¿Reescribir las obras maestras?
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Para definir con claridad el significado de la expresión "obra maestra" es necesario indagar en la historia. Esto implica remontarnos a la Baja Edad Media. Al régimen corporativo, a los gremios de artesanos. En los albores del siglo XIV, tal vez ya en el siglo XIII, los artesanos de las diferentes profesiones se dividían en tres clases: aprendices, criados o compañeros y maestros. Los criados podían abrir un taller propio e incorporarse al maestrazgo. Para ello, debían reunir una serie de condiciones. Uno era la realización de una obra maestra.
Obra deriva del latín opus, opera, que significa "cosa hecha". La obra puede ser un objeto material o un producto intelectual de las artes o ciencias, es decir, una novela, una escultura, una composición musical, una pintura, una obra teatral, un ensayo.
La obra maestra de un artesano medieval consistía en un trabajo que demostrara su dominio de la profesión. Su excelencia en la práctica del oficio.
Tres rasgos caracterizan a una obra maestra. Su excepcionalidad, es única, inédita, original. Su proximidad o cercanía a la perfección, posee algo de su resplandor, tal vez apenas un destello. Su vigencia, tiene que pasar la prueba definitiva: el tiempo. Es necesario esperar. El tiempo depura: hace que permanezca lo mejor de cada época. El resto es relegado al olvido. La vigencia es el resultado de la calidad. En la obra literaria, la calidad proviene, a la vez, del mensaje que contiene y de la estética con que este mensaje es presentado. Es decir, de la belleza de la lengua con la que el escritor expresa sus pensamientos y sentimientos. No solo interesa qué se dice, sino cómo se dice.
En estos últimos años han aparecido en Occidente ciertas tendencias en relación con las obras maestras literarias. Estas tendencias se enrolan en el pensamiento posmoderno y en una deconstrucción de la cultura que a la humanidad le llevó miles de años construir.
En España, la editorial Espejos Literarios se propone reescribir las obras clásicas para "crear una literatura universal más inclusiva". Pretende hacerlo mediante la adaptación de estas obras al género (sic) femenino, a otras razas diferentes a la blanca o a otras orientaciones sexuales. La ha emprendido con El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry. Ha editado La Principesa. Laura Michel, traductora mexicana muy involucrada en la editorial, afirma que "no quieren renunciar a las grandes obras de la literatura" y por eso buscaron una alternativa que hiciera posible la identificación de los lectores: decidieron incorporar la llamada diversidad. De ahí la necesidad de cambiar personajes e incluir un lenguaje "inclusivo". La Principesa no solo cambia el personaje principal y todos los dibujos del autor, sino el resto de los personajes. Los transforma en femeninos, para lograr una "equidad", puesto que, en español, eran en su mayoría masculinos. La rosa, por ejemplo, se troca en clavel, pero provisto de espinas. No se preocupen, la ingeniería genética todo lo hace posible.
Al margen de Espejos Literarios, ha habido también otras irrupciones. La reescritura llegó a Shakespeare con Otelo en juicio, una revisión racial y feminista del drama. También aparecieron dos versiones de La casa de Bernarda Alba. Una en Francia y otra en Madrid. La última es feminista y "devela" la "opresión" cultural que sufren las mujeres. En Italia, según informa LA NACION del pasado 11 de enero, le tocó el turno a la ópera Carmen. La versión feminista se presentó en Florencia el 7 de enero, avalada por las autoridades del Teatro Comunal o del Maggio Musicale y el alcalde de la ciudad. Provocó el rechazo y la indignación del público que asistió.
En la Argentina, esta tendencia reivindicativa, también podríamos llamarla vindicativa, llegó de la mano de la editorial Ethos. Apareció la versión de El Principito en lenguaje inclusivo. Con la "traducción", no sé si cabe la denominación, de Julia Bucci. También hubo "traducción" de los dibujos, parece que las imágenes no tienen valor universal, a cargo de Melina Gugliesi. La directora editorial, Gabriela Villalba, sostiene que la versión fue hecha desde el "respeto absoluto" por la obra. Sin embargo, se reemplazaron las ilustraciones originales hechas por el autor. Además, se hicieron otros cambios: la boa no ha comido un elefante, sino un volcán dormido (sic), "para que el que lea el libro no se traumatice con la imagen de un animal comiendo a otro". Vemos con alegría que han sido incluidos también los proteccionistas de algunos animales. Con respecto al llamado lenguaje inclusivo, debemos decir que no está aceptado por ningún círculo académico. Por lo tanto, se corresponde con una visión sesgada de un grupo que pretende difundirlo e imponerlo al margen de toda consideración etimológica, lingüística, gramatical, histórica y lógica. ¿Puede considerarse que esta versión tiene un "respeto absoluto por la obra"?
El diario Los Andes, en la edición del 27 de octubre último, se refirió al tema y sostuvo con respecto a La Principesa que "se toma por asalto a uno de los clásicos de la literatura".
Estas acciones encierran siempre una combinación de distintos factores, osadía, soberbia, desprecio, petulancia, ánimo de escandalizar, ignorancia, búsqueda de fama, algo de barbarie y mucho de ideología.
Las grandes obras de la literatura ya resistieron otros embates. La historia ha dado testimonio. Ojalá los lectores, a los que estas obras han sido destinadas, sepamos resguardarlas.
Licenciada en Sociología (UBA), docente y escritora
Mirta Alicia Gorga









