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Pienso, luego twitteo: intelectuales en el debate 2.0

Con el auge de Twitter, una nueva manera de intercambiar ideas e incidir en la opinión pública está cobrando fuerza entre muchos académicos argentinos, una discusión con reglas y códigos propios, abierta, informal yque parece estar dando lugar al surgimiento de una nueva especie en el mundo académico: el intelectual twittero
Raquel San Martín
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3 de junio de 2012  

Aceptaría usted participar en una discusión en la que todos hablan al mismo tiempo, no se permite decir más que un par de frases cortas, se valora la ironía y el ingenio, se razona en blanco y negro, y es obligatorio dar respuestas inmediatas? En contra de sus prácticas más habituales y de la imagen de reflexión reposada que proyectan, muchos intelectuales responderían que sí.

Ese es el atractivo de Twitter, la red social de intercambio de información y mensajes acotados a 140 caracteres, de crecimiento explosivo en el mundo, que reúne a cada vez más intelectuales en la Argentina, cómodos con poder transgredir en el espacio virtual las reglas que rigen el mundo académico y, aun así, asegurarse algo de influencia social.

En esta suerte de plaza pública 2.0, donde manda la inmediatez, la brevedad y la síntesis, que está siempre al borde del insulto y la intrascendencia, también hay un espacio para un intercambio ingenioso y creativo que, sin llegar a las alturas de un debate razonado, se está convirtiendo en un espacio desde el que ejercer cierta influencia pública. Paralelamente a las peleas virtuales a los gritos que protagonizan políticos, periodistas y militantes de distintos bandos en Twitter, allí también hay lugar para las ideas, aunque a veces tengan que abrirse paso a través del ruido.

Si, como se ha escrito, hay tantos usos de Twitter como usuarios, la pantalla de un académico en esta red social es, en primer lugar, una fuente inagotable de información especializada y recomendaciones de artículos y textos seleccionados por colegas de aquí y del exterior que se elige "seguir", pero también es un espacio de autopromoción, una plataforma en la que ensayar una escritura sintética y ocurrente y, por todo eso, también un lugar donde construir un personaje virtual y testear la respuesta de los otros en el número de seguidores que se consiguen.

El lugar que hace poco tiempo ocuparon los blogs en el mundo de las ideas no se ha apagado, pero compite cada vez más con esta red del microdebate simultáneo. "Es genial eso de tener un campo, tercerizar siembra, tercerizar cosecha y denominarse «productor». ¿Alguien me explica qué es un rentista?", escribe el politólogo y sociólogo Gerardo Aboy Carlés; los economistas Miguel Braun y Eduardo Levy Yeyati discuten sobre la inflación; "Héctor J. Cámpora tuvo entre sus ministros a López Rega (Bienestar Social) y a Esteban Righi (Interior)", recuerda el historiador Daniel Balmaceda, con nada despreciables 31.401 seguidores. El especialista en medios Martín Becerra retwittea una nota sobre la aplicación de la ley de servicios de comunicación audiovisual y la socióloga Ana Wortman discute con un colega sobre las políticas de salud sobre adicciones. Todos, en algún momento, redirigirán a un artículo propio o ajeno, adelantarán una aparición mediática, recomendarán una conferencia en la que participarán o "transmitirán" en vivo las discusiones de un congreso de su disciplina.

"Uso Twitter porque me sirve, me informo de hechos que me interesan y de opiniones de colegas, que aunque están en general en estado embrionario, por lo efímero e inmediato de Twitter, tienen la ventaja de ser frescas -dice Martín Becerra ( @aracalacana ), doctor en Comunicación, docente de la UBA y la UNQ-. No reemplaza a mi menú informativo más general, pero tengo acceso a documentación y estudios valiosos seleccionados por gente especializada en mayor medida que lo que ofrece un diario, con la ventaja de que puedo reunir a personas de distintas tendencias, algo que tampoco encuentro en los diarios."

"Te permite vincularte en forma simultánea con intelectuales, artistas, actividades, proyectos y emprendimientos del llamado campo cultural velozmente. Me resulta interesante también el tipo de intercambio que se produce. Se establecen diálogos ingeniosos, lo cual supone «aprender» a hablar en otro tono lo que uno sabe o piensa", apunta Ana Wortman ( @wortwoman ), que en su presentación en Twitter propone "pensamientos al instante" y que ofrece a La Nacion una suerte de perfil de los twitteros intelectuales. "En las últimas investigaciones sobre consumos culturales y nuevas tecnologías vimos que en general el uso de Twitter es más frecuente en los jóvenes de alto capital cultural y también económico, aunque esto está empezando a cambiar. En el campo de las ciencias sociales es más frecuente su uso en los comunicólogos y cientistas políticos que en los sociólogos. También lo usan mucho los escritores menores de 50 años, fundamentalmente de la escena editorial independiente", describe.

Para Karina Galperín ( @kgalperin ), doctora en literatura, profesora e investigadora en la Universidad Torcuato Di Tella y twittera descontracturada, en cambio, Twitter no es una herramienta de trabajo. "Lo vivo como algo más privado, cuya ventaja es precisamente que me ofrece una red de relaciones que no pertenecen específicamente al mundo académico. Twitter te obliga a salir de los debates endogámicos que comparten esquemas de pensamiento y formas de decir. Además, el estilo de Twitter nos hace bien a todos, por la síntesis, condensación y claridad a la que te obliga. Para mí tiene un uso terapéutico: antes de escribir, twitteo ", cuenta.

Adictos, moderados y observadores

Los académicos twitteros no son mayoría. Muchos lo ignoran o lo desprecian por superficial; en otros juegan cuestiones de edad, de personalidad y hasta de comodidad con la tecnología para alejarse de Twitter, un mundo, por otra parte, en el que es difícil ser exhaustivo: para cualquier observador esta red social parece transformarse frente a los propios ojos, con unos 465 millones de cuentas en el mundo -aunque se calcula que entre un tercio y la mitad no son activas- y un flujo de 175 millones de tweets por día.

"El campo académico de las ciencias sociales es bastante tecnófobo. Mucha gente prefiere no participar en Twitter por eso, o porque es una red agresiva, porque es incómodo exponerse en una relación uno a uno, o porque la horizontalidad es difícil para gente formada en una comunidad académica jerárquica", resume Jorge Gobbi ( @morrisey ), docente de la Facultad de Ciencias Sociales, bloguero y periodista de tecnología y viajes, parte de los primeros usuarios de esta red en el país. También porque twittear con ideas exige un talento para la ocurrencia y la respuesta rápida que no viene con la formación académica. Twitter es, sin embargo, un espacio democrático: muchos eligen abrir una cuenta con seudónimo y desde allí presenciar en silencio las intervenciones de sus colegas.

"Hay enfermos de Twitter como yo, otros que twittean de vez en cuando y los que observan, lo cual es un uso muy recomendable, porque elegís personas criteriosas que te refieren a otras cuestiones. Es una manera de bajo costo de enterarte de cosas que te interesan", apunta Lucas Llach ( @lucasllach ), economista, doctor en Historia, autor del blog "Ciencia maldita", con una capacidad sorprendente de twitteo diario y 10.720 seguidores que lo celebran.

"Twitter funciona muy bien con gente que no cree que lo que autoriza tu palabra es un lugar institucional. Las palabras de todos valen lo mismo y muchas veces no coincide alguien que dice algo interesante con el lugar de poder que ocupa fuera de Twitter", apunta Galperin.

Los usuarios adictos y los más moderados, los observadores y los detractores de la red social coinciden en algo: Twitter no permite debates razonados ni argumentaciones contextualizadas. En buena medida, porque la brevedad desemboca casi siempre en la polarización y la chicana, tan familiares para el argentino promedio.

"Twitter no se presta bien a las discusiones complejas ni al debate franco. Los temas que interesa debatir requieren sentarte a charlar, cuestionar al otro, pedirle más información, buscar puntos de acuerdo. Twitter va muy rápido a los desacuerdos", señala Miguel Braun, economista, director ejecutivo de la Fundación Pensar y twittero frecuente.

Para Gobbi, en tanto, Twitter destruye los matices, una precondición para cualquier debate que se precie. "Por la brevedad de los mensajes, Twitter hace difícil construir un contexto para las ideas. Otras plataformas, como los blogs, son mejores para un debate intelectual complejo. Twitter se adapta bien a quienes tienen posiciones que no admiten dudas, pero no tanto para quienes necesitamos construir matices. En Twitter gana el que chicanea mejor, no el que plantea mejores argumentos", dice.

Quizá por eso esa red sea tan permeable a las discusiones modelo K-anti K, que se suceden allí sin pausa y con violencia verbal creciente, y que son las que mayormente trascienden en los medios. No parecen ser las discusiones que más interesan a los académicos. Por ejemplo, el grupo Carta Abierta no tiene cuenta como tal, y tampoco la mayoría de sus integrantes más reconocidos, según uno de ellos confirmó a La Nacion.

El intercambio posible

Las discusiones de ideas pueden, sin embargo, encontrar atajos en Twitter y de alguna manera suceder, o al menos iniciarse. "Para el debate profundo de ideas no es el medio adecuado, pero así y todo la restricción de espacio obliga a sintetizar el núcleo de un argumento. Es útil porque en otras formas de comunicación, como un artículo para un diario, muchas veces hay una sola idea rodeada de maquillaje", apunta Llach.

Algo similar opina Wortman: "No considero que Twitter sea un espacio de debate de ideas, no sirve para argumentar. Pero sí se pueden expresar pensamientos, sensibilidades. Hay tweets que en 140 caracteres expresan ideas muy interesantes y, algunas veces, son más significativos y creativos que textos largos que no dicen nada. Por alguna razón, cada vez más hay intelectuales y académicos de renombre presentes en Twitter".

Para Leandro Zanoni ( @zanoni ), periodista y fundador de eBlog, "las discusiones suelen ser banales y anecdóticas, pero Twitter sí sirve para convocar una discusión que luego se dé en otro ámbito, para resumir un debate que se está dando afuera o para plantear un tema".

¿Influye Twitter en la opinión pública fuera de Internet? Es para pensarlo cuando, aunque muchas intervenciones de los académicos tienen que ver con los temas políticos o económicos del día, parte del encanto del twitteo intelectual está en sorprender con una idea. De todos modos, casi todo está por responderse sobre el impacto de esta red, que nació en marzo de 2006 pensada como una plataforma para intercambiar mensajes de texto en teléfonos móviles.

"La agenda pública de discusión sigue siendo vicaria de la agenda de los grandes medios. Twitter no innova en ese sentido, pero allí hay miradas más originales sobre esa agenda -dice Becerra-. Hoy veo que existe en Twitter cierta comunidad inestable de gente que es de algún modo influyente en la opinión, porque son periodistas, asesores gubernamentales, profesionales convocados por ONG. No creo que una intervención en Twitter tenga incidencia masiva, pero los escenarios culturales y políticos se elaboran en esos ámbitos más restringidos."

Para Gobbi, Twitter es todavía un "nanoclima". "Se puede pensar que la incidencia sea más fuerte en un par de años, si se mira el crecimiento de celulares y smartphones en la Argentina, que son los dispositivos a través de los cuales más se accede a Twitter. Por ahora, funciona mejor en segmentos profesionales más acotados", dice.

Igual opina el español José Luis Orihuela, profesor de comunicación en la Universidad de Navarra y autor del libro Mundo Twitter , publicado el año pasado, para quien "de momento, y en el mejor de los casos, la incidencia de un usuario se circunscribe a los usuarios que comparten su lengua y, en particular, a las comunidades en las que inciden sus seguidores. Para influir en la opinión pública, sigue siendo necesario el mecanismo de amplificación de los medios de comunicación masivos".

Hay quienes ven a Twitter como el ejemplo paradigmático de una cultura que se funda en conectar y vincular más que en guardar y coleccionar, y los académicos no escapan a eso. Ahora, ¿corre el riesgo Twitter de ser una torre de marfil para los intelectuales, más sofisticada pero igualmente alejada del resto del mundo? Después de todo, como dice una frase que circula en la Web, y cada tanto se retwittea , "Facebook es para chismosos, Twitter para intelectuales y My Space para músicos. La vida real es para quienes no tienen Internet en sus casas".

LOS USURPADORES

Tan fácil es adoptar una personalidad falsa en Twitter que hay quienes ni siquiera se molestan en disimularlo. Así, por ejemplo, una búsqueda rápida de algunas mentes brillantes arroja más de 20 cuentas con el nombre de Karl Marx, en inglés, portugués, alemán, chino, árabe y algún otro idioma; unas 13 para Sigmund Freud –alguna con inocultable tonada argentina–, 11 para Pierre Bourdieu –una de ellas con 17.000 seguidores, desde México–, más de 10 para Nietzsche –cómo resistir la tentación de twittear sus pensamientos, que se adaptan particularmente bien a la contundencia y brevedad twitteras–, unas 20 para Jacques Lacan, 23 para Martin Heidegger y casi 40 a nombre de Jean-Paul Sartre.

En distintos idiomas, con estilos más serios o más burlones, estos espacios tienen también propósitos variados: difundir la obra de estos autores y de quienes hoy estudian y escriben sobre su legado, funcionar como un canal de comunicación para interesados en ellos, reproducir sus frases como tweets y, quizás los más interesantes, adoptar la personalidad de cada uno para ensayar qué twittearían de estar vivos y online.

Más cerca en tiempo y espacio, por aquí también hay casos de personalidades twitteras falsas. Sucede, por ejemplo, con Beatriz Sarlo, a quien no pertenece ninguna de las cinco cuentas que llevan su nombre y su foto, como ella misma confirmó a La Nacion. Una de ellas ( @Beatriz_Sarlo ) es particularmente cuidadosa para imitar el estilo que tendría quizás la ensayista, y no lo hace mal: tiene 16.558 seguidores.

Otro caso es el del sociólogo y director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, para quien existe una cuenta ( @H_Gonzalez_ ), poco activa, eso sí, que tampoco le pertenece, según informaron en la Biblioteca. Se abrió alrededor de la fecha en que Beatriz Sarlo fue al programa televisivo oficialista 6,7,8, el año pasado, y sumó varios comentarios sobre eso. "A raíz de lo que representa como nervio de la arena pública y política, decidí abrir una cuenta en esta red social, intervenir con el cuerpo", escribió alguien en la primera intervención apócrifa. Reunió hasta ahora 470 seguidores.

DECALOGO DEL INTELECTUAL TWITTERO

1. Preséntese bien

Su perfil ya anticipa un estilo. Dé datos profesionales pero no reproduzca su CV. Sea ocurrente.

2. Twittee regularmente

Las audiencias son volátiles y piden nueva información todo el tiempo.

3. Provea información

Recomiende a sus colegas artículos, documentos, notas periodísticas de aquí y del exterior.

4. Promocionese

Retwittee sus artículos y apariciones en los medios, las notas que hablen de usted y sus trabajos.

5. Elija bien a quien sigue

Sus preferencias lo hacen más o menos interesante. No siga sólo a personas con las que coincide.

6. La escritura es clave

Sea sintético: un tweet es una sola idea. Sea ingenioso pero no críptico. Tenga un estilo.

7. Esté atento a la actualidad

No pierda de vista los temas del día y coméntelos, pero cada tanto sorprenda.

8. Demuestre sus conocimientos

Especialícese en un tema, pero intercale comentarios sobre fútbol, música o cine.

9. No pierda el control

Si interviene en una discusión, sea moderado. La reputación se daña rápidamente en Twitter.

10. Aprenda el código

Lo que da prestigio fuera de la red no funciona en Twitter. Hay que saber, entretener y provocar.

IDEAS EN 140 CARACTERES

@lucasllach

Lucas Llach

Una pena que los liberales no sean tan anti-monopolistas como deberían. Regalan uno de los principales atractivos públicos del liberalismo

@wortwoman

Ana Wortman

No entiendo este discurso triunfalista argentino en relación a la crisis española. Como no tenemos datos...

@braunmi

Miguel Braun

Combatís el capital, el capital es escaso, sube su tasa de ganancia. Profecía autocumplida, visión del mundo confirmada

@elyblog

Eduardo Levy Yeyati

Colegas brasileros en evento en Sanpa se quejan de Dilma: progresismo bienintencionado & ideas anticuadas que inhiben el desarrollo. Deja vu

@AlejRozitchner

Alejandro Rozitchner

Vivir sin religión es asomarse al misterio y al amor real. Las religiones son versión atenuada, ritualista, un poco ciega, de la existencia

@Breogan66

Gerardo Aboy Carles

Cuando echas a Cirigliano para poner a Roggio, a Moyano para poner a Cavalieri /Lezcano, y a Righi para meter a Reposo, la brújula anda mal

@kgalperin

Karina Galperin

No entiendo a los q dicen q la dictadura ya fue. Importa, como sigue importando el nazismo. Te puede importar el pasado y el presente, no es excluyente

@atilioboron

atilio boron

Repsol: sólo el 43 % de sus acciones en manos de españoles. ¿Empresa "española" o transnacional protegida por la clase política de España?

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