
Noticias del levante
Para la Real Academia Española, la palabra "levantar" tiene 30 acepciones. La última (la acepción 30) dice que en el habla coloquial de la Argentina, Cuba, El Salvador, Uruguay y Venezuela significa "entablar relación amorosa", y que, por lo tanto, equivale al más castizo "ligar", que cuenta con 19 acepciones. La acepción número 16 de la voz "ligar" define un asunto sumamente humano, el de "entablar relaciones amorosas o sexuales pasajeras". El Diccionario del habla de los argentinos (Academia Argentina de Letras, 2003) no se anda con rodeos: el sentido figurado de "levantar" es "conquistar a alguien, estableciendo una relación inmediata e informal", a la vez que "levante" funciona como "ligue, conquista amorosa ocasional". Verdadera autoridad en la materia, Incordio Peribáñez, licenciado en relaciones libidinosas y autor del libro El erotismo en tiempos del dengue, se permite, sin embargo, estos reparos: "Toda definición referida a un asunto que mezcla sentimientos difusos, ansiedades voluptuosas y mejunjes hormonales puede ser tachada de capciosa".
Peribáñez cree que estos primeros calores en el hemisferio sur, a treinta días vista del solsticio de verano, han de proveer furtivos acaloramientos, "una congestión psicosomática especialmente notoria y más frecuente en personas que transitan la edad de merecer". Como se sabe, la edad así identificada (con tan elegante eufemismo) resulta hoy mucho más extensa que en cualquier otro tramo de la historia, a contar del momento en que los homínidos convirtieron en práctica habitual un ejercicio de pareja que, básicamente, pretende que la especie no se extinga, sino que, todo lo contrario, prolongue su controvertida injerencia sobre la faz de la tierra. "Aun cuando el trámite del levante goza de enorme habitualidad –destaca el experto–, es ley inexorable que todo cuanto ocurra después responderá a los paradigmas de la suerte diversa."
La suerte diversa alude al riesgo de frustración que conlleva todo proceso de conquista amorosa.
Ya se sabe: a menudo emergen sutiles asimetrías socioculturales, en tanto que un enjambre de códigos íntimos, soterrados en la libido, quizá no encuentren la indispensable correspondencia.
El hecho de que en Buenos Aires prospere una flamante academia de seducción, cuyos maestros procuran sumar encantos a damas y caballeros, parece corroborar que la incertidumbre y la ineficacia siguen siendo factores que transforman la aventura romántica en épica lotería. Peribáñez es optimista: "Cómo dudarlo, estos calorcitos han de incentivar la práctica del levante, una travesura primordial y necesaria para que, en una de ésas, el amor atine a florecer".





