
Muy importante, pero desconocida
Por Félix V. Lonigro Para LA NACION
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Existe una muy buena manera de medir el grado de preparación cívica de un ciudadano: preguntarle si sabe qué es una Constitución y para qué sirve. Resulta dramático, pero en nuestro país esa pregunta tan sencilla y relevante recibe el desconocimiento por respueta.
Para el hombre común una Constitución es una abstracción, un librito que alguna vez tuvo que estudiar y al que nadie respeta ni tiene en cuenta. O, en el mejor de los casos, una norma a la que todos los gobernantes quieren modificar para adecuarla a sus propias necesidades. Todo esto revela una cruel realidad: el pueblo argentino padece una deficiente educación ciudadana.
Un breve razonamiento puede poner de relieve la importancia de la educación cívica en una nación organizada: por un lado, una de las claves que permiten determinar la seriedad de un país es el respeto que gobernantes y gobernados sienten por su propia Carta Magna y por todo el ordenamiento jurídico en general; por otro lado, para que ello sea posible es indispensable que gobernantes y gobernados sepan qué es aquello que deben respetar y por qué es importante hacerlo. Conclusión: la seriedad de un país está directamente relacionada con el grado de educación cívica de sus habitantes.
Una Constitución es un instrumento que sirve para ordenar jurídica y políticamente a una nación, para limitar el poder de quienes gobiernan y para conceder derechos y libertades a los ciudadanos. Esto significa que cuando un gobernante no conoce la Constitución, en realidad desconoce sus propios límites, y que cuando quien no la conoce es un ciudadano, lo que en realidad desconoce son sus propios derechos. Por ello, la educación cívica debe comenzar, necesariamente, con el estudio y el conocimiento del concepto "constitución".
Existen ejemplos concretos de desconocimiento del texto constitucional por parte de quienes más deberían conocerlo (los gobernantes). El ex presidente Carlos Saúl Menem lo demostró alguna vez al no poder explicar, en un conocido programa de televisión, cuáles son los supuestos en los que el Presidente no puede dictar decretos de necesidad y urgencia (circunstancia que se agrava si se tiene en cuenta que él es el único que puede emitirlos), o al expresar que si alguna ley establece la obligatoriedad del sufragio habría que derogarla, cuando es el artículo 37 de nuestra Carta Magna el que instaura el voto obligatorio. Y también son muchos los casos de ciudadanos que cotidianamente no pueden hacer valer sus derechos, sencillamente, porque los ignoran.
¿Acaso sabemos que el impuesto a las ganancias es una atribución que la Constitución nacional asigna a las provincias y que el gobierno central sólo puede crearlo y cobrarlo en circunstancias excepcionales y por tiempo determinado? Pues bien: ese "tiempo determinado" lleva ya medio siglo.
¿Acaso sabemos que la Constitución exige al Congreso que asegure al trabajador un salario mínimo (vital y móvil) que le permita vivir con dignidad? Sin embargo, nadie puede vivir con el actual salario mínimo.
¿Acaso sabemos que la Constitución nacional impide al Presidente crear impuestos, aun cuando haya razones de necesidad y urgencia? Sin embargo, en su momento aceptamos pagar el impuesto al automotor, creado por decreto, para acrecentar el fondo de incentivo docente.
¿Algún ciudadano advirtió que las elecciones presidenciales, por disposición constitucional, deben realizarse necesariamente dentro de los dos meses anteriores a la fecha en la que debe entregarse el mando (10 de diciembre del año en que corresponda el recambio)? Sin embargo, el ex presidente Eduardo Duhalde las fijó para 27 de abril de 2003.
Estos son sólo algunos ejemplos entre muchos más que podrían enunciarse, pero son suficientes para destacar que la decadencia de la Argentina no encuentra su origen exclusivamente en las pésimas conducciones económicas que hemos sufrido, o en los crecientes actos de corrupción que se fueron multiplicando en las esferas de gobierno, sino en la paulatina y sostenida decadencia educativa por la que aún continuamos transitando.
Es fundamental entender que la Constitución nacional constituye la fuente de nuestras libertades y el principal límite al poder que ejercen los gobernantes. Es por eso que cada provincia puede dictar su propia Constitución, pero respetando siempre los derechos consagrados por la Constitución nacional. Es por eso que el requisito de idoneidad exigido por la Carta Magna para ejercer un cargo público debe consistir, básicamente, en el conocimiento de la propia ley fundamental. Es por eso que a cada extranjero que quiere hacerse argentino debe exigírsele el conocimiento de la Constitución nacional. Y es por eso que, de una vez por todas, debe ser obligatorio el conocimiento profundo de la Constitución nacional para que un establecimiento de enseñanza media pueda otorgar un título oficial.
Retomar el rumbo del crecimiento no consiste únicamente en enderezar las variables económicas. Además, habrá que hacer hincapié en un proyecto educativo serio y consistente. Es cierto que eso suele no interesar a los gobernantes, porque no asegura réditos inmediatos, pero quien encare esa tarea con convicción y responsabilidad será quien haya sentado las verdaderas bases de la recuperación.





