
Raíz común
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Las últimas denuncias y apelaciones a los poderes públicos de distintas organizaciones y segmentos del empresariado tienen una raíz común.
Pero al contrario de lo que ocurrió habitualmente en la historia político-económica de las últimas décadas esa raíz no es algún tipo de propósito compar- No hay propósitos compartidos ni suma de voluntades: la regla es el conflicto de intereses aun dentro de sectores y organizaciones determinados tido ni supone una suma de voluntades aunadas para obtener un cambio en las reglas de juego o un rumbo diferente en la conducción de los asuntos públicos.
Lo que la actual raíz común de esos pronunciamientos tiene verdaderamente en común -valga la redundancia- no es otra cosa que el quedar convertidos a la postre en expresión de conflictos de intereses alojados dentro de contextos determinados de la economía privada destinados paradójicamente a la defensa de intereses comunes.
La reciente denuncia del presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA) Jorge Blanco Villegas en torno del incumplimiento y vigilancia ineficaz de las disposiciones aduaneras no sólo provocó una respuesta airada de las organizaciones que representan a los supermercados sino también la respuesta negativa de uno de los sectores internos tradicionalmente más gravitantes dentro de la organización fabril: la Coordinadora de Fabricantes de Productos Alimenticios (Copal) presidida por Alberto Avarez Gaiani.
Es imposible dejar de señalar por cierto que la acusación de la UIA reconoce como antecedente inmediato una cuestión similar planteada aunque no tan frontalmente en el corazón de la industria del tabaco entre las res pectivas firmas líderes (Massalin Particulares y Nobleza) cuyas derivaciones definitivas aún están por verse.
Rechazos
Pero en suma: la denuncia contó con el acuerdo de sectores estrechamente vinculados con la conducción de la UIA (productos electrónicos y calzado por ejem- Ovidio Bolo
plo) pero no con el de otros que como los procesadores de alimentos no tenían el menor interés en entrar en conflicto abierto con las grandes empresas comerciales nucleadas en la Federación y en la Cámara de Supermercados que preside Ovidio Bolo y que es una de las mayores organizaciones asociadas a la Cámara Argentina de Comercio.
A pesar del comunicado con que la Asociación de Fábricas de Automotores (Adefa) fijó una posición común ante el acuerdo sobre intercambio de automotores y de autopiezas suscripto el lunes pasado por Domingo Cavallo y la ministra de Industria del Brasil Dorotea Werneck ninguno que conozca el paño puede creer que la contradicción de intereses entre las multinacionales radicadas en ambos países del Mercosur y las terminales radicadas solamente aquí o en ese país haya perdido vigencia o entrado en una etapa de resolución.
Las protestas de Francisco Macri titular del grupo Socma presidente de la Unión Argentina de la Construcción (UAC) y cabeza real de Sevel han sido demasiado contundentes como para ser echadas con rapidez en el olvido.
Por fin y para cerrar la lista de casos principales basta señalar que la puja entablada entre las compañías telefónicas y los grupos locales y extranjeros interesados en la televisión por cable todavía tiene por delante capítulos enteros.
Denominador y regla
¿Qué denominador común tienen todos estos casos? Más allá del grado de demanda ante los poderes públicos que revisten exponen conflictos de intereses librados dentro del sector privado que surgen fundamentalmente de aspirar al acceso o al mantenimiento de segmentos o negocios específicos dentro del mercado.
Dentro de un mercado en el que por otra parte los efectos de la estabilidad y las consecuencias de la retracción han dejado ya sus enseñanzas. El consumidor administra selectivamente su propia escasez y al mismo tiempo la competencia crece. Desde hace rato nadie tiene asegurada una porción del mercado y menos todavía una renta o cuasirrenta similar a aquellas en que fue pródiga la economía cerrada.
No hay solidaridades inter o intrasectoriales. El conflicto de intereses privados es la regla tanto fuera como dentro de las organizaciones empresariales. Cualquier pedido de acción o intervención de los poderes públicos encuentra con rapidez su réplica en el sentido contrario.
No hay astillas; sólo hay cuñas del mismo palo.
Parece imposible dejar de admitir que la Argentina ha cambiado.
Y por cierto tampoco hay motivos firmes para sentir nostalgia alguna.




