
"No soy ministro del grupo empresario"
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EN "La Rosadita" -tal como se conoce la sede de la Fundación Alianza para la República (Fundar), que preside Eduardo de la Rúa, el primo santiagueño de Fernando-, la actividad diaria de Nicolás Gallo empieza muy temprano, alrededor de las 8, pero nadie sabe bien a qué hora termina. La capacidad de trabajo de este hombre de 61 años, que en su juventud supo abrirse camino a través de las selvas de América Central, no será, sin embargo, puesta a prueba por el cargo que se prepara a asumir; como ministro de Obras Públicas, sencillamente estará a sus anchas.
"Eliminar este ministerio fue un error -sostiene-; la obra pública es la expresión física del ahorro social." Gallo dice que es un prejuicio pensar que la recreación de esta cartera -bajo la denominación de Infraestructura- implicará un aumento del gasto. "Sólo centralizará fondos que ahora están dispersos en varias reparticiones", afirma. También desmiente que haya habido un choque con José Luis Machinea por el recorte de poderes. "Las fuentes de financiamiento seguirán dependiendo del Ministerio de Economía, y en la renegociación de tarifas y el marco regulatorio habrá una intervención concurrente de ambas carteras", dice.
Jorge de la Rúa, hermano del presidente electo, y Marcos Makón están dando las puntadas finales a la nueva grilla ministerial. De Infraestructura dependerán la actual Secretaría de Obras Públicas, la Subsecretaría de Recursos Hídricos -hoy en la órbita de María Julia Alsogaray-, Vialidad Nacional, los planes de inversión que manejan la Jefatura de Gabinete, el Ministerio del Interior y la Secretaría de Desarrollo Humano, y la Secretaría de Transporte.
En ese último terreno, Gallo deberá agarrar la brasa de las renegociaciones de contratos ferroviarios y el peaje de las rutas de alta transitabilidad. "La administración que se va violó el concepto central de la ley de peaje, según el cual el inversor privado debía construir primero y después cobrar -dice-; aquí el que financió las obras fue el usuario."
Su cuestionamiento principal a la renegociación de contratos ferroviarios llevada a cabo por el actual responsable del área, Armando Canosa, es que debería haberse exigido a los privados una mayor inversión en un plazo más corto. Gallo pone como ejemplo la renegociación del contrato de Metrovías, en la que él participó como representante del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires cuando se desempeñaba como secretario de Producción y Servicios de la comuna. "Los planes de inversión deben reajustarse tantas veces como la demanda de los usuarios lo exija", afirma.
Pero las prioridades de la futura gestión de Gallo en el todavía nonato ministerio de Infraestructura serán la construcción de 500.000 viviendas para los sectores de más bajos recursos -con una inversión de $ 4500 millones- y la ampliación de la red de caminos rurales. Los recursos saldrán en parte del Fonavi -unos $ 950 millones que hoy van directamente a la caja de las provincias- y de préstamos de organismos internacionales. En este sentido, Gallo sostiene que existen, por lo menos, US$ 700 millones en créditos disponibles del Banco Mundial, no utilizados o subutilizados por este gobierno.
Del otro lado del mostrador de la obra pública están las empresas constructoras, con las que Gallo, debido a su actividad política y profesional -un ingeniero civil que trabajó en grandes proyectos hidroeléctricos, como El Chocón y Alicurá, y que fue consultor del BID en la década del setenta-, mantiene una antigua relación. "El plan de inversiones de la Cámara de la Construcción es un aporte positivo que merece ser estudiado -dice-, pero yo no soy el ministro del Grupo Productivo."
Ex interventor de Entel y de Subterráneos de Buenos Aires durante la presidencia de Raúl Alfonsín, en su reciente paso por el gabinete porteño convocó a la licitación de la recolección de residuos, en la que Manliba perdió su participación en ese mercado.
Otro recordado episodio fue el enfrentamiento con Adalberto Rodríguez Giavarini, que culminó con la renuncia de éste a la Secretaría de Hacienda de la Ciudad de Buenos Aires. "Fue el típico choque entre el funcionario que tiene que sentarse arriba de la caja y el que tiene que gastar la plata", grafica un amigo común. Un episodio que ambos protagonistas prefieren dejar atrás.




