Nuevos y viejos lectores, todos felices

Graciela Melgarejo
Graciela Melgarejo LA NACION
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21 de julio de 2014  

Hasta el 2 de agosto en El Dorrego (o hasta el 3, si elegimos la sede de Tecnópolis: las distintas posibilidades en http://bit.ly/1mX8qEU), la 24a. Feria del Libro Infantil y Juvenil de Buenos Aires espera a sus lectores, con entrada libre y gratuita para todas las edades, es decir que los adultos no tenemos excusas para no ir, solos o acompañando a los chicos.

El lema de la Feria de este año no podría ser más apropiado: "¡Cronopios, a leer!" Sí, por supuesto, es en homenaje al centenario del nacimiento de Julio Cortázar, el autor de Historias de cronopios y de famas, libro reeditado ahora por Alfaguara y, según informa adncultura, con "alusivas y coloridas ilustraciones del argentino Elenio Pico". Pero no se trata de homenajear solo a un gran escritor argentino, sino también de celebrar el placer de la lectura, ese que nace cuando se es pequeño y se empieza a jugar con el lenguaje.

A los chicos les encantan los chistes y las bromas con el lenguaje. Por eso, el humorista Jorh (Jorge Luis Lepera), en su libro 365 animaladas. Un chiste por día (Ediciones Mawis), describe así esa relación con el lenguaje y el humor: "Los chistes estimulan su buen humor [el del niño], fomentan la risa, lo entretienen y, lo más importante, permiten que desarrolle su vocabulario y lo invitan a seguir jugando con las palabras, ya que a través de los chistes los más pequeños del hogar pueden practicar sus habilidades de habla y de lectura".

De este libro, un chiste lingüístico aunque lamentablemente sin la ilustración que lo acompaña: el 14 de enero (no olviden que es "un chiste por día"), el león le pide al leopardo que está leyendo el horóscopo en una revista: "¿Me leés Leo?"

El humor siempre se puede compartir. De ahí que no extrañe este reciente tuit del periodista Ricardo Quesada (un habitué de esta columna, y con razón): "El otro día le leí «A una nariz», del genial Quevedo a #hijade9. Lloraba de risa :)" Si alguien no ha leído este soneto satírico, por favor, hágalo. Para muestra basta la primera estrofa: "Érase un hombre a una nariz pegado, / érase una nariz superlativa, / érase una nariz sayón y escriba, / érase un peje espada muy barbado".

Para poder reconocer antes hay que conocer. En un libro también muy recomendable, El gorila invisible (y otras maneras en las que nuestra intuición nos engaña), de Christopher Chabris y Daniel Simons (XXI Siglo Veintiuno Editores), se señala que "caminar y andar en bicicleta eran las acciones menos peligrosas en las ciudades en las que ambas actividades se practicaban en forma mayoritaria, y las más peligrosas allí donde menos se ejecutaban", por lo que la conclusión del estudio comentado era que "nuestras expectativas de cada momento, más que el carácter llamativo del objeto, determinan lo que vemos y lo que pasamos por alto".

Cuanta más relación tenga un niño con su idioma, ya sea a través de los juegos o de los libros, más atento estará en el futuro a la importancia que éste tiene como código de comunicación, por un lado, y a la belleza de su expresión, por el otro. Es una práctica en la cual debe estar acompañado, y bien acompañado.

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