
Ropa y discriminación
1 minuto de lectura'
Hace unas semanas, la reglamentación de una ley en la provincia de Buenos Aires causó desconcierto y zozobra entre los comerciantes de ropa, pero propició un pequeño debate en la sociedad argentina al que vale la pena dedicarle un poco más de atención.
De acuerdo con el decreto 866, publicado en el Boletín Oficial, que reglamentó la ley 12.665, los comercios de ropa están obligados a tener todos los talles correspondientes a las medidas antropomórficas de la mujer adolescente, de las prendas y modelos que comercialicen y ofrezcan al público. En los fundamentos de la ley se detalla que "se busca atenuar las consecuencias cada vez más graves de los modelos de mujeres ajenos a la contextura física de la mayoría de las personas". Es decir, se apunta entre otros objetivos a buscar nuevas armas para luchar contra la bulimia y la anorexia juveniles.
La denominada "ley de los talles" fue aprobada por unanimidad el 8 de marzo de 2001, en una sesión especial realizada en el Senado provincial por el Día Internacional de la Mujer, pero sólo ahora se ha reglamentado, es decir, cuatro años y medio después. Como esta medida sólo se pondrá en práctica a partir de la primavera próxima, hay 180 días por delante para que los directamente implicados -comerciantes, importadores, distribuidores y fabricantes de ropa de la provincia- se adapten a la normativa y no se vean perjudicados. Pero una vez que se ponga en marcha, los que no cumplan pueden ser sancionados con multas que van hasta los 500.000 pesos y la clausura del comercio.
Por supuesto que las voces en contra no se hicieron esperar y no partieron sólo de los que quedan comprendidos en este decreto, sino de aquellos especialistas en moda que, al tener una mirada más lejana y, por lo tanto, más reflexiva sobre el tema, han objetado la imposición de una ley en un campo, precisamente el de la moda del adolescente, donde los cambios están a la orden del día y la elección de la vestimenta es muy personal.
A pesar de la buena voluntad de los legisladores en su afán por poner remedio a una situación de cierta injusticia que alcanza no sólo a las adolescentes, sino que comprende a las mujeres adultas y también, aunque en menor medida, a los hombres y las personas mayores, es cierto que no es con imposiciones legales o medidas compulsivas como se solucionará este problema, sino propiciando la formalización de acuerdos sociales a los que cada persona o empresa pueda adherirse o no voluntariamente.
Lo que importa es que la comunidad toda tome conciencia del peligro que se deriva de esa tendencia enquistada en la sociedad, particularmente entre las adolescentes, a considerar aceptable y bello un cuerpo de mujer extremadamente delgado. Los médicos son los primeros en advertir sobre los riesgos que esta actitud implica para las jóvenes, pero muchas veces predican en el desierto hasta que ya es tarde.
Sin embargo, si bien todos los actores de esta misma sociedad no estamos contestes en cuáles son los caminos por seguir, lo más probable es que esta ley, como tantas otras en la Argentina, sea burlada de una u otra manera o, lo que es peor, caiga en el olvido por su propia incapacidad para combatir un problema y su manifiesta aptitud para crear un sinfín de nuevos conflictos.





