decidir a quién le concede la palabra y a quién se la quita?, ¿El derecho a la libre expresión solo merece tutela si se trata de expresiones con las que estamos ideológicamente de acuerdo?

En la misma facultad todos pudimos escuchar, el 14 de noviembre de 2016, a Edward Snowden , en el hermoso salón rojo. En esa oportunidad, el ex empleado de la Agencia Central de Inteligencia y de la Agencia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos , buscado por la justicia de los Estados Unidos mediante todos los colores de notificación de Interpol posibles, debatió por videoconferencia, animadamente, sobre: "El sistema de inteligencia nacional, desafíos de la democracia", desde la embajada de Nicaragua en Moscú. El auditorio lo aplaudió largo rato.

En mayo de 2003, Fidel Castro desbordó la capacidad del salón de actos de esa misma facultad y terminó dando un discurso en las escalinatas, donde fue aplaudido y vivado por más de cinco mil personas.

Más recientemente, la Biblioteca Nacional había invitado al escritor indio Salman Rushdie , acusado de blasfemia y condenado a muerte en 1989 por el líder de la Revolución Islámica Iraní, a dar una conferencia.

En el juicio que se le siguió en los Estados Unidos al creador de la revista Hustler, Larry Flynt, por publicaciones obscenas e injuriantes, su abogado defensor al alegar ante la Corte Federal dijo: "Lo que publica mi cliente en su revista es aberrante, no me erotiza porque es repugnante y de mal gusto y por eso no la compro, yo no soy nadie para impedirle a sus lectores que puedan compartir su mal gusto y obscenidad, ese es un problema de sus lectores, no mío."

La libertad de expresión es un derecho preferente, es la válvula de seguridad en una sociedad democrática y nos obliga a tutelar no solo esas expresiones que nos agradan o con las que nos sentimos cómodos, sino, principalmente, aquellas que nos chocan, hieren, inquietan u ofenden

La libertad de expresión es un derecho preferente, es la válvula de seguridad en una sociedad democrática y nos obliga a tutelar no solo esas expresiones que nos agradan o con las que nos sentimos cómodos, sino, principalmente, aquellas que nos chocan, hieren, inquietan u ofenden. No se trata solo de garantizar el derecho a expresar nuestra propia opinión, sino que debe protegerse también el libre intercambio de ideas y opiniones, aún las controversiales, aún las expresiones falsas ; solo en el choque de todas ellas prevalecerá la verdad.

La autora es abogada, miembro del Instituto de Política Constitucional de la Academia de Ciencias Morales y Políticas

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