
Poder y engocios en Africa: el mercenario Mark Thatcher
El hijo de la ex premier británica Margaret Thatcher participó junto con su amigo Simon Mann en un frustrado intento de golpe en 2004 contra el presidente de Guinea Ecuatorial. Hoy, Thatcher está en libertad y disfruta de su cuantiosa fortuna, mientras que Mann está preso en una cárcel de Zimbabwe
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LONDRES .-Esta es la historia de dos hombres que alguna vez fueron amigos y vecinos, pero cuya amistad se ha terminado y ahora cada uno enfrenta un destino diferente, en extremos opuestos del mundo.
Uno de ellos batalla para evitar su deportación a una de las prisiones más notorias de Africa, donde enfrenta la perspectiva de terminar su vida en cadenas en una diminuta celda de prisión.
El otro pasa su tiempo entre la Gibraltar dominada por los británicos, donde maneja de manera eficiente sus impuestos, las canchas de golf de las cercanas costas españolas, y Londres, con una que otra visita a Sudáfrica, tratando al mismo tiempo de conservar lo más que pueda de su fortuna estimada en 850 millones de rand (equivalentes a unos 120 millones de dólares).
Simon Mann y Sir Mark Thatcher tienen mucho en común: ambos han cumplido 54 años, ambos tenían mansiones en Cape Town, eran amigos y ambos han sido condenados por su participación en lo que, se sostuvo, fue un plan frustrado para derrocar en 2004 al presidente de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang Nguema.
Pero sus destinos han sido desde entonces muy diferentes. Mann, un ex alumno de Eaton y veterano de la SAS, las fuerzas armadas sudafricanas, acusado de elaborar los planes para el golpe, ha pasado más de tres años en prisión en Zimbabwe. Fue arrestado junto con sus acompañantes en un avión lleno de hombres reclutados en Sudáfrica cuando aterrizó en el aeropuerto de Harare, en marzo de 2004, para cargar armas.
El mes pasado Mann no logró evitar que una corte de Harare aceptara el pedido de extradición de Guinea Ecuatorial. Ha apelado, pero Guinea Ecuatorial prometió al presidente Robert Mugabe divisas y provisiones de petróleo. Por lo que se piensa que será enviado a la cárcel de Playa Negra, en Obiang, sin mucha demora. Allí se unirá a Nick du Toit, un ex soldado de las fuerzas especiales de Sudáfrica sentenciado en 2004 a 34 años de prisión. Según se dice, a Du Toit se le arrancó con torturas la confesión de que estaba a cargo de una avanzada del golpe.
Guinea Ecuatorial ha prometido que no ejecutará a Mann, pero su eventual condena difícilmente sería más breve que la de Du Toit.
Si sirve de guía la evidencia que aporta el juicio de Du Toit, Mann podría quedar encadenado día y noche en una prisión que, se dice, se inunda con la marea alta; se le daría una dieta que apenas alcanza para sobrevivir y se vería privado de tratamiento médico.
Thatcher, en cambio, no ha pasado un sólo día en la cárcel, pese a haber invertido dinero en un helicóptero que, según se dice, los complotados pensaban utilizar en el intento de golpe.
En enero de 2005 Thatcher se declaró culpable de violar las leyes sudafricanas sobre mercenarios, por lo que se le impuso una multa de 3 millones de rands y una sentencia a 18 meses de prisión, en suspenso por cuatro años.
Se dice que su madre, la ex primera ministra británica Margaret Thatcher, pagó su fianza. Llamativamente, además, su derecho de residencia permanente -otorgada a Thatcher y su familia poco después de que se mudaron a Cape Town en 1995- nunca le fue revocado.
Con ayuda materna
En el momento de su arribo a Ciudad del Cabo, un año después de que naciera la nueva democracia sudafricana, se sugirió que su madre había usado su influencia para facilitarle a Thatcher la obtención de la residencia. Y a lo largo de los años la ex primer ministra británica y su fallecido esposo, Denis, pasaron las Navidades con su hijo y su familia en Ciudad del Cabo.
Durante los años que pasó en Sudáfrica, Mark Thatcher salió indemne de varios escándalos, incluyendo dos que fueron investigados por la policía local.
La primera investigación se realizó poco después de su instalación en Ciudad del Cabo, cuando creó un servicio de seguridad privado utilizando policías fuera de servicio, pero vestidos con el uniforme y utilizando las armas oficiales, para resguardar su hogar y los de sus vecinos (que le pagaron generosamente por el servicio).
La segunda investigación se produjo luego de que se revelara que operaba como usurero, haciendo préstamos -a tasas de interés exorbitantes- a policías, funcionarios oficiales y miembros de las Fuerzas Armadas de Sudáfrica.
Días atrás, una fuente oficial confiable de Ciudad del Cabo confirmó que Thatcher no tiene restricciones para visitar o, si lo desea, establecerse en Sudáfrica nuevamente. Sin embargo, por sus antecedentes criminales ahora tiene prohibido el ingreso a los Estados Unidos, donde viven su ex esposa y dos hijos. Como ciudadano británico tiene acceso a Gibraltar, pero Suiza, Mónaco y Francia, según se dice, le dijeron claramente que no es bienvenido cuando inquirió acerca de la posibilidad de establecerse en esos países.
Poco después de que Thatcher se declarara culpable ante la corte de Ciudad del Cabo en relación con el golpe fallido, su esposa estadounidense -una bautista profundamente creyente- se fue de Sudáfrica y regresó a Texas, en los Estados Unidos, con sus dos hijos. Al poco tiempo inició el trámite de divorcio.
Pero Thatcher se quedó para vender sus varias propiedades sudafricanas, incluidas su mansión en Constantia y una casa de lujo en el golf club Steenberg.
Thatcher pasa ahora la mayor parte de su tiempo en la colonia británica o con su madre, Margaret Thatcher, en su casa en el centro de Londres. Se dice que dos guardaespaldas sudafricanos lo acompañan a todas partes, aparentemente por temor a que sus antiguos compañeros del complot golpista traten de causarle algún daño. Pero en la Navidad del año pasado Thatcher viajó a Ciudad del Cabo y hubo informes de que pasó dos semanas en el lugar, viendo viejos amigos.
Según el diario Daily Mail , de Londres, también fue en busca de comprar un nuevo hogar en Ciudad del Cabo, aunque aparentemente no piensa establecerse allí de manera permanente.
Lord Bell, un amigo cercano de Lady Thatcher, recientemente dijo al Daily Mail que es equivocado pensar que Mark es persona no grata en Sudáfrica. "¿Por qué no habría de ir Mark a Ciudad del Cabo? Nada se lo impide. Puede volver cuando quiera", declaró.
Mientras tanto, aunque no se sabe hasta qué punto ha vuelto a los negocios internacionales, principalmente con petróleo y otros combustibles, sigue siendo un hombre muy rico.
En cuanto a Mann, un amigo dice que su situación es resultado de una apuesta fallida: rechazó una oferta de regresar a Sudáfrica luego de su condena en Zimbabwe por temor a ir preso por mucho tiempo y quedar arruinado financieramente, dijo la fuente.
Antes, este mismo año, Mann renunció a su ciudadanía sudafricana, esperando poder completar su condena en Zimbabwe y que se le permitiera partir a Gran Bretaña. "En vez de ello -dijo su amigo- está atrapado entre dos de los peores tiranos de Africa, y no tiene ninguna esperanza".
Traducción: Gabriel Zadunaisky
LA NACION y The Independt




