
Nueva mirada a la crisis de los misiles cubanos
Por Hans Bergstrom Para La Nación
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CAMBRIDGE, Massachusetts.- PRONTO se estrenará en numerosos países un nuevo film sobre la crisis de los misiles cubanos: Thirteen Days ("Trece días"). Todos deberían verlo, no sólo por su dramatización del pasado, sino también por su visión perspicaz de hechos actuales, especialmente la controversia en torno del proyectado sistema norteamericano de Defensa Misilística Nacional y las disputas regionales (entre India y Paquistán, Taiwan y China, las dos Coreas) que, algún día, podrían intensificarse hasta derivar en un conflicto nuclear.
El 16 de octubre de 1962, el presidente John F. Kennedy citó en la Casa Blanca a sus asesores más íntimos. Fotografías aéreas habían revelado que en Cuba se estaban construyendo bases de misiles nucleares. Las decisiones tomadas, o no tomadas, en los trece días subsiguientes podrían haber llevado a una guerra nuclear. El film describe cómo se vivieron esos momentos en la Casa Blanca, recurriendo a cintas magnetofónicas de la época.
Luego de su estreno en los Estados Unidos, la Kennedy School of Government de Harvard convocó a un panel para debatir la película y la crisis de que trata (*). Participaron Robert McNamara, secretario de Defensa del presidente Kennedy; Theodore Sorensen, colaborador directo y redactor de sus discursos; Ernest R. May, profesor de historia en Harvard y autor del libro The Kennedy Tapes ("Las cintas de Kennedy"); Graham Allison, profesor de ciencias políticas de Harvard que hace treinta años escribió el estudio clásico de la crisis misilística: Essence of Decision ("La esencia de la decisión"), y Peter A. Almond, productor del film. Si bien criticaron algunos aspectos de la dramatización, el panel convino en que la película presentaba con exactitud los problemas y presiones que afrontó el presidente Kennedy.
¿Qué conclusiones podemos extraer hoy de la crisis cubana? Sorensen las resumió así.
- Los asesores pueden desempeñar muchos papeles en una crisis, pero la responsabilidad final recae únicamente en el presidente. La mayoría de los asesores de Kennedy, civiles y militares, querían atacar a Cuba. El análisis sobrio y las preguntas perspicaces de Kennedy sacaron a luz alternativas y riesgos fundamentales para decidir el resultado.
- Es indispensable comprender cómo piensa nuestro adversario y mantener abiertas las líneas de comunicación. Arrinconar a un adversario sin mantener abiertas las vías diplomáticas que nos permitan comprender su situación puede resultar fatal.
- Estados Unidos necesita amigos. Kennedy actuó del modo en que lo hizo porque contaba con el apoyo de la OTAN, de otros aliados y de la opinión pública mundial.
- Las decisiones acertadas llevan su tiempo. En cuestiones de vida o muerte, un líder nunca puede permitir que los medios lo apremien a actuar. La semana de análisis y reflexión sobre todos los factores en juego fue decisiva en cuanto al resultado. Con los medios masivos actuales, ¿existiría ese tiempo para la reflexión?
McNamara subrayó la necesidad de ponerse en el lugar del adversario. En una de las tantas escenas fuertes del film, McNamara le explica a un almirante "de gatillo fácil" que la finalidad primordial del bloqueo naval a Cuba, impuesto por Kennedy, era dar una advertencia a Khrushchev acerca de la firme determinación del presidente norteamericano, y no específicamente detener a los buques soviéticos.
De La Habana a Berlín
Kennedy, ¿podría haber actuado con mayor frialdad aún? Después de todo, los Estados Unidos habían instalado misiles nucleares cerca de la Unión Soviética. El envío de misiles soviéticos a Cuba era una respuesta a esa política. Pero Kennedy temía las consecuencias que podría acarrear en Berlín la presencia de misiles soviéticos en Cuba. Las presiones nucleares desde Cuba habrían dificultado aún más la defensa de Berlín, y eso era parte de la estrategia de Khrushchev. En definitiva, según el historiador May, "el desenlace de la crisis de los misiles cubanos resolvió, a su vez, la crisis de Berlín".
"Pronto será demasiado tarde", alegaron reiteradamente los asesores de Kennedy. Creían que los misiles estaban en alta mar, en camino a la isla, y querían atacarla antes de que llegaran a ella. Unos 180.000 efectivos norteamericanos estaban listos para invadirla; había planes para un bombardeo relámpago aún mayor que el que soportaría Kosovo treinta y seis años después. "Tardé treinta años en descubrir que ya había armas nucleares en Cuba: había 162 cargas, de las cuales 90 eran armas nucleares tácticas", confesó McNamara.
Recibió este dato durante una reunión con Fidel Castro, en la que le formuló tres preguntas: ¿Lo sabía usted? En caso afirmativo, ¿qué recomendó? ¿Cuáles habrían sido las consecuencias para Cuba? Castro respondió: "Lo sabía. Recomendé enérgicamente que se usaran armas nucleares. Sabía que eso llevaría a la aniquilación de Cuba".
¡Castro, y más aún su camarada el Che Guevara, estaban dispuestos a dejar que Cuba se hiciera humo, literalmente, para convertirla en una mártir de la lucha revolucionaria mundial!
Así pues, una invasión podría haber llevado a la muerte a 80 millones de norteamericanos, y borrado del mapa a Cuba, simplemente porque el gobierno de Kennedy no estaba bien informado (cosa frecuente cuando el titular del Poder Ejecutivo debe decidir por sí solo). McNamara cree que una invasión habría provocado, "ciertamente", un ataque nuclear soviético contra los Estados Unidos. Khrushchev ejercía un control limitado sobre los militares soviéticos apostados en Cuba; pese a su prohibición explícita, ellos dispararon contra aviones U2 que sobrevolaban la isla.
Un interrogante difícil, que no se planteó durante el debate en Harvard, es éste: qué habría sucedido si el adversario no hubiese sido Khrushchev -cuya conducta, en toda la crisis, fue bastante racional-, sino un irresponsable como Saddam Hussein, Kim Jong II o un fundamentalista? Con la proliferación de las armas nucleares, ese riesgo podría hacerse realidad algún día. Las discusiones actuales acerca de un escudo antimisiles limitado y la amenaza del chantaje nuclear por parte de Estados aventureros deberían analizarse a la luz de este pensamiento terrible, pero realista.
(*) Harvard ofrece documentos vitales sobre aquella crisis y la actual amenaza nuclear en su nuevo sitio http://www.cubanmissilecrisis.org





