Resulta indispensable volver a la escuela

Gustavo Zorzoli
Gustavo Zorzoli PARA LA NACION
Las escuelas se preparan para el retorno a las clases presenciales
Las escuelas se preparan para el retorno a las clases presenciales
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2 de agosto de 2020  • 21:42

El informe "Frecuencia y fines del vínculo pedagógico en cuarentena", elaborado recientemente por el Observatorio Argentinos por la Educación a partir del cuestionario que recabó información sobre las características de la escuela con relación a la jornada escolar y el vínculo pedagógico en el contexto del Covid-19 contiene las respuestas dadas por familias que tienen conexión a internet, aunque sea mínima o intermitente. Los resultados muestran que solo cerca de una de cada dos escuelas mantiene contacto diario con los alumnos durante la cuarentena, mientras que alrededor del 90% lo hace no más de una vez por semana. Además, solo el 8% de las escuelas se comunica con las familias y esto, cada dos semanas. Por otro lado, desde el punto de vista didáctico quedó expuesto que más del 80% de las actividades propuestas por los docentes son asincrónicas, es decir, consisten en descargar y enviar tareas, ver videos o consultar contenidos en la web; y que apenas un 17% de las escuelas hacen uso de herramientas de comunicación que permiten dar clases sincrónicas por videoconferencia.

Respecto de la respuesta de las escuelas públicas y privadas en relación con la situación planteada por la cuarentena vigente, el jueves pasado el Gobierno presentó los resultados preliminares de la "Evaluación Nacional del Proceso de Continuidad Pedagógica"-una serie de encuestas a directivos y familias-, que contó con el apoyo de Unicef. El relevamiento mostró con claridad la inmensa brecha que existe entre ellas en lo referido a la intensidad del vínculo entre estudiantes y docentes. En el caso de las instituciones públicas, la disponibilidad de internet de calidad, que alcanza solo a la mitad de las familias, dificulta la comunicación efectiva entre docentes y alumnos; otra situación a considerar es que el 53% no tiene una computadora personal para uso educativo. Por ejemplo, mientras las clases sincrónicas por videoconferencia se desarrollaron en el 73% de las escuelas privadas, esta herramienta solo alcanzó el 17% en las escuelas públicas. Asimismo, apenas seis de cada diez estudiantes reconoce haber aprendido nuevos contenidos durante la cuarentena y solo uno de cada tres, que participó de una continuidad pedagógica de alta intensidad. Es más, casi el 60% de los estudiantes afirma que la cantidad de las tareas ha sido excesiva.

Mientras las clases sincrónicas por videoconferencia se desarrollaron en el 73% de las escuelas privadas, esta herramienta solo alcanzó el 17% en las escuelas públicas

Las diferencias entre una enseñanza presencial diaria y otra, de índole virtual o a distancia -que en el 75% de los casos se ha implementado un poco más de una vez por semana con los alumnos- son causas fundamentales de los magros resultados. Con este estado de situación no es difícil asegurar que el cuatrimestre pasado se ha perdido desde el punto de vista académico, más allá de la dedicación de los docentes -que han trabajado incansablemente- y el esfuerzo de estudiantes y sus familias. Lo cierto es que será imposible recuperar el tiempo escolar no cursado y se tendrán que planificar los ciclos 2021 y 2022, con el fin de que nuestros estudiantes se apropien de los conceptos esenciales que deberían haber adquirido en el actual ciclo; sobre todo, si el regreso a la escuela se sigue postergando. Un dato muy desolador es que entre los directivos encuestados se espera que un 10% de los 4 millones de estudiantes no regresen a la escuela.

Es imprescindible atender al hecho de que mantener a los estudiantes fuera de la escuela no solo los priva de un derecho fundamental que es el de aprender, sino que pone en riesgo su salud; ya que han disminuido la actividad física y su posibilidad de recreación y juego, alterado su descanso (no duermen bien, por caso), presentan problemas nutricionales y hasta depresión y/o ansiedad. Es más, los chicos pueden sufrir estados de aislamiento social, que a su edad son difíciles de procesar. Adicionalmente, y a medida que el desempleo y el estrés en las familias aumentan, los casos de violencia doméstica pueden incrementarse tanto como la deserción escolar crecer exponencialmente -particularmente, entre los adolescentes. En este marco, el desaprendizaje -un concepto que estamos incorporando- se profundiza, ya que muy probablemente un alto porcentaje de quienes regresen a la escuela estarán en peores condiciones de cómo lo estaban en noviembre del año pasado; no menos importantes serán las secuelas a mediano plazo que se generarán por la falta de formación y contención en el ámbito escolar.

El desaprendizaje se profundiza, ya que muy probablemente un alto porcentaje de quienes regresen a la escuela estarán en peores condiciones de cómo lo estaban en noviembre del año pasado

Es por eso que resulta indispensable volver a la escuela y para ello no es posible esperar que el virus desaparezca, puesto que ya hemos visto en otras regiones del mundo que los rebrotes son posibles. Tampoco podemos aguardar la llegada de una o más vacunas -de las cuales no sabremos su grado de seguridad ni su eficacia, ya que no estarán disponibles por bastante tiempo para los niños y adolescentes, pues su producción seguramente apenas alcanzará para cubrir las necesidades del personal de salud, de los mayores adultos y de las otras personas de riesgo.

En este contexto, deberíamos hacer los mayores esfuerzos en dos direcciones. Primero, regresar a la escuela, en principio, con los niños más pequeños, que son por lejos los menos afectados por el virus, observando en las instituciones los parámetros de cuidados consabidos: distanciamiento social, uso de mascarillas, lavado de manos, limpieza de pupitres, bancos y material didáctico, limpieza y desinfección de lugares comunes, grupos reducidos con alternancia, incremento de las clases al aire libre, aulas ventiladas de forma permanente, control de temperatura, horarios de entrada y salida escalonados, y esquemas de horarios reducidos. En segundo lugar, proveer a los docentes y a los estudiantes de sectores vulnerables de internet para achicar la brecha digital y revertir la falta de conexión sincrónica. Ambas iniciativas tienden a que maestros y alumnos vuelvan a encontrarse cara a cara para que sea posible el acto educativo.

Porque tiene que quedar claro: enviar tareas no es enseñar y resolver tareas tampoco es aprender.

Director de la Escuela de Formación en Ciencias; exrector del Colegio Nacional de Buenos Aires

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