Para Víctor Hugo, Videla y Milei son lo mismo
Así se desprende de su nuevo libro, en el que se autopercibe más osado de lo que fue, en los 70, frente a la dictadura militar de su país
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Desde el vamos parte de un grave error conceptual el título del nuevo libro de Víctor Hugo Morales: Un ciudadano común en dictadura, que publica la editorial Sudamericana.
En su sanatero opúsculo de escasas 155 páginas, más un breve apéndice con documentación, vuelve a la carga sobre algo que, sin duda, no fue cuando los militares de su país se apropiaron del poder.
Lejos estaba Morales de ser un ciudadano común en aquellos años oscuros en el país vecino: ya era la voz radial más relevante del fútbol y, por si fuera poco, conducía el noticiero central de la TV uruguaya. Era imposible que un régimen castrense tan duro como el que abatió a la democracia de la vecina orilla en 1973 admitiera a alguien con tal relevancia en vidrieras masivas si se mostraba tan rebeldón como pretende hacer creer.
No se entiende a propósito de qué vuelve a emprenderla con esta nueva autodefensa innecesaria y que nadie le pide. La mayoría de los profesionales de la comunicación que se destacaban en los años setenta continuaron trabajando, aun cuando no pocos de sus colegas marcharan al exilio o, peor aún, desaparecieran. No hay nada que reprocharle a Morales en tal sentido porque entonces no detuviera su ascendente carrera aun cuando la censura le marcara límites mucho más rígidos. Le iba excepcionalmente bien en su tierra al relator charrúa en aquellos tiempos tormentosos. En su nuevo libro hasta revela que “en el 81 había cobrado en Radio Oriental casi 20 mil dólares en el mes de enero”.
Lo que provoca más hilaridad que enojo es que intente nuevamente construir un perfil de valiente cruzado contra aquella dictadura repitiendo nimias anécdotas de microscópicas audacias que tuvo hacia ella frente a cámaras y micrófonos. Se agradece que reconozca al menos que por entonces jugó un par de partidos en el Batallón Florida. Eso sí, se olvida de caracterizar a ese lugar como “centro de detención y tortura desde el año 1972”, según consigna el sitio Memoria Uruguay.
VHM se recuerda más distante de los uniformados de su país de lo que surge de otras evidencias. En la lista de invitados a su casamiento, en 1978, había varios militares y hasta el mismísimo presidente de facto, Aparicio Méndez.
Uruguay recuperó la democracia en 1985 cuando asumió la presidencia Julio María Sanguinetti. El dirigente colorado, refiriéndose a Víctor Hugo, señaló a este periodista que “en la Argentina asumió una actitud de resistente a la dictadura uruguaya que simplemente no es verdad”. Consultado también el exmandatario blanco Luis Lacalle Herrera, tampoco le consta que el locutor charrúa haya sido perseguido.
Es más: los uruguayos Leonardo Haberkorn y Luciano Álvarez cuentan en su libro Relato oculto/Las desmemorias de Víctor Hugo Morales, publicado en 2012, que cuando la Asociación Uruguaya de Fútbol lo suspendió por 45 días por sus continuos agravios hacia sus dirigentes –al revés que ahora, que defiende a rajatabla a la cuestionada AFA del Chiqui Tapia–, fue el régimen castrense el que salió en su rescate. Así tituló el 20 de julio de 1978 el periódico Mundocolor, en el que VHM, escribía cuando la medida fue levantada: “JUSTICIA! Méndez [el presidente de facto] y comandantes revocaron sanción a Víctor Hugo”.
El autor del más sublime relato del segundo gol de Diego Maradona a los ingleses en el Mundial 86 también narra su triunfal llegada a los medios de comunicación argentinos como si se hubiese escapado de su tierra. No era, en tal caso, Buenos Aires el refugio más adecuado en ese entonces para un exiliado político, ya que gobernaba una dictadura militar mucho más feroz que la uruguaya con la que, además, mantenía fluida relación. Morales no tuvo la menor bolilla negra para ingresar primero a Radio El Mundo y luego a Radio Mitre. En aquella época ambas emisoras eran controladas por la Marina, tanto como la ESMA, y quien, en última instancia, daba el visto bueno era su líder máximo, el almirante Emilio Eduardo Massera.
Curiosidades del destino: al irse de la R.O.U., su micrófono quedó en manos del locutor Carlos Muñoz, en tanto que aquí vino a desbancar al “relator de América”, José María Muñoz, al que muy pronto superó en audiencia y seguidores, con su estilo florido y renovado.
Pero, en todo caso, lo más grave que tiene el librillo de Morales no es su manía recurrente de autopercibirse como un héroe diminuto frente a los milicos uruguayos, sino la perversa asociación que hace entre las dictaduras rioplatenses de entonces con la actual democracia argentina. Asevera que “las herramientas mediáticas han sustituido la necesidad de las fuerzas armadas” y agrega que “en la Argentina de hoy se respira el mismo clima de los tiempos autoritarios”. Un verdadero dislate.








