Réquiem a la cultura del chirlo

Adrián Díaz
Itzhak Levav
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27 de marzo de 2019  

Quién no ha escuchado o formulado expresiones como "mejor un sopapo a tiempo que lamentarse cuando los chicos sean más grandes" o "a mí me aplicaron la ?pedagogía de la chancleta' y tan mal no salí" y otras muchas que el lector podría aportar? Pues bien, un reciente informe de la prestigiosa Asociación Americana de Pediatría (AAP) alerta que el uso del castigo corporal (cachetazos, nalgadas, sacudones, tirones de pelo u orejas) como método disciplinario y las conductas humillantes (burlas, insultos y descalificaciones) tienen consecuencias negativas a corto, mediano y largo plazo en la constitución del psiquismo de los niños.

En efecto, la evidencia científica muestra que estas prácticas se asocian con mayor riesgo de problemas de memoria, dificultades de aprendizaje y retrasos cognitivos que derivarán en dificultades académicas desde la etapa escolar, incluido el tan frecuentemente diagnosticado síndrome de déficit de atención con hiperactividad. Asimismo, en el área del desarrollo emocional y conductual se ha encontrado una fuerte asociación con trastornos psiquiátricos, problemas interpersonales y actividades antisociales de alto riesgo.

En una dimensión más colectiva o social, la puesta de límites de manera violenta por parte de los padres transmite a los niños un modelo de relacionamiento y resolución de conflictos que podría ser decodificado como: "Cuando en la vida te enfrentes a algún un conflicto con otra persona, la forma más simple de resolverlo es a los golpes".

Sin duda alguna, la responsabilidad del proceso de crianza recae principalmente en la familia; sin embargo, es importante señalar que existe un marco ético y legal internacional, como la Convención sobre los Derechos del Niño, la cual, en su artículo 19.1, insta a los Estados a adoptar "... todas las medidas legislativas, administrativas, sociales y educativas apropiadas para proteger al niño contra toda forma de perjuicio o abuso físico o mental, descuido o trato negligente, maltratos o explotación, incluido el abuso sexual?". Ello ha llevado a más de 50 países en todo el mundo a legislar contra el maltrato a la niñez.

Por lo tanto, desde los marcos legales internacionales, desde la convivencia pacífica y desde la evidencia científica, no cabe duda de que el castigo corporal como método disciplinario debe ser desterrado de nuestras prácticas de crianza.

Pero no es menos cierto que la puesta de límites es un componente esencial del proceso de crianza, pues constituye un aspecto fundamental para la constitución del psiquismo y la vida en sociedad. Entonces, el desafío consiste en saber y poder poner límites de manera no violenta. Al respecto, si partimos del supuesto de que los comportamientos violentos y degradantes por parte de los padres y/o educadores responden más al desconocimiento y a la impotencia que al convencimiento sobre sus beneficios, el mencionado informe de la AAP constituye un valioso aporte para orientar a familias, docentes y trabajadores de salud en el proceso de crianza y educación no violenta, sugiriendo estrategias adecuadas a las diferentes edades y períodos madurativos de los niños.

En estos días en que asistimos a niveles crecientes de violencias de todo tipo -en especial, la violencia basada en el género-, es necesario reflexionar sobre el origen de esas conductas, las formas de eliminarlas y desterrar la idea que la violencia intrafamiliar corresponde a la esfera de lo privado. De esta manera estaremos dando pasos más firmes para revertir un flagelo de trágicas consecuencias individuales y sociales.

Díaz es pediatra, salubrista; Levav, psiquiatra, epidemiólogo, exasesor regional en salud mental de la OPS/OMS y docente universitario

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