
Plagiadores
La expansión de la comunicación no necesariamente expande la creatividad humana
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¿Hay originalidad sin origen? ¿Romper es necesariamente crear algo nuevo? ¿Qué es lo nuevo y propio en este mundo globalizado? La expansión de la comunicación no necesariamente expande la creatividad humana...Y tener acceso no necesariamente significa saber cómo.
Un nuevo libro recorre los caminos del plagio en distintas épocas hasta llegar al "genoma de la escritura" en el presente: Sobre el plagio, de Hélene Maurel-Indart, publicado por Fondo de Cultura Económica. La autora es una especialista en procesos de creación literaria, que parece tener cierta simpatía por el copión. Defiende los derechos de autor -a los que le dedica un riguroso capítulo- pero eso no le impide comprender el afán de apropiación. El que plagia suele reconocer el valor de una obra, y desesperarse tanto frente a ella que la desea suya. El engaño a los demás es una consecuencia, pero muchas veces no forma parte del arrebato inicial.
El que plagia suele reconocer el valor de una obra, y desesperarse tanto frente a ella que la desea suya
Valéry soñaba con una historia de la literatura sin nombres; Borges, en su maravilloso cuento (¿de ciencia ficción histórica? ¿De lengua-ficción?), "Tlön, Uqbar, Orbis, Tertius" escribe: "No existe el concepto de plagio; se ha establecido que todas las obras son obra de un solo autor, que es intemporal y es anónimo". Y Giraudoux decía que "el plagio es la base de todas las literaturas con excepción de la primera que de hecho es desconocida." Una vez que el origen se olvida, ¡aparece la obra de todos! Pero el que plagia...¿olvida o simula? La autora lo salva nuevamente, y por eso dan ganas de leer este libro, que no es una condena, sino una búsqueda del autor y de su escritura. Maurel-Indart concluye: "El plagio se halla en lo opuesto de la originalidad absoluta, pero nace del mismo sueño. El plagiario también aspira a la obra maestra." Esta idea permite que la autenticidad no sólo recaiga en la obra, en el objeto producido, y por lo tanto en el mercado de esos mismos objetos, en este caso, el circuito comercial de los libros; también tiene en cuenta el deseo del plagiador, su anhelo de llenarse con la obra de otro para ser alguien, aunque ese ser no provenga de él. ¿Se trata entonces de ser o de tener? Esa es la cuestión con lo literario...El plagio tiene algo vampiresco, de adquisición del "ser" que implica la autoría. El autor no es el dueño de algo, sino su creador.
El plagio tiene algo vampiresco, de adquisición del "ser" que implica la autoría
Hay un nuevo subgénero de novelas, cercano al policial, que se llama "novela universitaria". Son las novelas que transcurren en universidades (por lo general, norteamericanas) y suelen revelar enigmas y oscuridades de ambientes competitivos y eruditos. Como la de David Lodge, Small World (aquí también contamos con algunas, como las de Guillermo Martínez, Crímenes imperceptibles o Yo también tuve una novia bisexual.) En varias novelas de campus, como también se las llama, aparece un personaje recurrente: el académico plagiario. La autora de este ensayo lo tiene en cuenta, justamente como parodia del saber. En un ámbito de escritura e individualidad como el universitario, el plagio es una ofensa rentable.
Otro capítulo risueño y didáctico es el de la "Tipología de los préstamos". Algunos plagios parecen menos pueriles, incluso dignos. Se trata de reescrituras, ya sea bajo la forma de homenajes o parodias. No todo plagio es una copia, a veces viene con aplausos o sorna ("El habla es robada", escribió Derrida.)
Igualmente, hay algo imposible de copiar o trasladar: lo verdadero. El capítulo "¿Se puede copiar la realidad?" comienza con una cita del sensorial escritor francés Boris Vian, a su estremecedora novela La espuma de los días: "La historia es enteramente verdadera ya que me la he inventado de cabo a rabo".





