
Pasar por la izquierda
Por Raúl Courel Para LA NACION
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Se advierten nuevos impulsos para mejorar la seguridad del tránsito en nuestras calles y rutas. En la provincia de Buenos Aires, la obligación de mantener las luces encendidas durante el día es un ejemplo. El problema de fondo, no obstante, es la generalizada ignorancia de las reglas más básicas. La mayoría de los automovilistas no reconoce la importancia de respetar la regla de pasar a otro vehículo solamente por la izquierda, nunca por la derecha. A causa de esta ignorancia generalizada son habituales maniobras peligrosas como andar en zigzag o pasar por cualquier lado.
Los mensajes de las campañas de educación vial no suelen dar a esta norma fundamental -la prohibición de pasar por la derecha- el lugar central que debe tener. En cambio, se despliega un abanico de mensajes, también útiles, por cierto, que van desde consejos de precaución acompañados de imágenes de accidentes fatales hasta el enunciado de otras reglas de tránsito que conviene tener presentes pero que, en verdad, derivan de aquélla, más elemental. Por ejemplo: para ordenar el tránsito en las autopistas se pide a la gente que se mantenga en un mismo carril. ¿Qué sucede si el coche que circula adelante lo hace a muy baja velocidad y se hace necesario adelantarse? ¿Por dónde hacerlo, por la derecha o por la izquierda? Se percibe que la norma difundida por sí sola no instruye al respecto.
Ventajas inmediatas
La indicación de circular por un mismo carril se apoya en una regla más básica y abarcativa: "Circular por la derecha y pasar por la izquierda". Si todos los conductores se rigieran por ella, con independencia del carril en el que se encuentran, quienes van más lentos circularían necesariamente por el de la derecha y quienes van más rápido lo harían por el de la izquierda. Se produciría entonces un ordenamiento más claro y seguro.
La conveniencia para todos de respetar reglas básicas suele ser entendida como una pérdida de derechos en pro del derecho de los demás. No se advierte, sin embargo, que, antes que muestra de solidaridad o cuidado con el prójimo, la obligación de limitar la propia acción en el tránsito tiene ventajas inmediatas para uno mismo. En el acto en que aceptamos la prohibición de pasar por la derecha, ganamos varios derechos que se derivan de ella. Uno es el derecho a que el coche a nuestra diestra nos dé preferencia para ingresar por delante de él en su propio carril. Pero el beneficio fundamental es la previsibilidad del comportamiento de los demás, hoy inexistente. Mientras sea posible pasar tanto por la izquierda como por la derecha, cada uno seguirá obligado a redoblar su atención y vigilancia hacia un lado y el otro, y hacia atrás y adelante, con lo que se multiplican los riesgos de accidentes.
El respeto a la regla fundamental referida aumentaría considerablemente nuestras posibilidades de anticipar qué pasos darían los demás, y facilitaría la coordinación de las distintas acciones de manejo de la multitud de automovilistas, que dejarían de ser tan azarosas.





