Pandemia y lazos sociales: ¿ya nada será igual?
Los efectos de la crisis desatada por el Covid-19 siguen presentes en el terreno de los vínculos emocionales, en las redes y en los modos en que se construye el circuito de la amistad
9 minutos de lectura'


Mantener dos metros de distancia, quedarse en la burbuja, usar barbijo en todo momento. Durante los dos años que nos pasamos encerrados, las medidas de cuidado que reducían al mínimo el contacto con nuestras personas queridas ayudaron a frenar la propagación de un virus temido. Hoy, también gracias a la vacunación, volvimos a retomar la vida normal, pero no vemos el mundo como antes. Cambiamos.
El Día del Amigo que se celebra esta semana llega con el final de las restricciones a las reuniones sociales y la no obligatoriedad del uso del barbijo en los lugares cerrados; por eso, ciertas preguntas flotan en el aire (o en el éter de las redes sociales): ¿Hay ganas de reunirse como antes? ¿Esos lazos que creíamos inquebrantables con los amigos de siempre se debilitaron o se fortalecieron?
“Durante la pandemia pude sentir que muchos vínculos se profundizaron, tal vez por algún fantasma apocalíptico, o por salir de esquemas conocidos”, cuenta Fernando Otero, compositor y pianista argentino que reside en Nueva York. En 2020 el artista se sumó a un chat de excompañeros del colegio Carlos Pellegrini, convocado para organizar un zoom en el que los amigos compañeros de secundario, muchos de ellos residiendo en el exterior, volvieran a reunirse para compartir sus experiencias con la pandemia. La propuesta gustó a todos: revivir recuerdos de la adolescencia, volver a saludar para los cumpleaños, encontrarse siendo adultos de más de cincuenta años, fue un bálsamo en medio de la incertidumbre. Solo una excompañera eligió irse del chat cuando sus chistes políticos no fueron celebrados, pero la mayoría se alegró del reencuentro, quizá porque la videoconferencia o el chat no demandaba el mismo esfuerzo de la clásica juntada que había que organizar en lugar y fecha determinada.
Sin dudas, el coronavirus transformó nuestras interacciones y los círculos sociales en los que nos movíamos, pero no todos mantuvieron el entusiasmo en alto como Fernando y sus excompañeros de secundaria. La lejanía física con los seres queridos cambió la forma en que los vínculos de amistad se configuraron y para muchos la vivencia fue de decepción o, en todo caso, de desconexión.
Vías transversales
Como advierte la médica psiquiatra Graciela Moreschi, autora de Huellas de la pandemia en el ADN del alma (Editorial Lea), hubo una gran transformación de todos los vínculos y ahora toca reconfigurarlos a partir de lo nuevo. “Las amistades históricas se repensaron, hubo como un colador que decantó a los amigos de siempre”, señala. “Pero se fortalecieron nuevos vínculos, a los que yo llamo ‘transversales’: son los sistemas de ayuda vecinales, los cursos y los foros que empezaron a reunir a personas con intereses comunes, los grupos que se armaron en las redes sociales, los padres y madres de los colegios, entre otros”. Ese tipo de vínculos prevalecieron en el contexto pandémico por sobre esas relaciones que se mantenían por formalidades, pero que ya no se sustentaban en lo cotidiano porque cada persona estaba en otro momento vital. “La pandemia sinceró los vínculos”, resume Moreschi.

A falta de estudios locales sobre los efectos de la pandemia en la subjetividad de las personas, miremos qué relevó el Estudio Social Covid-19, dirigido por la University College de Londres, la investigación más grande del Reino Unido sobre el impacto psicológico y social de la pandemia de coronavirus. El último reporte del estudio social Covid-19 de UCL sobre el bienestar y la salud mental mostró que cuando en ese país se relajaron las medidas de restricción, en diciembre de 2021, las personas aumentaron su repertorio de actividades fuera del hogar pero no aumentaron su felicidad. La proporción de personas que se reunieron con amigos o familiares había aumentado considerablemente después del año nuevo, al 70 por ciento de los encuestados. Sin embargo, los niveles de felicidad y satisfacción con la vida se habían reducido desde julio de 2021, especialmente entre los adultos menores de 60 años, pese a que habían aumentado sus salidas. En la actualidad, los síntomas de depresión y ansiedad se mantienen a la par con los niveles de cuando se relajó el primer confinamiento en 2020.
Si bien estos resultados pueden sorprender, es posible encontrar una explicación. Que la amistad es importante para la salud emocional es algo que ya se sabía. Incluso se comprobó que las amistades cercanas aumentan la esperanza de vida. Una investigación realizada por la Universidad de Harvard en 2017 demostró que las conexiones sociales significativas juegan un papel importante en la salud, la felicidad y la longevidad.
Pero lo que advierte Moreschi es que las huellas de la pandemia en los vínculos afectivos fueron profundas, y que la dificultad de volver a entablar lazos de amistad se relaciona con el hecho de que muchas personas todavía se sienten al límite.
¿Por qué, entonces, el hecho de poder volver a encontrarse con amigos no parece volvernos más felices?
Síndrome de la cueva
Imaginamos que una vez que terminaran los bloqueos, nos sentiríamos liberados al volver al mundo. Pero lo que advierte Moreschi es que las huellas de la pandemia en los vínculos afectivos fueron profundas, y que la dificultad de volver a entablar lazos de amistad se relaciona con el hecho de que muchas personas todavía se sienten al límite.
Así lo vive la artista argentina Nadina Fornara, una tuitera activa, que atravesó la pandemia recién mudada a Europa junto con su marido, pero sin contar con un círculo consolidado de amigos. Cuenta que la experiencia fue dura, pero Twitter fue uno de los recursos que la ayudaron a sobrellevar una depresión que todavía persiste. “En Twitter encontré un espacio donde interactuar con gente sin esa cercanía o esa profundidad que exige el uno a uno con los amigos y al final terminé conociendo mucha gente con la que después nos juntamos en persona”, cuenta.
La pandemia la encontró recién mudada a Barcelona junto con su marido y la vuelta a la presencialidad la halló residiendo en Berlín. “Parecía que mudándonos dejábamos atrás la experiencia del aislamiento pero también nos encontramos con esa oscuridad, fue como que nos comió a todos y me afectó”, revela Nadina. Desde hace un mes está instalando su nueva casa en Punta del Este, previo paso por Buenos Aires donde se vieron por primera vez, en plan salida de parejas, con otro tuitero, Tobías Schapire, director de una agencia de social media, que también encontró en la red un espacio donde construir nuevos lazos.
“Pero otros, en cambio, quedaron con un ‘síndrome de cueva’, una tendencia a seguir eligiendo quedarse en el confort del hogar, no necesariamente sin amigos, porque muchos empezaron a reunirse en las casas, pero sí con menos ganas de salir o de relacionarse con los amigos de antes”
El confort del hogar
“Con la vuelta a la presencialidad, al comienzo hubo como un estallido donde todo parecía más interesante”, observa la psiquiatra. “La gente empezó a reunirse, se veía en los restaurantes que la gente se estaba mirando a los ojos, incluso dejando el teléfono de lado; se poblaron las plazas de gente y se abrieron ferias de todo tipo al aire libre”, enumera.
“Pero otros, en cambio, quedaron con un ‘síndrome de cueva’, una tendencia a seguir eligiendo quedarse en el confort del hogar, no necesariamente sin amigos, porque muchos empezaron a reunirse en las casas, pero sí con menos ganas de salir o de relacionarse con los amigos de antes. Se jerarquizaron algunos vínculos –analiza la médica–. La pandemia ejerció un efecto colador de las amistades”.
Aunque las diferencias entre amigos siempre existieron y eso era parte de la diversión, la pandemia nos puso a lidiar con nuevos y extraños desafíos para mantener la amistad: “¿Cómo le digo que me siento incómodo sin usar barbijo?”; “¿De qué manera explicar que no quiero juntarme con gente que no es de nuestra burbuja?”; “¿Y si no estoy de acuerdo con su cuestionamiento a las vacunas en un posteo de su red social?”
No es de extrañar que muchos de los consultados hayan eliminado a por lo menos un amigo de sus redes sociales, luego de un desacuerdo acerca del modo de plantarse ante el Covid-19.
La pandemia erosionó muchos de aquellos lazos que se veían como fuertes e inquebrantables. Como le pasó a Tobías Schapire, que se distanció de un amigo de toda la vida por los posteos que publicaba en sus cuentas digitales: “Uno de mis mejores amigos, con el que en veinte años de amistad jamás había hablado de política, me acusó de gorila y ‘simpatizante de los globos amarillos’ cuando no me lo esperaba, solo por decir en un chat de amigos que el largo encierro me parecía injustificado. Me empezó a comparar con los vecinos de su barrio que rompían la cuarentena y me calificó de globoludo”.
A un nivel macrosocial, Daniel Feierstein, autor del libro Pandemia: Un balance social y político de la crisis del Covid-19 (Fondo de Cultura Económica), observa que se generó un quiebre muy fuerte en las nociones básicas de la vida comunitaria.
Más allá de las grietas
“No hubo acuerdos sobre las estrategias de cuidado que había que adoptar ante una situación particularmente incierta y angustiante –explica Feierstein–. En ese contexto, las formas de descuido o la falta de respeto de esas normas de cuidado establecidas afectaron los lazos sociales. Se pusieron en disputa valores mucho más profundos que la propia lógica de la grieta política que ya venía desde hace mucho tiempo quebrando lazos sociales”.
Es la paradoja de la amistad pandémica: mientras se generaban experiencias comunitarias inéditas como las redes de compras, la ayuda con alimentos, los cumpleaños por zoom o el envío de regalos para sentirnos más cerca, por dentro prevalecía cierta sensación de agotamiento y de desconexión con los demás.
“Todos somos sobrevivientes del Covid, algunos nos infectamos más de una vez, algunos de nuestros afectos se fueron de viaje antes. Siento que revaloricé todos mis vínculos con amigos y familia”, reflexiona Juan Balanovsky, empresario, que a sus más de setenta años de vida cuenta con muchos desafíos superados y la sabiduría de entender que todo pasa. “El día del amigo es todos los días”, concluye y aunque parezca un cliché es mucho más que eso. Significa que estamos a tiempo.
1Una reforma educativa que no puede esperar
2Caída de la Natalidad. No es renuncia, es postergación: los datos de una encuesta en Argentina
3Argentina vuelve a caer en el Índice de Percepción de la Corrupción: una señal de alerta institucional
4La política se resigna a Milei cuando Angelici se afirma en la Justicia







