Oliver North, con la sombra de Pinochet
El caso del general chileno atemoriza al teniente coronel que sirvió en el Consejo de Seguridad de su país en tiempos de Reagan. Cree que, aunque aún lo protege el hecho de que los Estados Unidos sean la única superpotencia, cualquier leve giro político en algunos países podría provocarles serios dolores de cabeza a él y a otros compatriotas como Bush, Kissinger o Clinton.
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WASHINGTON.- IMAGINE que estamos en el año 2005 y que Oliver North, el teniente coronel retirado de los Infantes de Marina y ex miembro del personal del Consejo de Seguridad Nacional en la Casa Blanca de Reagan, está siendo enjuiciado en el Líbano. Fue arrestado cuando vacacionaba en Suiza, en cumplimiento de una orden internacional de arresto por asesinato emitida por el Líbano. La acusación específica es que ayudó a dirigir los bombardeos contra Libia que causaron la muerte de 31 personas en 1986.
Libia pedía su arresto desde hacía mucho tiempo, pero finalmente fue un juez libanés el que lo logró, al unirse a la acusación y solicitar que las autoridades suizas detuvieran a North y después lo extraditaran para ser enjuiciado en Beirut, por crímenes contra la humanidad y agresión.
Imagine, además, que North es declarado culpable y los titulares en los diarios estadounidenses proclaman: "Asesor militar de Reagan declarado culpable de asesinato por un acto oficial". Lo anterior, por supuesto, no ha sucedido, pero expertos legales internacionales dicen que, a causa de la casi extradición del general chileno Augusto Pinochet a España, no es muy difícil imaginar una situación en la que un ex alto funcionario de Estados Unidos pudiera ser arrestado mientras viaja al extranjero, y luego ser enjuiciado en cualquier país, acusado de crímenes supuestamente cometidos por él en alguna otra nación.
Independientemente de esto, las probabilidades de que cualquier país tuviera la audacia de cometer tal acto son remotas. Emitir una acusación contra determinado funcionario, como acto de propaganda, es una cosa: de hecho, Libia ya tiene planteada una acusación así contra North. Pero, en estos días, actuar sobre esa acusación podría causar problemas a los sirios, y no sólo legales.
Esto se debe a que en el mundo todavía opera una ley de fuerza, y no es difícil imaginar otros titulares: "Estados Unidos demanda la libertad de North; amenaza de sanciones económicas; maniobras navales". No obstante, vale la pena considerar lo que podría ocurrirle a alguien como North cuando se piensa acerca de los fallos recientes -y precedentes establecidos- en el caso Pinochet por la Casa de los Lores de Gran Bretaña.
Si el ministro del Interior de Gran Bretaña, Jack Straw, no hubiera liberado a Pinochet este año, argumentando el deterioro de su salud, el general hubiera tenido que enfrentar un juicio en España, acusado de torturas y asesinatos políticos durante los 17 años de su régimen en Chile.
Los fallos, ampliamente elogiados por organizaciones de derechos humanos, han hecho que algunos ex funcionarios estadounidenses tomen nota y se pregunten ahora si ellos también podrían ser extraditados -si, digamos, Estados Unidos perdiera su posición como única superpotencia mundial- y enjuiciados en el extranjero cuando determinado juez del planeta los acusara de violaciones de los derechos humanos.
En una entrevista, North admitió: "Esto limita mis viajes a ciertos países". También ha hecho que algunos expertos se pregunten: ¿Podría Henry Kissinger ser enjuiciado en el extranjero acusado de ser el arquitecto de la política estadounidense durante la Guerra de Vietnam, que incluyó bombardeos contra aldeas camboyanas e intensos ataques por aire contra Hanoi? ¿Y qué decir del presidente George Bush o de su secretario de Estado, James Baker? ¿Podrían ser ellos declarados culpables de muertes relacionadas con las sanciones impuestas a Irak después de la Guerra del Golfo? ¿Y qué hay del presidente Clinton? Después de que abandone el cargo, ¿podría enfrentar un juicio por el bombardeo de una fábrica en Sudán que erróneamente se creyó que era una planta de fabricación de armas químicas?
Algunos republicanos en el Congreso han argumentado contra la expansión de las cortes criminales internacionales que, según ellos, podrían atar las manos de los líderes estadounidenses ante la posibilidad de que pudieran ser enjuiciados por sus actos oficiales una vez que dejen el poder. Los fallos legales en el caso Pinochet rechazaron el argumento de que el general era inmune a la demanda debido a sus posición oficial, y los expertos dicen que el caso también expande el poder para enjuiciar por cargos criminales a los autores de ciertas violaciones de los derechos humanos -que ocurren en todas partes- en las cortes de cualquier nación. "Lo que hemos hecho es restringir las oportunidades de viaje de gente como Henry Kissinger, Wesley Clark y Bill Clinton", dice Michael Byers, catedrático de ley internacional en la Universidad Duke. "Hemos reducido sus opciones de viajar a cualquier Estado hostil y a sus aliados".
En privado, algunos ex funcionarios estadounidenses dicen que la FBI les ha advertido que no deben viajar a ciertos países, entre ellos algunos de Europa, donde hay riesgo de extradición a otras naciones interesadas en enjuiciarlos. Por el momento, Byers dice que los ex funcionarios estadounidenses no necesitan preocuparse "a menos que sean tan tontos como para viajar a lugares como Irak". Los expertos dicen que la razón es muy sencilla. Si, como afirma el dicho, el triunfador se queda con el botín, otro tanto puede decirse de la historia: el triunfador es quien, al terminar el conflicto, relata la historia de lo que pasó y quien designa a los héroes, a los que se equivocaron, pero pueden ser perdonados, y a los villanos.
"La realidad política es que se trata de algo muy remoto -dice Jonathan Charney, catedrático de leyes en la Universidad Vanderbilt y director general del American Journal of International Law-. ¿Por qué? Porque somos la superpotencia. Para algún país sería peligroso -económicamente, políticamente y en otras formas- actuar así."
En una entrevista reciente, Kissinger opinó que los asuntos "sumamente complejos" que generaron los fallos en el caso de Pinochet necesitan ser analizados más a fondo. Añadió, sin embargo, que no está preocupado. "No creo que la gente de renombre esté en un gran peligro. Yo, al menos, ciertamente no me preocupo."
North, en cambio, dice que todo lo que se necesitaría sería un ligero cambio en los vientos políticos. Pinochet tuvo el apoyo de los británicos cuando fue su aliado en la guerra contra la Argentina por la posesión de las islas Malvinas. "Allí está esa persona que ayudó y promovió su causa, que ayudó a lograr la democracia-dice North-. Y ahora, debido a este profundo cambio político que ha ocurrido en Gran Bretaña, ese país iba a entregarlo a una tercera nación para ser enjuiciado. Eso es un asco."
Patricia Derian, primera subsecretaria de Estado para Derechos Humanos, dice que puede prever la llegada del día en que funcionarios de Estados Unidos puedan ser enjuiciados por actos similares a los atribuibles a Baker, North o Kissinger. "Sería exagerado pensar que puede ocurrir ahora, con las actuales reglas de guerra y diplomacia, pero creo que el día llegará", dijo Derian.
"Sería interesante ver qué pasaría si Kissinger viajara a Camboya. O si ellos emitieran una orden internacional para su arresto", agregó.



