Pandemias y autopistas

Roberto Vigil
Roberto Vigil PARA LA NACION
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7 de julio de 2020  • 22:29

El Presidente de la Nación tiene una postura muy clara y acertada en relación con la pandemia de Covid-19: priorizar la salud. En distintos medios ha expresado que lo primero era la salud y que se tomarían todas las medidas necesarias para resguardarla. Surge por lo tanto el siguiente interrogante: ¿Hasta qué punto puede llevarse esta premisa?

Para ilustrar este concepto, propongo trasladar este enfoque de priorizar la salud a otro caso. En 2018 murieron en Argentina 7274 personas en accidentes de tránsito y fueron heridas más de 100.000 personas. Las muertes por accidentes de tránsito explicaron ese año el 22% de los fallecimientos de menores de 35 años. Es decir, casi 1 de cada 4 muertes de personas menores de 35 años son causadas por accidentes viales.

Si el máximo objetivo es priorizar la salud, estableciendo velocidades máximas de 20 km/h en autopistas, rutas, avenidas y calles, junto a una adecuada y rigurosa fiscalización y penalización, podría reducirse enormemente, casi a 0, las muertes por accidentes viales. ¿Por qué no se lleva adelante esta medida, que salvaría miles de vidas humanas, especialmente de jóvenes? Porque como toda medida racional, el único objetivo no es priorizar la salud a cualquier costo, ya que implicaría impedir el traslado automotor a velocidades y costos sensatos. La sociedad está dispuesta a aceptar este riesgo porque valora fuertemente la posibilidad de circular a velocidades razonables.

Si el máximo objetivo es priorizar la salud, estableciendo velocidades máximas de 20 km/h en autopistas, rutas, avenidas y calles, junto a una adecuada y rigurosa fiscalización y penalización, podría reducirse enormemente, casi a 0, las muertes por accidentes viales

Hasta el 6 de julio hubo en Argentina 1582 muertes por Covid-19. La vuelta a fase 1 de la cuarentena en la ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires la ponen entre las más drásticas y largas del mundo. Todos los días se vulnera la libertad de trabajar, estudiar, circular, reunirse y hacer ejercicio de gran parte de la población.

Por supuesto que pasar de golpe de una velocidad máxima de 20 km/h a 130 km/h en autopistas puede resultar excesivo. ¿Estaría dispuesta la sociedad argentina a aceptar mayores riesgos para lograr, parcialmente, mayores libertades? La respuesta está clara, el esfuerzo debería centrarse en hasta dónde y cómo hacerlo minimizando riesgos.

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