
Sabias palabras
¿Usted no conoce a Ingmar Peribáñez? ¿Ah, no? Pues sepa que este sueco, sociólogo emérito de la Universidad de Uppsala, cincuentón largo, siempre tan cordial y elegante, es director del Departamento de Comparaciones Odiosas de las Naciones Unidas, y no pasa año sin que se dé una vuelta por la Argentina.
Amigo íntimo del ghanés Kofi Annan, ex secretario general de la ONU, y del surcoreano Ban Ki-moon, su actual sucesor, lo es también de pensadores iconoclastas como Diego Maradona y Luis D´Elía, con quienes suele mantener frecuentes coloquios sobre cuestiones tales como el eclecticismo del nativo de los manglares de Borneo (y aun de Java), o la terca indiferencia que muestran los criadores de gusanos de seda, en Andorra, ante la colosal embestida que emprendieron unos tangueros trashumantes, ahora volcados a la industria del percal.
Conviene decirlo ya mismo, el doctor Peribáñez es admirador a ultranza de la idiosincrasia argentina y de la actual circunstancia histórica que viven (casi siempre a su pesar, a puro refunfuño) los argentinos.
En su libro Exégesis polimórfica del síndrome de las pampas húmedas , el distinguido estudioso lo explica con claridad meridiana: "Cualquier argentino adulto y con dos dedos de frente le saca una ventaja abismal a cualquier congénere europeo, también adulto y con otros dos dedos de frente. ¿Por qué? Porque el pobre tipo europeo encara la vida con su alrededor ordenado, en el contexto de una sociedad concebida a la medida del hombre, con instituciones decentes, que atienden con esmero su salud, su formación cultural y su seguridad. Por lo tanto, el pobre tipo europeo se cría medio blandengue, tirando a paparulo de tan sobreprotegido. Los argentinos, en cambio, se reconocen cada vez mejor templados para arrostrar la tracalada de contingencias desastrosas en las que seguramente desarrollará su existencia".
Peribáñez llega a esta conclusión: "Dado que en la Argentina todo está atado con piolines y no hay organismo público que asegure una vida más o menos digna y apacible, los argentinos ha aprendido a liberar fuerzas de flaquezas, se volvieron estoicos y acreditan una formidable complexión temperamental".
Peribáñez se halla por unos días en Buenos Aires, en cumplimiento de una invitación secreta que le cursó Aníbal Fernández, jefe de ministros. Pudo saberse que el alto funcionario lo convocó para preguntarle si cree que, en efecto, el kirchnerismo está haciendo lo suficiente para que la capacidad de sacrificio y el virtual masoquismo nacional y popular alcancen niveles de excelencia. El intelectual sueco le aseguró que iban por muy buen camino.
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