Vida y destino. El clásico que casi se pierde para siempre

Fuente: LA NACION
Hace cuarenta años la gran novela de Vasili Grossman logró publicarse en Occidente, sorteando la censura que en la URSS la había condenado a la desaparición; hoy, más obras se suman al canon de un autor insoslayable del siglo XX
Nicolás Mavrakis
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31 de octubre de 2020  • 00:00

Como corresponsal del diario soviético Estrella Roja, Vasili Grossman pasó entre 1941 y 1945 más de mil días en el frente europeo oriental de la Segunda Guerra Mundial, o como se la llamó en la Unión Soviética, la Gran Guerra Patriótica. Todo lo que experimentó junto al Ejército Rojo, al que se unió en cuanto los nazis lanzaron su guerra de exterminio contra la "raza eslava", fue debidamente escrito, aunque no siempre sería autorizado a publicarlo, como señala el historiador británico Antony Beevor en Un escritor en guerra. Vasili Grossman en el Ejército Rojo.

Aun así, comenzando por el paso triunfal de la Wehrmacht sobre Ucrania, donde Grossman había nacido en 1905 y su madre sería ejecutada en 1941 junto a otros 30.000 judíos por los Einsatzgruppen nazis en Babi Yar, pasando por la sorprendente victoria en Stalingrado de 1943 hasta la llegada a Berlín en 1945, donde los civiles derrotados del Tercer Reich fueron los primeros en responder "por todo lo que había sido incendiado, robado y volado en Rusia", como anota Grossman en Años de guerra, lo convirtieron en uno de los más importantes testigos literarios del evento central del siglo XX, como lo fueron los italianos Curzio Malaparte (La piel) o Primo Levi (Si esto es un hombre).

Pero para Grossman la Gran Guerra Patriótica significó algo más: una gradual toma de posición contra un régimen que, aunque le había otorgado las mayores condecoraciones por su impresionante trabajo, en el proceso había devorado mediante las purgas y el gulag no solo a parientes, parejas, amigos y colegas, sino a los grandes ideales de la Revolución rusa.

Los signos de este giro se perfilaron en Por una causa justa, la novela publicada en 1952 que, ambientada durante el primer año de la invasión nazi, le valió a Grossman su primera advertencia. Para editarla cuando Stalin aún vivía, Grossman, por entonces toda una figura de la cultura comunista, tuvo que ceder a las revisiones de la Unión de Escritores Soviéticos, que cambió incluso el título original, Stalingrado, por considerar que no le correspondía a un judío ucraniano contar la gran gesta militar rusa.

Eran los años en que el estalinismo atravesaba su etapa antisemita, establecida bajo la idea inicial de que distinguir los crímenes nazis a partir de su sesgo de odio religioso significaba ceder a un "cosmopolitismo" opuesto al proletariado ruso, posición que no tardaría en convertirse en otro de los delirios persecutorios de Stalin; en esa oportunidad, contra los médicos judíos "complotados" para asesinar a los altos dirigentes comunistas. A pesar de esto, Grossman siguió trabajando y en 1960, muerto Stalin, terminó la segunda parte de Por una causa justa: la aún más monumental Vida y destino, una novela que fue "arrestada" por la KGB en 1961, antes de su edición, por considerarla un grave ataque al poder soviético.

Sería la llegada clandestina de una copia secreta microfilmada a Suiza lo que, recién en 1980, 16 años después de la muerte de Grossman (quien terminó sus días en 1964 convencido de que su mejor libro había sido destruido) liberaría de la censura a uno de los artefactos literarios más fascinantes del siglo XX.

"Querido Nikita Serguéievich: no he dejado de pensar en lo que ha destrozado mi vida, en el final trágico de mi libro. En mi libro hay páginas de amargura y dolor por nuestro pasado reciente, por los hechos de la guerra. No son fáciles de leer. Tampoco ha sido fácil escribirlas, créame", le escribió Grossman en febrero de 1962 a Nikita Kruschev, Secretario del Partido de la URSS y antiguo conocido de Stalingrado. Según le informó entonces la KGB, el autor debería esperar, al menos, 250 años para publicar su novela. Ahora, sin embargo, al cumplirse 40 años de la aparición de Vida y destino en Occidente, la figura del "Tolstói de la Unión Soviética", como suele llamarse a Grossman sin otra gentileza que la precisión (incluso militar, ya que fue uno de los últimos visitantes a la casa del maestro ruso en Tula antes de que el general alemán Heinz Guderian la usara como cuartel), mantiene una vigencia que hace sorprendentemente verdaderas a todas las frases en las contratapas de sus libros.

"Trepidante pulso narrativo", "magnífica novela", "sobrecogedor relato" o "lectura inolvidable", por citar algunas, son descripciones a la altura de una obra que, en perfecta sintonía con Guerra y paz, cuyo modelo Grossman tuvo en cuenta desde el primer instante, no deja de sorprender por su calidad literaria, filosófica y moral. El nazismo y el comunismo como preguntas existenciales sobre el totalitarismo, los campos de concentración alemanes y el gulag soviético, la violencia de la guerra y la humillación de la obediencia, la fe en el amor y el miedo a la libertad: todo eso forma parte de Vida y destino, un libro que sin estar escrito contra el comunismo ni ser un libro comunista, involucra a personajes imaginarios con otros tan reales como Hitler y Stalin, a la vez que viaja entre lo cotidiano y lo metafísico desde el frente de batalla en Stalingrado hasta los laboratorios científicos en Moscú, atravesando incluso las cámaras de gas de Treblinka, que Grossman tuvo oportunidad de descubrir en Polonia y contarle al mundo en El infierno de Treblinka.

"La historia del hombre no es la batalla del bien que intenta superar al mal. La historia del hombre es la batalla del gran mal que trata de aplastar la semilla de la humanidad. Pero ni siquiera ahora lo humano ha sido aniquilado en el hombre, entonces el mal nunca vencerá", dice la voz de Vida y destino acerca de uno de los momentos más oscuros de la humanidad.

Formado como químico e ingeniero antes de convertirse en escritor profesional por recomendación de Máximo Gorki, Grossman condensa en sí mismo muchas de las paradojas de la Rusia de su época. Ucraniano y judío, ciudadano soviético modelo y artista ejemplar, patriota comprometido y revolucionario convencido, todo lo que debió haberlo elevado a la cumbre de la sociedad comunista de su era se transformó, en cambio, en una espiral cada vez más brutal de opresión y silencio.

Si se trató de ingenuidad política o heroísmo idealista es una discusión abierta. Aún así, la severidad de sus observaciones sobre las aristas de la naturaleza humana al detallar, con el mismo rigor, tanto las violaciones en masa de mujeres alemanas por parte del Ejército Rojo como los asesinatos nazis en Treblinka (donde el SS Zepf "se había especializado en enarbolar niños como una maza y golpear su cabeza contra el suelo, o bien partirlos por la mitad") demuestra que Grossman no pudo permanecer inocente durante mucho tiempo. Sin embargo, ni las peores realidades del nacionalsocialismo o el comunismo, que no eran las que se desataban en medio de la guerra sino las que se planificaban desde el Kremlin o la Cancillería del Reich, doblegaron su fe en que "lo humano es indestructible".

Como homenaje a esta fe humanista en forma de literatura, a cuarenta años de la edición de Vida y destino acaba de publicarse la versión original de Por una causa justa con su título real, Stalingrado (distinto al Stalingrado que reúne sus crónicas de guerra) y también sus cuentos reunidos en Eterno reposo y otras narraciones, en los que sintetizó el arco estético e ideológico que va de la ilusión a la decepción. En el camino, Grossman jamás perdió de vista la necesidad de una resistencia intelectual, dispuesta a dar testimonio a pesar de todo.

Fuente: LA NACION

ETERNO REPOSO Y OTRAS NARRACIONES

Vasili Grossman

Galaxia Gutenberg

Trad.: A.Kozinets

256 págs./$ 1300

Fuente: LA NACION

VIDA Y DESTINO

Vasili Grossman

Galaxia Gutenberg

Trad.: Marta Rebón

1120 págs./$1400

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