Qué se esconde detrás de las excusas

Bernardo Stamateas
Bernardo Stamateas PARA LA NACION
Las excusas son una manera de cuidar nuestra imagen
Las excusas son una manera de cuidar nuestra imagen Fuente: Archivo - Crédito: Shutterstock
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26 de diciembre de 2019  • 03:54

Todos los seres humanos recurrimos en algún momento a justificaciones o explicaciones. Algunas son muy inteligentes, mientras que otras son francamente ridículas. Se trata de mecanismos defensivos para reducir la ansiedad de una situación. Por ejemplo, es el caso del jugador de tenis que le pega mal a la pelota e inmediatamente mira la raqueta; o el niño que se ha golpeado con la mesa y expresa: "¡Mesa mala!", echándole así la culpa a lo exterior.

Algunas excusas son ciertamente graciosas y sirven para protegernos o para proteger al otro. En realidad, son autoengaños frente a situaciones desagradables y son la manera de cuidar nuestra imagen (narcisismo) frente a los demás. Te invito a analizar la multiplicidad de funciones que pueden cumplir las excusas, los pretextos o las disculpas:

a. Una excusa es una disculpa para no reconocer un error. Es una justificación, un calmante frente a una equivocación. Es una explicación que me doy a mí mismo, justificándome para hacer más tolerable mi error. Todos los errores generan cierto nivel de malestar y, frente a ellos, solemos construir una explicación: "Fue el cable"; "fue el calor"; "fue el día". Eso nos ayuda a sentirnos cómodos. Sin embargo, la justificación no nos permite aprender y nos mantiene inmovilizados porque no estamos pensando en cómo corregir sino en cómo escapar de la situación.

b. Una excusa sirve también para frenar una responsabilidad. Quienes son docentes han escuchado todo tipo de excusas de parte de sus alumnos frente a un trabajo no presentado o un examen: "Mi abuela falleció"; "mi auto tuvo un desperfecto"; "se enfermó mi amigo". También son comunes las excusas frente a los afectos: "La culpa es tuya"; "vos me dijiste que lo hiciera así"; "no soy feliz por vos"; "por tu culpa, no pude"; "vos me ponés nervioso"; "mirá las calificaciones que obtuvo tu hijo". Todos estos mecanismos se conocen en psicología como "proyección". Eduardo Galeano decía: "No podemos echarle al pañuelo la culpa de las lágrimas". Frente a la racionalización de nuestras acciones, evitamos asumir nuestra responsabilidad. ¿Quién no escuchó alguna vez: "Fui infiel porque nunca me diste amor"? Este tipo de excusas construyen una imagen de "persona buena" que tiene el control de la situación. Benjamín Franklin expresó: "El que es bueno para poner excusas rara vez es bueno para otra cosa". Y alguien más dijo: "Las excusas no cambian nada pero hacen que todos se sientan mejor".

c. Una excusa sirve para cuidar la estima. De este modo se baja el nivel de ansiedad. "Está lloviendo, por eso no puedo ir"; "hace demasiado calor, por eso decidí quedarme en casa"; "tengo mucho trabajo"; "la vida me formó así"; "mis padres nunca me motivaron". La excusa se convierte en la justificación de todo lo que hago, trasladando así la culpa hacia la sociedad.

d. Una excusa esconde nuestro bajo deseo de llevar algo a cabo. "Había mucho tráfico"; "terminé muy tarde"; "hoy juega Boca"; "si dejo de fumar, voy a engordar"; "de algo hay que morir, yo dejo mi adicción cuando quiero". Muchas veces nuestro bajo deseo hace que construyamos explicaciones ficticias para no hacer aquello que, en el fondo, no deseamos hacer.

e. Una excusa esconde temor. En ocasiones armamos explicaciones por miedo al resultado: "Ya no puedo estudiar, cumplí 40 años"; "el tren pasa una sola vez en la vida, ya no estoy para estos trotes".

f. Una excusa es débil porque limita el potencial a desarrollar. "Todo el mundo lo hace"; "se lo merecía"; "no tengo tiempo". De ahí que estas costumbres sean evitativas, pues postergan las situaciones, casi siempre, de personas perfeccionistas. Sin embargo, somos testigos a lo largo de la historia de muchas personas con limitaciones y todo tipo de dificultades que sacaron fuerzas de la debilidad y siguieron adelante. Ellos nos brindan el ejemplo de que se puede. Alguien dijo sabiamente: "El 99 % de los fracasos provienen de personas que tienen el hábito de inventar excusas".

Conclusión

Lo mejor es ser honesto. Hacer uso de una excusa que parece poco sincera, o tiene la intención de manipular, no nos permite crecer. Cuando somos sinceros con nosotros mismos, frente al error, buscamos corregirlo, aprender de él y construir hacia adelante. Te animo a intentarlo y a cambiar el "¿por qué?" por el "¿por qué no?".

¿Cuál es tu excusa favorita?

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