
Próceres y líderes partidarios
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El anuncio de que un retrato del presidente Carlos Menem fue publicado junto a las efigies de San Martín, Belgrano y Sarmiento en una revista dedicada a docentes de enseñanza primaria, ha desatado una controversia, que se inició en la provincia de La Pampa y se ha extendido a otros lugares del país.
La publicación que incluye ese controvertido material se denomina "Figuras de la EGB(Educación General Básica)" y ha sido editada en Bahía Blanca con una tirada de 50.000 ejemplares. Menem y los tres próceres mencionados aparecen en la página 24 de la última edición, junto a un mapa de la República Argentina. Se trata de una revista privada, pero su finalidad es proporcionar elementos didácticos a los docentes en el contexto de los programas curriculares vigentes.
El hecho de que el actual presidente aparezca sugestivamente cerca de tres argentinos insignes del siglo XIX suscita resquemores que son comprensibles, sobre todo porque pesa el recuerdo de las manipulaciones que el gobierno de Juan Domingo Perón hizo en otro tiempo en materia educativa; no puede olvidarse que se llegó al extremo de imponer a los alumnos de las escuelas primarias la lectura del libro de Eva Perón "La razón de mi vida".
Quienes defienden el criterio usado por la revista aducen que el doctor Menem es el presidente de la Nación y es, además, uno de los políticos más importantes del país, por lo cual nada tiene de extraño que aparezca en una galería de argentinos famosos o notorios.
En realidad, el quid de la cuestión parece residir en la dificultad para percibir y precisar la diferencia que existe entre un prócer y un líder partidario . Tradicionalmente se ha entendido que los próceres nacionales son aquellas personas ejemplares que pertenecen a un pasado al que la posteridad rinde tributo porque se recorta en el tiempo con rasgos heroicos o porque se confunde con las etapas decisivas de la formación de la nacionalidad.
Si se adhiere a ese concepto, es evidente que la nómina de los próceres argentinos se agota en el siglo anterior. Ello no significa desconocer la importancia que han tenido muchos líderes políticos y partidarios del sigloXX, que despiertan en la comunidad sentimientos de admiración o gratitud, ni debe significar tampoco ignorar a los hombres públicos de este tiempo, como los presidentes Carlos Menem o RaúlAlfonsín, por citar sólo a quienes alcanzaron últimamente el sillón presidencial.
Lo que no es aconsejable es dejar de lado la saludable separación que tradicionalmente existió en el país, especialmente en el ámbito educativo, entre los próceres (figuras de ayer, cuyo nombre se pronuncia con generalizado respeto) y los líderes partidarios recientes o actuales, que están todavía en el centro del debate político, porque el destino de los hombres públicos, en definitiva, es afrontar el juicio _severo o benévolo_de sus contemporáneos.
También los próceres fueron, en su tiempo, en muchos casos, líderes partidarios. Y también ellos fueron discutidos y hasta combatidos en su tiempo. Pero la óptica con que hoy se los mira es otra, porque la historia los incorporó, hace ya mucho tiempo, al cuadro de los argentinos ejemplares.





