
Pescar o dar pescado
Por Ricardo Murtagh Para LA NACION
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Al hablar de la pobreza y de las políticas sociales es inevitable escuchar "es mejor enseñar a pescar que dar el pescado" dicho como la quintaesencia del asunto. Sirve para cerrar cualquier discusión: su lógica parece imbatible. Pero este refrán, ¿es tan sensato como atractiva es su enunciación? Creo que no.
Como verdad de a puño, simplifica mucho. Da por sentado que existen lugares donde pescar y también que hay elementos y artes de pesca disponibles. Supone también culturas afines a la pesca, pues no es recomendable quitar a la gente de su medio imponiendo otros ajenos, alterando relaciones con entornos habituales. Se podría argumentar que vale como decir: "Es mejor enseñar a cazar que dar el conejo" o "plantar que dar la manzana". De esta forma, estas cuestiones culturales quedarían zanjadas y la verdad esencial del refrán permanecería incólume. Pero no es tan así. En el aforismo debería incluirse la idea de que, junto con la enseñanza de la pesca, habría que aportar las facilidades para disponer de sus artes. Bastaría entonces con sostener que si se agregara "...mientras se enseña a pescar (o cazar, o plantar) y se facilita el acceso" la formulación del dicho sería correcta.
Pero aquí no acaba la cuestión. Cuando se dice de los programas para enfrentar la pobreza que son asistenciales o son de promoción humana es común que se haga sentir la predilección por esta última en desmedro de la primera, la que generalmente es descalificada y a la que se le desconoce mérito alguno como forma válida de trabajo. Muchas veces se agrega un fuerte tono peyorativo, desmereciendo programas al calificarlos de "asistencialistas", execrándolos sin más. Actuales discusiones sobre algunos programas masivos existentes ejemplifican bien esto.
Lo dicho muestra la liviandad con que ese adagio elude aspectos esenciales a la cuestión. Es momento de preguntarse qué es lo que en esencia diferencia a estos dos tipos de intervenciones. Asistir connota dejar las cosas como están, no sacarlas del lugar en el que se hallaban ni alterar su situación. Proviene de adsum, socorrer, estar junto a... y no implica ningún cambio, salvo mantener condiciones para que el sujeto (individuo o grupo) siga subsistiendo. Promoción connota movimiento; su infinitivo es diáfanamente claro: pro mover. Es un cambio hacia otro lugar o estado, diferente del que se tenía, y por convención idiomática se le asigna signo positivo: se da por sentado que se mueve a un estado "mejor".
La diferencia radica entonces en que en uno hay un propósito de ayudar para sostener una situación, mientras que en el otro se trata de cambiarla, de llevarla a otro lugar mejor. Todo movimiento hacia un punto mejor es deseable y forma parte de la naturaleza del hombre como de los otros seres vivos. Pero frente a la realidad de un mundo que no es equitativo en la distribución de sus recursos, ¿alguna de esas formas tiene que ser necesariamente mejor que la otra? Lo asistencial no es malo per se. Atender a los miembros que tienen necesidades que no pueden satisfacer por sí mismos es una obligación presente en las culturas de todos los tiempos, aun en las más guerreras e itinerantes. Dada la diversidad de situaciones inequitativas existentes en la humanidad, dar respuesta según cada caso particular es lo menos que corresponde hacer.
¿Qué es entonces lo que diferencia a un tipo de otro? Los efectos. Veamos: hay dos. Uno, no esencial para distinguir a un polo del otro, es el fenómeno del "etiquetamiento" o rotulación, que produce consecuencias de difícil valoración; entraña una descalificación gratuita que perjudica el trabajo concreto que se realiza. Al restarle importancia o subestimar una de ellas (generalmente la asistencia), se corre el riesgo de menospreciar las actividades y los medios que la acompañan, quitándoles calidad y eficacia. Correlativamente, al ensalzar la otra (generalmente la promoción), cualquier acción hecha bajo su ala parece digna de elogio, con independencia de la calidad que tenga. Es evidente que ambas asignaciones son dañosas, sin importar que se trate de unas u otras, puesto que enmascaran la verdad del proceso social que se realiza.
El otro efecto es el que se refiere a lo que la intervención social produce en concreto. Esta sí es la mejor manera de definir si una intervención es del tipo asistencial o de promoción. Son los resultados -sobre todo lo que queda o permanece- los que pueden establecer la diferencia entre ellas. En la asistencia, es alguien que presta auxilio; pone a disposición un bien o servicio a quien no se halla en condiciones de procurárselo. Si se retira la ayuda, el servicio no se presta o el bien no se otorga, no queda nada. Esta es la condición que las "relaciones clientelares" explotan: aprovechan el miedo a que se retiren los beneficios si no se concurre a la concentración o se vota al candidato. Si hubiera que imaginar indicadores para determinar el carácter de promoción de una intervención social, buscaría una respuesta a la pregunta ¿qué capacidades instaladas quedan?
Quizá la piedra de toque para distinguir el carácter promocional de una intervención social sea el esfuerzo en lograr la "apropiabilidad" de conocimientos y medios. Apropiabilidad significa permanencia. En el caso de la promoción, la permanencia es efecto de esa apropiabilidad de actores que "se apropiaron" de determinadas capacidades o habilidades, a la inversa del caso de la asistencia. La apropiabilidad se potencia cuando quien recibe toma lo recibido como algo que desde entonces le pertenecerá: lo podrá incorporar a su patrimonio, cultura o modo de hacer y le significará un cambio para mejor. A partir de ese momento, algo se puede hacer mejor que antes: más económica y eficientemente, con una mayor participación de todos los involucrados, con una mejor calidad de vida, etcétera. En último término, avanzará en autonomía. Buscar que los pobres ganen en recursos propios y que ellos estén a su alcance hará que las intervenciones sociales se acerquen al polo de la promoción. Recorrer el camino entre ambos extremos debe ser la meta de toda buena política social.





