Quiromancia

Mariano Holot
Mariano Holot LA NACION
Fuente: AP - Crédito: Marco Ugarte / Edición fotográfica Dante Cosenza
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15 de noviembre de 2018  

LA CONCHA, MÉXICO.- El de la palma de la mano es el primer registro de nuestra identidad. Apenas nacemos, la toma de su huella es la constancia precisa de que somos una persona en particular, ya que las líneas de la palma son irrepetibles, como cada ser humano. Algunos ven en esas señas no solo un medio de identificación, sino también un símbolo cuyo desciframiento permite revelar rasgos de una personalidad e incluso el futuro de un individuo, su destino hasta al fin de su vida. Incluso se cree que por la "lectura" de apenas una sola línea de esa mano se puede develar la extensión de esa vida. Aquí, lo único que se ve de alguien que anhela cruzar una frontera en México es la mano abierta, aunque ese gesto franco no nos permite saber quién es su dueño ni jugar a adivinar su porvenir. No podemos penetrar esa dura oscuridad: la identidad y el destino de ese migrante siguen ausentes, fuera del alcance de las artes de la quiromancia.

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