Por qué es importante que nos validen

Bernardo Stamateas
Bernardo Stamateas PARA LA NACION
Fuente: Archivo - Crédito: PATRICIO PIDAL/AFV
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12 de diciembre de 2019  • 03:36

Todos los seres humanos tenemos la necesidad de ser apreciados, honrados, reconocidos; es decir, validados. Se esconde un gran poder en el hecho de felicitar y bendecir al otro. La validación otorga fuerza y firmeza a quien la recibe porque todas las personas portamos un cartel invisible que dice: "Háganme sentir importante".

Hablar nunca es un acto inocente y sabemos que las palabras poseen el poder de construir o de destruir. Hoy en día vivimos en una cultura de descalificación, de agresión en la que se ha perdido de vista la enorme importancia de que somos capaces de construir cada vez que hablamos. Porque toda palabra de validación consolida, motiva, asegura, establece y afirma al otro.

Sin embargo, muchas personas procuran la validación de manera equivocada. Quienes pelean, critican, se quejan o "fanfarronean", en ocasiones, lo hacen porque están buscando ser validados. Solo que lo hacen por el camino negativo. Una crítica, en realidad, es una manera indirecta de procurar la mirada del otro. La persona que critica, en el fondo, está enviando un pedido de combustible afectivo porque necesita desesperadamente ser aceptada y amada.

La validación libera el potencial. Una palabra de aliento "empuja" al otro a potenciar sus fortalezas. Si un hijo obtiene un dos en una materia y un ocho en otra, siempre deberíamos marcarle primero la nota más alta. Porque, a través de lo positivo, logramos mejorar aquello que necesita ser reforzado. Validar es una manera de decirle a alguien: "Sos valioso; sos valiosa". Esto no significa que se deban ignorar los errores, pero hay personas que parecen expertas en señalar las equivocaciones ajenas y jamás aplauden un acierto.

Los expertos en liderazgo explican que el 70 % de cualquier grupo de trabajo entiende la visión pero necesita motivación. Esto significa que precisa aliento, palabras de ánimo, y no solamente un jefe que les diga: "Ya saben lo que tienen que hacer; háganlo y punto. Yo no soy el padre de ustedes". Es probable que este tipo de jefe (que no es lo mismo que líder) tenga grandes dificultades a la hora de armar equipos y de alcanzar los objetivos a cumplir.

Todavía nos sorprende que algunas personas expresen: "Yo no felicito para que el otro no se considere más que nadie. Es por ello que solo marco los errores". Necesitamos usar palabras que expandan, que ayuden, que empujen, que alienten, que motiven.

Algunas formas prácticas de validar a otros:

  • a. Validar lo que el otro siente. Cuando alguien nos cuenta un problema, a veces, más que buscar una solución, está buscando "empatía afectiva". Es decir, que el otro pueda reflejarle: "Seguramente es muy difícil lo que estás atravesando; qué momento tan duro estás pasando". Las devoluciones de este tipo construyen empatía y validan lo que la persona siente.
  • b. Señalar algo específico que nos atrajo del otro. ¡Nadie se resiste a un elogio! Como ya mencionamos, nuestras palabras son poderosas. Cuando le marcamos al otro algo específico que nos bendijo, que nos atrajo, que nos gustó, generamos, además de una gran alegría en él o ella, el deseo de expandir el rasgo que nos impactó positivamente.
  • c. Hablar palabras de reconocimiento. Podemos decirle al otro frases tales como: "Te admiro"; "Te aprecio"; "Estuve pensando en vos". Ya sea de manera escrita u oral, éstas generan un alto impacto positivo. Cuando las palabras salen del corazón, construyen mayor intimidad y no solo quien las recibe es motivado sino también quien las emite. Se construye una mayor reciprocidad, ya que a todos nos agrada la gente que gusta de nosotros.
  • d. Un regalo o tiempo de calidad, pero las palabras siempre ocuparán un lugar primordial.
  • e. La conducta no verbal: mirar a los ojos y tener una escucha atenta con el cuerpo acompañando, estando presente. De este modo, estamos transmitiendo el siguiente mensaje: "Sos importante para mí". Recordemos que las palabras son semillas y las semillas traen siempre una cosecha que puede alcanzar dimensiones extraordinarias en el tiempo. ¿Quién no recuerda las palabras de papá o mamá, del abuelo o la abuela, de un docente, de un amigo o de un compañero de trabajo, que generaron un impacto emocional positivo y construyeron un recuerdo que nos acompaña y nos motiva hasta el día de hoy?
  • f. Permitir que el otro sea protagonista. Cuando dejamos que el otro se luzca, que cuente lo que le sucede, le estamos dando lugar. Esa también es una manera de validar y de decir: "Sos valioso, valiosa, para mí".

Necesitamos construir una cultura de validación. Validar es simplemente decirle al otro: "Creo en vos". Las palabras de fe abren el corazón y motivan a la persona a seguir hacia adelante. También nos motivan a nosotros mismos a seguir construyendo.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

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