
Qué significa hoy el patriotismo
En muchos ciudadanos, la crítica situación argentina despierta un difuso sentimiento nacional con nuevos significados
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Los teóricos y analistas que extensamente se han ocupado de la crítica situación por la que atraviesa nuestro país han señalado en numerosas ocasiones que la sociedad debe hallar un eficaz mecanismo de participación activa, con un alto grado de compromiso.
Las asambleas barriales, las manifestaciones y los cacerolazos de diciembre último podrían interpretarse como producto de una búsqueda en tal sentido. Pero la descordinación e incluso la violencia con que estas movilizaciones se desarrollan hacen presumir que todas adolecen de un ingrediente cohesionador.
En ese sentido, tal vez no sea errado pensar que el elemento en cuestión debería ser el amor por nuestra patria. Un sentimiento que queda al margen de todo individualismo posible, pero que, tal vez a causa de él, hoy aparece en muchos de nosotros en forma difusa o atemperada.
Para reflexionar acerca del papel que el patriotismo representa en nuestros días, LA NACION reunió a Vilma Ripoll, legisladora de Izquierda Unida; el escritor José Ignacio García Hamilton, y Vicente Massot, licenciado y doctor en Ciencias Políticas, y director ejecutivo del diario La Nueva Provincia de Bahía Blanca.
-Una crisis profunda como la que vive nuestro país ha cuestionado y resignificado todo tipo de instituciones. En momentos como éste, ¿qué grado de importancia cobra en la sociedad el sentimiento patriótico?
García Hamilton: -En mi escala de valores primero están la paz y el trabajo. El patriotismo no es para mí un valor muy destacable. Generalmente se opone a la paz. Para mí es un sentimiento relativamente reciente, porque en la Antigüedad existía la ciudad-Estado. El Estado nacional moderno es una cosa bastante reciente en Europa y en el mundo occidental, y creo que va a pasar. Ya en Europa existe el continentalismo, la gente ha dejado las nacionalidades de lado. La gente se ha matado por las nacionalidades, por el patriotismo. Yo creo que lo que hace falta es trabajar, ahorrar, ser tolerante. Algunos identifican al patriotismo con estos valores. A esa gente le tengo el mayor de los respetos. Generalmente, el patriotismo se vincula con los mitos patrióticos, el caso de San Martín entre nosotros. Y el mito no es sólo una explicación del pasado a través de personajes sagrados, sino que es también un modelo para el porvenir. El mito patriótico toma personajes reales y les da características sobrenaturales, pero también presenta modelos, y si los mitos son mal elegidos puede haber violencia... Creo que en el caso de la Argentina nos pasa eso. Nos pasa con el mito del Martín Fierro, que José Hernández lo escribe para demostrar cómo el servicio militar ha degradado a un gaucho pacífico y lo ha convertido en asesino, y cuando en el siglo XX Ricardo Rojas y Leopoldo Lugones lo ponen como paradigma, como arquetipo, como hombre honesto, como una especie de caballero andante, con esos mitos patrióticos se propicia la declinación argentina.
Ripoll: -El marxismo en general ha cuestionado el concepto de patria, porque creemos que eso es usado por los que defienden el sistema capitalista para ocultar la lucha de clases que se da en la realidad. En ese sentido, los trabajadores argentinos tenemos más que ver con los trabajadores de otros países que, dentro de la misma patria, con los grandes empresarios o los políticos de los viejos partidos. Pero creo que en nuestro país se ha dado en los últimos años la utilización de los símbolos patrios contra un enemigo que es el que han encontrado los trabajadores que son castigados por este plan económico, que es el imperialismo. Creo que el patriotismo es cantar el Himno en las luchas, llevar la Bandera puesta en la frente, en las espaldas, con vinchas, entonces tiene un sentido menos de mito y más de lucha. Ha habido un resurgir en el sentido positivo de la pelea por los recursos naturales, lo que nos costó construir.
Massot: -Para mí, la patria es el nivel más alto, la realidad más alta debajo del cielo. Y la patria tiene un origen remoto, si bien es cierto que el Estado-nación uno no puede rastrearlo en la historia y encontrarlo en el mundo antiguo. Pero los antiguos hablaban de la terra-patris. Y la idea de los padres no en el sentido de progenitores, sino como los que habían hecho la ciudad. Eso, trasladado a nuestros días, significa que hay una nación que tiene un pasado, que tiene una historia, que tiene un proyecto en común. Y muchas veces, cuando uno dice que el patriotismo aparece difuso, a mí me parece que el patriotismo no se da solamente en las épocas espléndidas, sino que también se da muchas veces cuando esa nación nos duele, cuando esa sociedad parece extraviada. Pero lo cierto es que no hay alternativa a la patria. Lo cierto es que los ciudadanos del mundo o la idea de una clase social que no tiene patria es falsa, como lo demuestra la historia. Toda LA NACION es una invención, pero no en el sentido de que no haya existido nada. Uno tiende a inventar, entre comillas, porque en definitiva siempre la memoria es selectiva. Y la memoria selectiva hace que el pasado llegue a nosotros con una carga por la que algunas cosas se ocultan, otras se realzan, pero no inventadas desde la nada. A San Martín no lo inventamos, existió y fue un genio estratégico. Obviamente, hay cosas que se magnificaron y otras que se ocultaron. Forma parte de un mito, pero a eso yo no le veo nada de malo.
García Hamilton: -No creo que los mitos sean buenos. En la medida que son falsedades, son mentiras, son negativos. Ahora hay gente que dice que hay que reactualizar los mitos. Y yo creo que cuando alguien le está enseñando un mito a un chico le está enseñando algo falso. Aunque cohesione, aunque logre homogeneidad. La educación patriótica, que la inicia Figueroa Alcorta en 1908 a través del Consejo Federal de Educación, se hace porque hay una gran inmigración, entonces se crea esto de la mitología patriótica para cohesionar, para homogeneizar a los hijos de inmigrantes. Yo creo que es negativo porque subestima la inteligencia de los chicos, los reduce al nivel de la magia, les enseña que al morir San Martín se detuvo el reloj de Boulogne-sur-Mer. Cuando fui a Santa Marta me enteré de que Bolívar también detuvo el reloj en Santa Marta. Se les enseña pensamiento mágico, se crea un espíritu xenófobo y se detiene el desarrollo de las investigaciones históricas porque los historiadores ya no pueden hacer estudios críticos sobre los próceres.
Massot: -Si uno establece una relación de sinonimia conceptual entre el mito y la falsedad, obviamente uno no puede sino condenar al mito. Pero en forma de mito o a través de los mitos se han gestado los países más ricos, más respetables, donde rigen las instituciones más democráticas, si se quiere liberales, del Estado de Derecho. ¿O creen que en Francia no hay mitos, en Inglaterra no hay mitos, en Estados Unidos no hay mitos?
García Hamilton: -Sí, por eso hay chauvinismo, por eso tuvieron macartismo. Hay mitos, pero son negativos.
Massot: -No, no, no mezclemos. George Washington, Abraham Lincoln, no son precisamente mitos negativos para los norteamericanos. Es en torno de eso que todas las naciones se moldean a través de mitos. La idea de que puede haber alguna forma de asociación en el nivel colectivo que no sea la humanidad, porque la humanidad es un mito, pero un mito en el sentido falso, es una voz, no existe tal cosa como la humanidad. Uno forma parte de una familia que no elige y de una nación que tampoco elige. Ahora, algunos hacen las cosas bien y otros hacen las cosas mal.
García Hamilton: -En realidad, yo creo como vos. Es posible que tenga que haber ideales arquetipos. En todo caso, los argentinos elegimos mal los mitos. Estados Unidos tiene mitos, pero desarrolla el espíritu disquisitivo. Nosotros acá desarrollamos dos mitos, el del militar que muere pobre, y lo ponemos a San Martín cuando San Martín murió rico, y el del Martín Fierro, es el mito del pobre que se hace violento.
Massot: -Una vez más no coincido con vos. Acá los mitos que se crearon no fueron los que a mí me hubiesen gustado. Pero cuatro generaciones de argentinos estudiaron que Bernardino Rivadavia fue el hombre civil más grande de los argentinos. Sarmiento, padre del aula, Sarmiento inmortal. Mitre, el gran historiador. Cosas contra las cuales yo no me opongo. Fueron, en la mayoría de los casos, grandes hombres.
García Hamilton: -Sí, pero uno fue desplazando a otro en el colegio público. En el siglo XIX las figuras arquetípicas fueron Mariano Moreno y Bernardino Rivadavia. En el siglo XX van a ser desplazados por San Martín y Belgrano. Y después viene Rosas.
Massot: -No hay un solo período en la historia en el que en las escuelas primarias se hablase bien de Rosas. Eso empieza a revertirse recién en 1973, con el camporismo.
-Pero, al margen de la interpretación que pueda hacerse de los mitos, ¿qué pasa hoy con los valores que deberíamos compartir los argentinos por el solo hecho de serlo?
García Hamilton: -Yo, personalmente, creo que no habría que homogeneizar. La patria debe ser la diversidad. En mi opinión, no está ligada a un territorio ni a la Bandera. Para mí, los valores humanos son más importantes: el respeto, la tolerancia, la paz, el trabajo. Yo creo que más patriota es un italiano que vino a la Argentina y trabajó toda su vida aunque no conociera el Himno Nacional o los colores de nuestra bandera. Ese hizo la patria, ése es el verdadero forjador de la Argentina. A mi modo de ver, en 1908 la educación patriótica introduce valores negativos: la guerra, la pobreza, la dictadura, empieza el chauvinismo, los himnos, la Oración a la Bandera, se lo coloca a San Martín en un nivel sobrenatural y se colocan sus restos en la Catedral, se lo llama el Santo de la Espada... Como el mito no permite la discusión, porque es mito, no es ciencia, no es razón, sino que más bien es religión, eso es negativo.
Ripoll: -Trasladándolo al presente, creo que los valores que hoy imperan en la conciencia del conjunto de la población son aquellos que hablan de lograr una segunda independencia. Creo que un sector muy importante opina que el enemigo nuestro es el imperialismo. Lo que sucede hoy, por eso renace el concepto de patria, es que el pueblo cada día más ha interpretado quién es ese enemigo.
Massot: -La realidad de la patria es que en cualquier lado arrastra una historia común. Generalmente, lo segundo es el soporte físico. Y lo tercero son aquellos símbolos que, analizados desde la pura razón hacen aparecer a la bandera como un trapo y el himno como una canción. Pero es el sentimiento de la gente lo que transforma un trapo en una bandera y una canción en un himno. Esto, prescindiendo de las ideologías. Yo no puedeo estar de acuerdo con la señora Ripoll en que la patria signifique pura y exclusivamente una particularidad. Tanto el obrero como el habitante de Barrio Norte sienten el patriotismo. El patriotismo no se ideologiza, es un sentimiento. Se puede dar una conjunción dentro de una misma patria de muy distintas ideologías. El común denominador es un pasado y, si se quiere hacia futuro, un proyecto de vida en común.
-En determinadas situaciones parecería que ese sentimiento se vive de una manera difusa...
García Hamilton: -No creo que lo que esté faltando sea patriotismo. Lo que falta es trabajo, esfuerzo, ahorro, y que los gobiernos no dilapiden. Los gobiernos que han hablado de patriotismo desde 1908 nos han hecho perder independencia, soberanía y riqueza. Hay un refrán que dice: dime de qué alardeas y te diré de qué careces. Lo que faltan son valores, a mí no me faltan ni identidad ni patriotismo.
Ripoll: -Pienso que es la primera vez que el grueso de la población está tomando el destino en sus manos. Los sectores desocupados se organizan y se defienden...
García Hamilton: -Eso es participación, no es patriotismo.
Ripoll: -Yo digo que han volteado cinco presidentes y que están construyendo alternativas. Y esa nueva dirigencia que la gente pide está íntimamente ligada a nuevos valores.
García Hamilton: -Eso fue defensa de los ahorros...
Ripoll: -Hoy, lo nuevo es que la gente cuestiona todas las instituciones. No sólo las políticas, tambien la Justicia, la policía...
Massot: -Yo creo que el patriotismo siempre está latente y que se puede canalizar de muchas maneras, y que se aprecia en los momentos críticos y decisivos. Y en ese sentido, la última ocasión en que la Argentina se vio enfrentada a una situación decisiva -esto prescindiendo de considerar si nos gustaba o no, si queríamos o no el gobierno militar- fue Malvinas. El hecho de que esa manifestación patriótica después fuera defraudada no quiere decir nada en contra del patriotismo. En el presente, si hubiera que definir con una sola palabra lo que le pasa a la Argentina, yo creo que más que una crisis vive una mutación. Este es otro país, está cambiando de una manera fenomenal, con un grado de participación nunca visto. Esto por sí sólo no significa patriotismo, es la movilización de la gente. Desde los cacerolazos hasta las asambleas barriales, desde los piqueteros hasta cualquiera de las otras que hay, que tienen infinitas diferencias entre sí y un denominador común que es la recusación de todo el sistema. Sin embargo, no creo que eso específicamente tenga nada que ver con el patriotismo, que late y está en otras cosas. Una de las últimas manifestaciones de argentinos, tal vez minúscula y perdida, fue la de las cinco mil personas que se congregaron en medio de la lluvia cuando volvió el Irízar la semana última.
García Hamilton: -En nombre del patriotismo se tiraron abajo la Constitución y la democracia en 1930, en nombre del patriotismo se anularon todos los derechos constitucionales, se organizó una guerra que le costó la vida a casi ochocientos jovencitos argentinos, se incautaron los ahorros el año último. Y en nombre del patriotismo se ha creado el mito de que el FMI es un monstruo, cuando es un organismo internacional del cual nosotros somos socios, y hemos puesto en él toda la culpa del drama argentino que, a mi juicio, es causado por gobiernos de todo un siglo que se llamaban patriotas.
Ripoll: -Porque los dirigentes utilizan el concepto de patria.
-Algunos analistas señalan que nuestra sociedad es una suma de individualismos y que, hasta que no superemos esa barrera, será difícil salir adelante ¿Están de acuerdo? ¿Qué nos hace falta como sociedad para salir adelante?
Ripoll: -Nos hace falta construir una alternativa política nueva desde abajo y tomar medidas de fondo. Recuperar todo lo nuestro, y para eso se necesita una nueva generación de dirigentes.
García Hamilton: -Lo que hace falta hoy no es patriotismo ni mitos, ni siquiera mitos buenos. Hay que desmitificar y adoptar valores positivos.
Massot: -Tenemos que encontrar el mito patriótico, como aquel que en su momento hizo posible que se forjara una Argentina grande. Ahora, es fácil decirlo, pero lamentablemente es difícil hacerlo, porque nos encontramos con que ésa es la necesidad, pero que las divisiones en nuestra sociedad son tremendas. ¿Cuál es la empresa sugestiva en común que tenemos los argentinos? A mi juicio, refundar esa república que hace un siglo fue la admiración del mundo.




