Muestra mágica, misteriosa y borgeana
Seguir o no seguir las reglas? de un idioma, he ahí el dilema. La respuesta es, por supuesto, seguirlas, pero, a veces, cuando hay más de una forma aceptada la decisión o el gusto del hablante son los que priman.
Esta brevísima disquisición tiene su justificativo en el correo electrónico de la lectora Sandra Pien, intrigada por un adjetivo usado en la columna del lunes pasado. Escribió Pien: "En el segundo párrafo de hoy, me llamó la atención que utilice el adjetivo «borgiano» con «i» en vez de «e», porque viene de Borges con «e». Aunque algunos prefieren borgesiano , pero sin duda siempre es con «e»".
La lectora tiene razón en cuanto a que borgeano es, en la Argentina y un poco más allá también, la forma que se usa y se prefiere, sin duda, a borgiano . En el Diccionario de la lengua española están las dos formas, aunque una remite a la otra: "borgeano, na. 1. adj. Arg. borgiano". Y en borgiano, na (la RAE advierte que es un artículo enmendado, como avance de la próxima edición) se define: "1. adj. Perteneciente o relativo a Jorge Luis Borges o a su obra. La poesía borgiana . 2. adj. Con rasgos característicos de la obra de este escritor argentino. Un relato muy borgiano".
El criterio académico es lógico. El sufijo - ano, na (también - iano, na ) forma adjetivos que significan procedencia, pertenencia o adscripción. Por ejemplo, murciano, aldeana, franciscano, parnasiano . Sin embargo, y según opina nuestra lectora: "Ya con las 21 academias de castellano que pisan fuerte en América Latina y marcan tendencia, los de la RAE no pueden bajar línea unilateralmente. Borges da el adjetivo «borgeano» o «borgesiano», con «e», y esto es de sentido común. Ya que Borges nació en la Argentina, le propongo que también se oponga y utilice el «borgeano»; desde aquí somos nosotros los que debemos marcar la diferencia".
A lo mejor el mismísimo Borges, al que le gustaba estar siempre a contracorriente, hubiera elegido usar borgiano y no borgeano (quizás hasta hubiera pensado que un adjetivo así era un honor "inmerecido" para su obra). En todo caso, como sí se reconocía "irreparablemente, incomprensiblemente porteño" , celebremos esta condición y usemos, como propone Pien, borgeano .
Como Buenos Aires es, este año, la Capital Mundial del Libro y como, también, se cumplen 25 años de la desaparición física de Borges, hay una exposición, Cosmópolis. Borges y Buenos Aires , en la Casa de la Cultura porteña (Avenida de Mayo 575), que nadie debería dejar de visitar si vive en esta ciudad o está de paso. En la muestra, de entrada libre y gratuita, todo es borgeano : las luces y las sombras, el color amarillo, sus tres maestros (Rafael Cansinos Assens, Macedonio Fernández y Xul Solar), los laberintos, los espejos y las bibliotecas.
Y para terminar, una anécdota sobre nuestro idioma y sus acertijos. En la columna pasada, transcribíamos la observación del Diccionario panhispánico de dudas sobre el uso de deber de + infinitivo, donde se decía que "la lengua culta admite también el uso sin preposición" y se daba un ejemplo de Mario Vargas Llosa. Pues bien, quien esto escribe encontró hace unos días un uso, sorprendente, cuya explicación desea compartir con los lectores.
En "Un clásico", un artículo para el diario español El País, el 17/5 escribe Fernando Savater sobre la obra del filólogo Juan Ramón Lodares: "La disección que hace Lodares de las diversas peripecias regionales de la cuestión [que el castellano o español haya llegado a ser lengua hegemónica no por imposiciones dictatoriales] puede servir para despejar mitos espúreos, al menos entre quienes no tengan interés político en fomentarlos". El * espúreo savateriano espanta a la vista y al entendimiento, pero una vez más, el DPD viene en nuestro auxilio: " espurio -ria. ?Falso o ilegítimo': «Discriminado por razones dudosas, espurias, ajenas a sus méritos» (Grandes Aires [Esp. 2002]). Procede del latín spurius ; es, pues, errónea la forma * espúreo , que escriben por ultracorrección incluso personas cultas". En fin, que todos tenemos que ceñirnos a las reglas.
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