
Proteger al ciervo de los pantanos
1 minuto de lectura'
EL ciervo de los pantanos es una especie en vías de extinción, cuyo hábitat natural está constituido por los pajonales inundables y las lagunas de abundante vegetación. En el interior de las islas del delta del Paraná sobreviven unos centenares de ejemplares; en los esteros de Iberá, en Corrientes, existe una colonia mayor, pero en ambos casos los animales sufren la persecución de cazadores clandestinos, que los buscan por sus atractivas cornamentas o para aprovechar su carne.
Está actualmente en marcha un plan conjunto, cuyo objetivo es impedir la caza furtiva de este ciervo, que está legalmente protegido por el gobierno de la provincia de Buenos Aires y ha sido declarado monumento natural por dicho Estado. En ese plan participan autoridades de Recursos Naturales del gobierno bonaerense y organizaciones no gubernamentales. Lo que se pretende es modificar las costumbres de personas que no perciben íntegramente la magnitud del daño que causan.
Diversas estrategias se están empleando para ponerle límite a esta caza dañina. Un método al que se está apelando es la distribución de folletos entre los pobladores, a fin de explicarles lo que provocan los depredadores. Una manera de evitar la matanza de estos ciervos es incentivar la cacería de coipos (una especie de nutria) o de carpinchos, animales que se hallan fuera de peligro desde el punto de vista del mantenimiento de sus poblaciones y pueden constituirse en sustitutos para quienes usan la carne de los ciervos como alimento.
También se está recurriendo al control policial para detener la cacería ilegal. Los re«ponsables del proyecto de rescate y rehabilitación que impulsa la Fundación Vida Silvestre Argentina han relatado, en recientes entrevistas periodísticas, los seguimientos realizados en distintos lugares de las islas del delta del Paraná, donde se hallaron pruebas de las acciones depredatorias efectuadas.
El ciervo de los pantanos es una de las muchas especies que se encuentran en grave riesgo de extinción como consecuencia de la depredación constante. Cuesta comprender que persista esa tendencia destructiva a pesar dela prédica de quienes velan, desde los medios de comunicación, por la preservación de la fauna natural.
Tal vez el lugar más certero para ejercer acciones preventivas se encuentre en las escuelas de las zonas más afectadas por la caza ilegal. Los chicos son especialmente sensibles a los reclamos en favor de la defensa del medio y a menudo son los primeros en marchar en una dirección contraria a la de los adultos. En muchas personas mayores el hábito de la caza tiene una vieja raigambre cultural . De ahí la obstinación con que se resisten a los dictados del sentido común, que aconseja con sólidos fundamentos evitar cualquier comportamiento dañino para el equilibrio natural.




