¿Quién controlará a los controladores?
Por Lucila Castro
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En la edición del día 23, en el artículo «La autocrítica de los padres de la Constitución del 94» (página 9), al referirse al Consejo de la Magistratura el autor menciona a un ex senador que dijo que «el actual órgano de contralor judicial es inconstitucional». Es un error común hablar de «contralor», que es incorrecto, ya que en rigor de verdad debe decirse en esos casos control . Contralor tiene otro significado: ?funcionario encargado de examinar las cuentas y la legalidad de los gastos oficiales, o función similar´ ( Diccionario de la Real Academia Española )", escribe el juez Juan Manuel Converset.
El lector tiene razón, pero este error tiene su historia, que podría resumirse así: "Por no querer cometer un error, cometí otro peor".
Durante mucho tiempo, el sustantivo control y el verbo controlar (del francés contrôle y contrôler , respectivamente) se rechazaron como galicismos. Los puristas que, aunque nunca lo hubieran dicho así, controlaban la Academia se negaban a abrirles las puertas del diccionario. Los incluyeron en las ediciones del Diccionario manual de 1927 y 1950, pero con esa marca infamante. En las del diccionario oficial de 1936, 1939, 1947 y 1956, les prohibieron la entrada. Apoyados en la autoridad académica, los puristas aficionados predicaban contra lo que se consideraba el más grave pecado lingüístico. Pero la palabra control era muy útil y la pobre gente necesitaba algo para suplirla. Encontraron en el diccionario una palabra de la misma familia, contralor , también de origen francés (de contrôleur ), pero que contaba con la bendición académica desde la primera edición (el Autoridades , de 1729). Como la definición empezaba con la palabra "oficio", no se dieron cuenta de que contralor no designaba la acción de controlar, sino a una persona que controlaba. Y crearon una nueva y disparatada regla: "No debe decirse control , sino contralor ". Mucha gente creyó que control era una deformación de contralor , y acató la regla. Con el tiempo, control y controlar fueron legitimados y entraron triunfalmente en la edición del DRAE de 1970. La ridícula regla fue cayendo en el olvido, pero algunas víctimas de aquella machacona prédica no pudieron desprenderse de lo que erróneamente les habían inculcado.
De otros tiempos
Desde Bahía Blanca, escribe María Beatriz Dewey: "En la sección «Última página» del día 14, el artículo titulado «Gran concurso de belleza» comienza informando que «el 14 de agosto de 1908 se desarrolló en la localidad británica de Folkestone el primer concurso internacional de belleza femenina». El artículo finaliza diciendo: «Y todavía hoy, el concurso recrea aquellos primeros días, también con trajes de época». Le pido tenga a bien ilustrarme sobre si es correcto el uso de la expresión «trajes de época». En este caso, queda claro que la época a la que se refiere la nota es la de la iniciación de estos concursos de belleza. Pero he tenido ocasión de oír en muchas oportunidades esas palabras fuera de todo contexto que nos remita a una época determinada. Incluso, con motivo de ciertos festejos en alguna localidad vecina a mi ciudad, han promocionado como parte de las atracciones, el desfile de «autos de época», refiriéndose a autos antiguos".
Posiblemente, en la nota, los trajes de época mencionados fueran de la época en que empezaron a realizarse esos concursos. Eso parece lógico, como observa la lectora, pero en realidad no es lo que está dicho. Para indicar que los trajes pertenecían a esa época, debería haberse dicho "trajes de aquella época". La locución adjetiva de época no se refiere a una época determinada ni indicada por el contexto (aunque en un contexto, como en este caso, uno puede suponer que es la época de la que se está hablando). Esta locución se aplica a cosas típicas de tiempos pasados. Por eso, en el desfile de autos antiguos podía hablarse de "autos de época".
Los hijos del dragón
"En una edición reciente del suplemento Comercio Exterior en la cual se publica un artículo sobre el comercio con China, se lo ilustra con el dibujo de un dragón agresivo y flamígero. Pero ocurre que el dragón desde la perspectiva china es un animal tranquilo y hasta tímido. Está compuesto por una cabeza de camello, los ojos de conejo, el cuerpo de la serpiente, las escamas de una carpa, las garras de un halcón y las patas de un tigre. O sea que no tiene nada que ver con el dragón occidental que tiene alas y escupe fuego, que se alimentaba de doncellas puras y atacaba los poblados medievales y que sólo pudo ser derrotado por caballeros como san Jorge. Es más, los chinos se consideran «hijos del dragón» y este animal mitológico es reverenciado desde hace más de 7000 años pues su presencia augura abundancia, prosperidad y salud", escribe Ricardo H. Forrester.
Aspavientos rioplatenses
Escribe Pablo González: "« Pamento es un vocablo lunfardo, de uso frecuente entre los uruguayos, pero no por ello aceptado por la Real Academia Española». Es una convicción con la que he vivido más de treinta años, pero esta convicción, como los males, no duró cien años. Ayer se hizo añicos, cuando consulté el DRAE , donde se define como un sustantivo masculino coloquial usado en el Uruguay y se remite a aspaviento . ¿Qué sabe usted de este uruguayismo? ¿Viene de aspaviento ? ¿Es un italianismo? ¿Cuándo fue aceptado?".
El uruguayismo coloquial pamento fue incorporado en la última edición del DRAE , de 2001. En efecto, proviene de aspaviento o, quizá, del italiano spavento . En la Argentina tenemos dos formas, aspamento y espamento , y sus adjetivos derivados aspamentoso y espamentoso , que no sé si se usaron también en el Uruguay. De haberse usado, es posible que pamento venga, por aféresis, de esas formas intermedias.
En la Argentina, las formas espamento y espamentoso son, o fueron, mucho más frecuentes que aspamento y aspamentoso . Incluso hubo algún poeta lunfardo que escribió alguna vez spamento . Esto abonaría la tesis de que son formas de origen italiano. Las formas con a- podrían entenderse como surgidas del cruce con aspaviento y aspaventoso . Y la terminación -mento se explica por analogía con tantos sustantivos que tienen ese sufijo. Estos argentinismos no figuran en el DRAE y hoy en día son bastante desusados. En la época en que se usaban más, la Academia no los hubiera incorporado porque eran considerados deformaciones vulgares.



