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OPINIÓN

Perón y Milei

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Pablo Sirvén
Por Pablo SirvénLA NACION
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Disruptivos, coincidieron en su aversión a la prensa y en representar una anomalía sistémica en el escenario político argentino en sus respectivas épocas. Juan Domingo Perón y Javier Milei, figuras antagónicas en el contenido de sus principales prédicas, se asemejan en algunos de sus procedimientos. Para los dos, enormes comunicadores, solo existe un único discurso admisible: el propio.

Sin embargo, contrastan en algo fundamental: Perón y sus continuadores hicieron de la recomposición salarial y de los haberes previsionales un alarde muchas veces más publicitario que efectivo. Especialmente en la última etapa albertomassakirchnerista, la inflación galopante posibilitaba frecuentes retoques en esos ingresos que solo eran nominales, ya que los precios de las cosas subían más rápido.

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El actual gobierno, al revés, no organiza actos en torno de los reajustes mensuales sobre los haberes del sector pasivo ni le gusta difundir cómo reforzó los planes sociales. No encaja en su prédica de ajustador serial. “El salario del sector público cae, pero ese es un resultado deseado del modelo”, se jacta Milei.

La incógnita es cómo logrará traducir en votos el año que viene mensajes tan poco empáticos.

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