Obrar por un mundo mejor

Abraham Skorka
Abraham Skorka PARA LA NACION
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22 de diciembre de 2016  

Desde los tiempos bíblicos fue instalada en la tradición de Israel la fe en que la humanidad ha de alcanzar una realidad de concordia, paz y espiritualidad en la cual se acercará a su Creador y éste a sus criaturas. El profeta Isaías refiere que a la sazón reinará un rey sobre Israel con características especiales. Los reyes eran investidos ungiendo un óleo especial sobre sus cabezas, acción que en hebreo se dice limshoaj, de donde deriva el sustantivo Mashiaj, que se transliteró como Mesías. Cristo es la transliteración de la traducción griega del término.

Los textos bíblicos, palabra de Dios para los creyentes, tuvieron y tienen su interpretación humana. En distintas generaciones los sabios comprendieron el concepto de Mesías en múltiples formas. Maimónides nos refiere que Bar Kojba, que lideró la guerra de los judíos contra Roma (132-135 EC), se consideraba a sí mismo un Mesías que venía a liberar al pueblo del yugo opresor. Dada su derrota, Maimónides concluye que se trató de un falso Mesías. La expulsión de los judíos de España en las postrimerías del siglo XV conllevó un movimiento místico con centro en la ciudad de Safed, norte de Israel. Éste trató de dar una respuesta a las tragedias sufridas. Sobre el plafón místico que encendió una esperanza de redención en todas las diásporas del pueblo se erigió un nuevo Mesías que iba a redimirlo llevándolo a la tierra prometida, Shabetai Tzevi, quien resultó ser un gran fiasco.

Cuando, en las postrimerías del siglo XIX, Theodor Herzl sentó las bases del sionismo político, fue visto por algunos correligionarios de su tiempo cual Mesías.

En el siglo I vivió en Judea un personaje especial, Jesús. Era un erudito de la Torah que, de acuerdo con su decir, vino a redimir a su pueblo. La redención por él referida era espiritual. No se trataba de luchar contra el yugo opresor romano, sino de instalar una ética de amor y justicia en el seno de su pueblo. Dio su vida en el cumplimiento de esta misión. Los que estuvieron próximos a él comprendieron de sus palabras que era el profeta anunciado por Moisés, y aun mayor que él. Se había presentado como una hipóstasis antropomórfica de Dios. No fue aceptado como Mesías sino por una pequeña comunidad. Pero su mensaje se propagó en los primeros siglos después de su muerte llegando a ser religión del imperio romano y a instalar comunidades en todo el mundo.

Se estableció una nueva versión del pueblo de Israel, en la que el factor nacional y popular se redujo a uno religioso, en la que el nuevo Israel abarcaba a millones de miembros de distintos pueblos que se aferraban a una "Nueva Alianza" y se enfrentaba por la posesión de la verdad con los judíos que se aferraban, a su vez, a la "Vieja Alianza". Los unos reconocían una relación "parental" con los otros, pero las rivalidades y los desencuentros fueron escribiendo una dramática historia de sufrimiento y muerte. Ambos seguían esperando al Mesías: el uno, a aquel que no había llegado aún; el otro, a aquel que llegó y volverá en aquello que se conoce como Parusía.

La Segunda Guerra Mundial marcó un antes y un después para cristianos y judíos. A su finalización, supieron que debían dar una respuesta a tanta destrucción.

La creación del Estado de Israel no es una consecuencia del Holocausto, pues desde mucho antes había comenzado el masivo retorno de los judíos a su solar ancestral. Pero sí fue la respuesta judía a aquel, representó su voluntad de querer persistir en la Historia brindando un mensaje de paz y espiritualidad. Fue la respuesta del pueblo a su esperanza mesiánica.

La Iglesia Católica respondió al drama de la Segunda Guerra con el Concilio Vaticano II. En los documentos elaborados se observa un punto de inflexión importante. Se obró para que la esperanza mesiánica se mantuviese incólume después del drama sufrido.

Martín Buber nos relata: "Cuando era niño, leí un viejo cuento judío que no pude entender. Decía nada más que lo siguiente: «En las afueras de Roma se halla sentado un mendigo leproso, esperando. Es el Mesías». Entonces me topé con un anciano a quien le pregunté: «¿A quién se encuentra él esperando?». Me dio una respuesta que sólo alcancé a comprender tiempo después: «Te está esperando a ti»".

Sirvan estas reflexiones como fraternal saludo navideño para la grey católica y su papa Francisco, con la esperanza y el compromiso en la construcción de un mundo mejor.

Rector del Seminario Rabínico Latinoamericano M. T. Meyer. Rabino de la Comunidad Benei Tikva

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