Qué pasa cuando las pérdidas se acumulan

Bernardo Stamateas
Bernardo Stamateas PARA LA NACION
Todos vivimos una separación en algún momento de nuestra existencia.
Todos vivimos una separación en algún momento de nuestra existencia. Fuente: Archivo - Crédito: Shutterstock
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5 de diciembre de 2019  • 02:40

A veces atravesamos un período de tiempo en el que experimentamos cambios constantes a causa de las pérdidas sufridas. Sentimos que nos sucede de todo y que, durante ese lapso, se fue agolpando un hecho detrás de otro.

Los seres humanos sabemos muy bien lo que significa perder algo o a alguien, porque todos vivimos una separación en algún momento de nuestra existencia.

Estos son los tipos de pérdida más comunes:

a. Pérdida material. Perder un objeto que posee una significación afectiva o económica nos puede generar dolor y tristeza.

b. Pérdida de un ser querido. Podemos perder a una persona en el más acá, pero jamás la relación que tuvimos con ella, dado que siempre seguirá viviendo dentro de nosotros. Esta clase de pérdida tan significativa produce lo que se denomina "proceso de duelo". El dolor no es una enfermedad que se debe superar, ni un problema que necesita de un consejo, sino más bien un camino que debemos transitar. El dolor no es un pozo sino un sendero. ¿Cuánto dura ese trayecto? No hay un tiempo específico, porque cada uno lo transita a su manera. Tampoco hay una forma determinada de hacer el duelo, porque cada uno lo elabora como puede.

c. Pérdida de un amor. Muchas veces es incluso peor que una muerte. Esto es así porque la muerte es definitiva; sin embargo, la posibilidad de que el otro regrese o no provoca en mucha gente una angustia incesante. En ocasiones la persona queda atascada en la pérdida porque divinizó o satanizó a su "ex". Y generalmente no lo extraña porque aún lo ama, sino porque echa de menos la rutina y la compañía. Por lo general, uno queda atascado en una pérdida amorosa del pasado porque no es capaz de vislumbrar nada hacia adelante. La falta de nuevos proyectos hace que uno se aferre a lo conocido.

d. Pérdida de la imagen. Todos tenemos una manera de percibirnos que se conoce como "estima", la cual depende de nuestro autoconcepto, es decir, de la visión de nosotros mismos. Muchas veces, esta imagen es quebrada ya sea por el paso de los años o por la pérdida de un trabajo o de un rol y eso nos genera un gran dolor. Perder un determinado rol social, que antes se tenía y ahora ya no se tiene (como trabajar en una institución importante), con todo lo que eso implica, trae aparejado un malestar.

Podríamos seguir enumerando pérdidas que todos los seres humanos atravesamos. A continuación, algunas variables al respecto:

  • a. Las pérdidas pueden ser evitables o inevitables. Las pérdidas evitables duelen más. Por ejemplo, alimentarse mal y terminar enfermo, o un error que se podría haber prevenido. Mientras que las inevitables, las que escapan a nuestro control, como un accidente, tal vez nos generan menos angustias pero también conllevan sufrimiento.
  • b. Las pérdidas pueden ser temporales o permanentes. Perder algo que podemos recuperar (dinero, un auto o una casa) no nos duele tanto como aquellas pérdidas que son irrecuperables. Por ejemplo, aquella que puede ser causada por una enfermedad crónica.
  • c. Las pérdidas pueden ser reales o imaginarias. Muchas veces, el celoso sufre enormemente por sus propias fantasías y, aunque nunca ha sucedido en la realidad lo que imagina, cada vez que rumia dicha posibilidad el engaño sí sucede.
  • d. Las pérdidas pueden ser anticipadas o sorpresivas. No es lo mismo tener la posibilidad de planificar el retiro laboral o cómo enfrentar una enfermedad, que una pérdida que sucede de improviso. En el último caso, la mente entra en shock y su elaboración cuesta mucho más.

¿Cómo enfrentar una pérdida?

Todos los seres humanos atravesamos el mismo proceso frente a una pérdida. La primera reacción es: "¡No puede ser!" para después sentir ira, frustración, tranquilidad en algunos momentos y tristeza en otros. Esta multiplicidad de emociones es similar a las olas del mar: a veces crecientes, a veces tranquilas y a veces una detrás de la otra. Lo importante es darnos permiso para expresar el dolor. Hay un tiempo para llorar y debemos recordar el pasado sin destruirnos. Es fundamental permitirnos la tristeza, expresarla en palabras y compartirla con la gente que amamos y nos ama.

Es en las pérdidas donde aprendemos a soltar y a tomar. Renunciamos al control y, a la vez, nos damos permiso para recibir algo nuevo. No obstante, algunas personas han aprendido a soltar pero no se han dado permiso de disfrutar todo lo nuevo que la vida les ofrece.

Para concluir, cuando aceptamos una pérdida logramos sobrevivir a pesar del enorme dolor que sentimos. Y, con el tiempo, podemos mirar hacia atrás y recordar cómo sacamos fuerzas de la debilidad; porque toda pérdida anterior ha grabado en nuestra memoria la certeza de que, a pesar del momento duro que vivimos, nos hemos puesto de pie. Y así como logramos superarlo ayer, lo volveremos a lograr en cualquier nueva situación difícil del mañana.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

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