Ojo, quizá la declaración final solo tenga dos palabras

Carlos M. Reymundo Roberts
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1 de diciembre de 2018  

Es cierto que cuando escribo esto la cumbre está en pañales y todavía pueden pasar muchas cosas. Pero en un abrir y cerrar de ojos Macri ha conseguido lo que buscó tozuda y equivocadamente durante tres años. Primero, que lleguen inversiones. La Argentina conducida por Christine Lagarde genera tantas expectativas que los principales líderes del mundo han querido venir ellos mismos a traer la plata. Y Christine vino para llevársela, antes de que nos la patinemos. Segundo logro, incentivar el consumo. Empobrecidos los que vivimos acá, la Casa Rosada apostó a las 20.000 personas que vinieron al G-20 , todas las cuales comprarán algún tarro de dulce de leche, comerán en alguna parrilla, patearán la ciudad hasta conseguir un cuaderno Gloria, se tomarán un taxi o un Uber para ir a sacarse una selfie a Libertador y Quinteros, harán turismo de aventura por alguna de las villas de la Capital o el GBA y se llevarán desde obeliscos de acero y pañuelos de las Madres hasta productos de cuero y el libro de las grandes estancias de Lázaro Báez . Macri también consiguió, por fin, impulsar las exportaciones con valor agregado: le vendimos el Superclásico a España .

Miradas así las cosas, ¿podríamos decir que la cumbre ya es un éxito para nosotros? No. Junto a esos brotes verdes estamos viendo una rebelión en la granja. El mayor problema es Trump . Desde que puso un pie en Buenos Aires tiene cara de traste, una cara que Macri no había visto desde que fue recibido por primera vez por el papa Francisco , en febrero de 2016. Trump está a disgusto, odia las cumbres, odia el G-20 , odia a los chinos y, lo más grave por tratarse del presidente de la mayor potencia mundial, odia al mundo. Además, odia la diplomacia. Después del encuentro bilateral con Macri en la Casa Rosada, su vocera declaró que habían hablado de la "actividad económica depredadora" de China. A un anfitrión que te recibe con los brazos abiertos, y que también es anfitrión de Xi Jinping , no se le hace eso. Pero Trump estudió buenos modales a distancia, por internet, un día que no tenía señal de wifi.

A ver. Organizar una reunión del G-20 en estos tiempos no es fácil. El año pasado la organizaron los alemanes y casi les queman Hamburgo. Aunque estés en todos los detalles, se te pueden escapar pavaditas, como que a Macron lo tenga que recibir un banderillero.

Juan Gabriel Tokatlian me explicó que del G-20 original, suerte de bombero económico-financiero, se pasó a este G-20 político-social, que puede llegar a ocuparse del medio ambiente, las migraciones, el comercio o los últimos estrenos de Netflix. Sarasa. El contexto tampoco es bueno: Europa partida por el Brexit , la guerra Washington-Pekín, el conflicto en Ucrania, las secuelas del asesinato del periodista saudita Jamal Khashoggi .

"Estando en crisis organismos multilaterales como las Naciones Unidas, la Organización Mundial del Comercio, el Mercosur y el propio G-20, lo importante de la cumbre no es la cumbre, sino los encuentros bilaterales", dice el experto de la Universidad Di Tella. Es cierto: Trump-Xi, Macri-Trump, Macri-Xi, Macri-Theresa May, Cristina-Parrilli.

En la "foto de familia" de Costa Salguero eso salta a la vista. Al príncipe que mandó matar a Khashoggi lo dejaron aislado, cosa de que no pudiera hablar de libertad de prensa con nadie. Macri se colocó entre Trump y Xi para evitar que se fueran a las manos. La Lagarde estaba, obviamente, en el fondo. Al canadiense Trudeau, que al llegar se declaró feminista (una forma políticamente correcta de decir que le encantan las mujeres), lo rodearon de hombres. Para compensar lo de Ezeiza, a Macron lo ubicaron en primera fila, pero para castigarlo por seguir postergando el acuerdo Mercosur-Unión Europea, pegado lo tenía a Trump. A Putin, experto en venenos, lo flanqueaban dos tipos que le llevaban una cabeza: para mí que eran guardaespaldas.

Insisto: no es fácil organizar una cumbre de esta naturaleza. A los que están en favor de tan magno evento los expulsás de la ciudad o no los dejás moverse de sus casas, y a los que se oponen rabiosamente les armás un paseo triunfal hasta el Congreso. Así, el único día en que estábamos salvados de los piquetes, te arman una protesta multitudinaria de piqueteros. De paso: los que hablan de "cumbre neoliberal" (¡estando aquí Xi y Putin!, y Trump, que es neo, pero no liberal) son los mismos que hablaban de la desaparición forzada de Santiago Maldonado . Sigo. Es complicado montar estos tinglados con tanta gente rara y tantos hechos extraños. Jair Bolsonaro , que por suerte no pudo venir, petardea desde afuera sin siquiera haber asumido. Merkel llega tarde por problemas en el avión que la traía. Trump (quiero dejar de hablar de él y no lo consigo) lo hizo esperar media hora a Macri en la Casa Rosada, y después, enojado por una traducción, tiró los auriculares al piso. Al príncipe heredero saudita le pidieron la captura internacional apenas tocara Buenos Aires. El primer ministro indio, Narendra Modi, se fue a dar una clase de yoga, o de meditación, a la Rural. Y la frutilla del postre: ayer a la mañana, la ciudad de Buenos Aires y el conurbano temblaron por un sismo de magnitud 3,8° en la escala Richter, aparentemente provocado por la caída desde una silla del ego de Felipe Solá.

Por estas horas, todos cruzamos los dedos y elevamos al cielo nuestras plegarias. ¿Para que ninguna reunión bilateral termine en el Luna Park? ¿Para que caigan las barreras del comercio internacional? ¿Para que en el mundo reinen la paz y la armonía? Nada de eso. Lo que buscamos como país organizador es que no pase nada y que haya un comunicado final. Esa es la gran aspiración. Poder parir un documento conjunto. Al menos, un documentito. Un par de párrafos. Algo. Los expertos dicen que si no se logra consenso para emitir una declaración, aunque sea lavada, será difícil que no se hable de fracaso. Dios no lo quiera. O sí. Acaso es mejor blanquear que el mundo se ha dado problemas enormes y se ha dado, al mismo tiempo, líderes chiquitos para enfrentar esos problemas.

Quizá convenga que el documento final solo diga dos palabras: "Go home".

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