
Recuerdos porteños de una pluma de Salem
Una pintura de la infancia del notable autor norteamericano, contada en Buenos Aires
1 minuto de lectura'
"Muerto Hawthorne, los demás escritores heredaron su tarea de soñar"
Jorge Luis Borges
"Si alguna vez alguien escribiese mi biografía, deberá incluir en ella una referencia destacada sobre este cuarto, porque en él transcurrió la mayor parte de mi solitaria juventud; allí se forjó mi mente y mi carácter; en ese lugar he sido dichoso y esperanzado y en él conocí también la desilusión..."
Nathaniel Hawthorne (1804-1864), autor de La letra escarlata y uno de los máximos exponentes de las letras norteamericanas del siglo XIX, participaba a su futura esposa, Sophia Peabody (hermana de Mary Peabody Mann, amiga y traductora de Sarmiento), en una extensa carta, su íntima valoración del espacio que albergó su infancia y adolescencia. No podía entonces imaginar el escritor que, mucho antes de la aparición de su primera biografía, aquellas vivencias pasarían a integrar el anecdotario familiar y las historias narradas en las tertulias de la sociedad porteña de las que participaría su prima Luciana.
Hawtorne se refería entonces a la casa de la calle Herbert, en Salem, Massachusetts, donde transcurrieron los años que siguieron a la temprana pérdida de su padre cuando Elisabeth -Betsy- y los pequeños hijos del capitán Hawthorne quedaron en tal situación económica que se vieron forzados a recurrir a la generosa ayuda de la madre de Betsy, la abuela Manning, en cuya casa se establecieron. Fueron tiempos muy duros los años que sucedieron a la contienda de 1812 contra los ingleses, y la alternativa para muchas familias fue el exilio.
En 1947, Manning Hawthorne, investigador y -a juzgar por su nombre y apellido- astilla del mismo palo, recogió un artículo del The New York Observer, publicado en 1887 con el extraño seudónimo de Vieja (así, en castellano), a quien el historiador identificó como Lucy Ann Sutton de Bradley y en el cual la autora relata sus recuerdos sobre las periódicas visitas que realizaba con su madre, Lucy Lord Sutton, a casa de los Manning, en Salem, la ciudad-puerto célebre por los procesos de "brujería" antes que por su prestigio comercial.
Sesenta años después de los acontecimientos y desde su hogar en la calle Comercio (hoy Humberto I) en Buenos Aires, tan distante -en la geografía- de su Nueva Inglaterra natal, Lucy Ann describe sus frecuentes encuentros y juegos con el niño que era, por aquel entonces, su primo Nathaniel Hawthorne. El relato abarca el período comprendido entre 1814 y 1821, es decir, entre los diez y los dieciséis años de los protagonistas.
Aquel lugar sobre el que Hawthorne reclama especial atención a un eventual biógrafo es precisamente el marco de la narración de Vieja, quien en su evocación señala la profunda coherencia afectiva de los habitantes de la casa de Herbert Street, su trato gentil, el respeto, la cortesía, el humor, la educación y la buena lectura como costumbre arraigada desde la infancia. Es elocuente el diálogo que sostienen los primos acerca de sus obras literarias favoritas; la frecuente alusión de Lucy -en su relato- al libro en manos de Nat y las reuniones de lectura, habituales en el seno familiar: "Nathaniel, ¿por qué lees Byron? -le pregunté-. ¿Por qué no? -respondió-. No lo sé, sólo que mi madre no me permite hacerlo".
Más adelante, Lucy Ann enumera sus libros predilectos: Miss Edgeworth , Pilgrims progress , The American Museum y comenta a Nathaniel incursiones en la lectura de Shakespeare bajo la guía de su padre, Richard Sutton, provocando con ello el asombro de su jactancioso primo citadino ante una pajuerana que leía nada menos que al vate de Stratford.
Salem, por entonces, era una ciudad de poco más de ocho mil habitantes, sexta en orden de importancia en los Estados Unidos, y Lucy venía de Portland, apenas poco más que una aldea.El calificativo provocó una airada respuesta de la joven que incluyó una hiriente referencia al ominoso pasado de brujería de Salem, tema que -por otra parte- obsesionó a Nathaniel durante casi toda su existencia, poniendo así firme barrera a toda otra futura calificación peyorativa de su parte. Concluido el episodio, a la mañana siguiente leyeron juntos pasajes de La tempestad y Nat relató a Lucy pasajes del El mercader de Venecia. Vieja describe con ternura la atmósfera de Manning House. "Era un hogar sin alegrías. Las habitaciones tenían muy pocos muebles y éstos eran de la clase más sencilla, sin alfombras ni cortinas. La señora Hawthorne y su familia vivían en la parte alta de la casa "...Siempre me agradó subir al cuarto de la abuelaÉ Su habitación tenía alfombra, más como mi propio hogar que cualquier otro lugar de la casa, y era un deleite para mí sentarme en el sillón junto a su lecho y escucharle historias sobre mi madre, cuando aún era una niña pequeña, y la vez en que casi se perdió en una tormenta de nieve en Ipswich."
En algún momento de la narración es posible atisbar un cierto arrobamiento adolescente evidenciado en la figura romántica de Nathaniel que Lucy recrea cuando escribe: "...Aprendí a comprenderlo, cuando se lo veía en silencio o desinteresado por los juegos, estaba pensando en su lección o preparando pequeñas sorpresas para su madre. Dependía de él para mi distracción y la casa parecía monótona sin su presenciaÉ" o, al verlo a través de la claraboya, en el tejado desde donde él la llama: "...y mirando hacia afuera lo vi, con su espalda afirmada contra la chimenea y un libro en la mano. Me pidió que fuera hasta él y le contesté que tenía miedo..." "Como todas las niñas...", respondió. Doce años es una buena edad para enamorarse.
Después de aquel encuentro, "...no volví a visitar a Salem por varios años. Nathaniel se preparaba para el colegio y su hermana Elisabeth lo asistía. Nat tenía su cuarto en el segundo piso y ella en el primero, exactamente debajo de la de él; ambas ventanas abrían al jardín, o a lo que alguna vez fue un jardín. Ahora era una maraña de enredaderas, hierbas y malezas que dejaban ver algunos parches de césped aquí y allá".
"Leyendo algunas de sus obras, he pensado que Nat bien pudo haber tomado extrañas imágenes de aquellos espacios sombríos. Hermano y hermana comunicados mediante una pequeña canasta en la que depositaban sus papeles, dejándola caer Nathaniel desde su ventana para recuperarla luego."
Entre los amigos y compañeros de Hawthorne se contaron el poeta H. W. Longfellow, Franklin Pierce (futuro presidente de los Estados Unidos), Herman Melville, Ralph Waldo Emerson y Horatio Bridge.
Sin embargo, Lucy Ann señala: "...Nunca lo oí referirse a su vida en la escuela, ni mencionar a ninguno de sus compañeros. Tampoco en mis visitas -a Manning House- me encontré con algún muchacho o niña de nuestra edadÉ" "... Creo que el entorno favoreció su inclinación por el aislamiento e hizo de él al autor de El fauno de mármol ."
Las visitas estivales llegaron a su fin hacia 1820. Tras alguna anécdota familiar, Lucy Ann concluye abruptamente su relato: "Esta fue mi última visita al hogar de la calle Herbert. Nathaniel ingresó al colegio y yo dejé los Estados Unidos".
La familia Sutton emigró a Buenos Aires, donde se radicó definitivamente. Luciana -acriollado su nombre en el trato familiar y amistoso- llegó al país de Rivadavia. Consuegra del general Lucio N. Mansilla, con cuyo nombre bautizó a su primogénita, participó de las reuniones en San Benito de Palermo y de la amistad de Manuelita. Su padre introdujo la navegación de vapor en el Río de la Plata (1835) y su nieto Eduardo Bradley realizó el primero -y único- cruce de los Andes en globo aerostático (1916). Testigo de las guerras y transformaciones que experimentó nuestra sociedad, Vieja sobrevivió casi treinta años a su esposo, Thomas Osgood Bradley, y falleció el 4 de diciembre de 1888 en la casona de la calle Comercio, a poco menos de tres meses de la muerte de su amigo Sarmiento y a un año de la publicación, en Nueva York, del artículo que recoge sus memorias adolescentes, aquéllas de los veranos compartidos con Hawthorne en Salem.




