
Referéndum, sí o no
Por Pedro J. Frías Para LA NACION
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Me parece oportuno ocuparme de la participación ciudadana por el referéndum pedido por el jefe de gobierno, aunque no llegara a término.
Cuando se somete un texto complejo al sí o al no de un referéndum -lo que no es infrecuente en la experiencia comparada- no se supone necesariamente que el ciudadano va a tener opinión sobre cada cuestión y que su voto va a ser el promedio de su valoración. Generalmente, en el elector se produce una reducción: ¿confía en De Gaulle, que le propone la Constitución de la Quinta República? Y, en el caso del Beagle, ¿prefiere un arreglo pacífico con Chile? ¿Le basta que los argentinos recuperemos el mar, aunque no las islas?
La "participación" ha sido una de las nuevas palabras generalizadas en el lenguaje constitucional. Sabemos, oscuramente, que el sistema representativo es imprescindible, pero nadie está satisfecho con la frágil vinculación entre representante y representado. De esta frustración ha nacido el recurso de los sistemas de democracia semidirecta en la consulta popular y en las elecciones, que puede obligar a un cuerpo representativo a considerar una norma (iniciativa), que convalida o rechaza un texto (referéndum) o que revoca un mandato popular (revocatoria o recall ).
Kriele explica que estos instrumentos de democracia semidirecta son el préstamo que pide la democracia constitucional representativa, en la que el pueblo calla una vez que ha elegido, a la democracia de Rousseau, en la que el pueblo sigue hablando. Pero la cohabitación entre las dos democracias no es cómoda ni para los representantes, que pueden verse desautorizados, ni para los partidos, obligados a confrontaciones a veces no deseadas.
Pero el verdadero problema se esconde en la participación de hecho, cuando el sistema ofrece al pueblo la oportunidad: es que el pueblo suele rechazar la invitación.
Ofrezco un ejemplo: Canals es una ciudad chic del sur de Córdoba. Debía votar la revocación del intendente, en conflicto con el Concejo Deliberante. Los medios habían realzado la opción. No hubo la reacción esperada, sino otra muy diversa: sólo setenta vecinos se presentaron a votar. ¿Los otros? Seguramente pensaron que era una "interna" de la clase política. Se la devolvieron. El referéndum, en este caso revocatorio, rebotó en la dirigencia.
Lo que voy diciendo es una lectura de la realidad. Lo saben también los mendocinos, porque entre ellos una reforma constitucional se frustró por insuficiencia de participación.
Reglas prácticas
Me parece una pretensión sugerir conductas para obtener participación, pero no podemos renunciar a un valioso instrumento de corrección de los abusos del sistema representativo.
En primer lugar, parece merecer participación popular el sistema que logra transparencia en su acción: motivaciones compartidas, negociaciones a la vista, consultas oportunas, contacto con las asociaciones intermedias.
En segundo lugar, supuesto que se ha superado la trastienda, la propuesta al pueblo debe nacer de la realidad: corregir una norma constitucional inadecuada, sancionar inconductas públicas, instruir a los representantes para una decisión concreta.
En tercer lugar, cuando la cuestión propuesta es compleja, simplificarla con una buena pedagogía, éticamente positiva, en la que los medios de comunicación no atropellen la libertad de opinión.
Y en cuarto lugar, si no hay más remedio, poner la cuestión de confianza. Y atenerse al resultado...
Lo que se difunde en Occidente, pausadamente, es la consulta popular sobre problemas de sociedad. A veces no son complejas, pero sí trascendentes. Normalmente se asocian a otra elección.
California y Suiza están a la cabeza en el ejercicio del referéndum. Entre 1958 y 1982, hubo seis en California. Entre 1972 y 1988, hubo en Suiza nueve consultas sobre dieciséis cuestiones. California, por ejemplo, anuló una ley intervencionista en el mercado inmobiliario y rechazó la limitación de centrales nucleares. Suiza no aceptó la semana de 40 horas, la cogestión y el planeamiento territorial, la protección de los inquilinos, el desarrollo de los derechos de los consumidores, la abolición del secreto bancario. En 1985, Italia rechazó la escala móvil de salarios. En Francia nació una asociación para el desarrollo de la democracia directa que desea que el voto popular -lo que no está previsto para el referéndum francés- decida sobre el aborto, la inmigración, la libertad de enseñanza y otras cuestiones de sociedad. Argumenta este grupo que el Parlamento ha perdido su soberanía originaria a favor del Ejecutivo y que hay que devolverle la palabra al pueblo.
Mi impresión es favorable al referéndum en problemas de competencia nacional, provincial y municipal. Admito que su costo social es grande, como se observó en cuanto a la ley de amnistía en Uruguay, pero en opciones que dividen la opinión, la palabra del pueblo es saludable para exorcizar los juegos de la dirigencia política.
Una observación final: han sido tan frecuentes las críticas al Estado parlamentario que cabe decir que no implican necesariamente crítica al Estado representativo. Y cabe añadir que no toda crítica a la democracia representativa conduce, sin más, a la democracia directa.
Para el estudio jurídico, recomiendo el trabajo de Gregorio Badeni Formas semidirectas de democracia , editado por la Academia de Ciencias Morales y Políticas.






