
San Martín mitológico
Compara la historia de numerosos héroes militares, salvadores y enviados de Dios
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Aprendemos en la escuela que José de San Martín nació en Yapeyú, el 25 de febrero de 1778. Pero este dato no es del todo firme, ya que la fe de bautismo del niño no ha sido hallada. Se supone que los edificios y libros parroquiales de Yapeyú fueron incendiados durante las incursiones de los portugueses. El quinto hijo del capitán Juan de San Martín y Gregoria Matorras, pues, tiene una fecha de nacimiento que los distintos autores fijan por aproximación según variados criterios: Bartolomé Mitre, Ricardo Piccirilli, Rodolfo Terragno, Patricia Pasquali, Norberto Galasso.
En su acta de matrimonio (19/09/1812) San Martín declara 31 años, es decir que habría nacido en 1781. Para su ingreso como cadete en el Regimiento de Murcia, el 21 de julio de 1789, juró tener los doce años obligatorios: habría nacido en 1877. En su foja de servicios militares aparece con distintas edades: en 1803 con 20 años, es decir nacido en 1783. En 1806 con 27, como nacido en 1779, y en 1808 se le atribuyen 26, con lo cual su año de nacimiento sería 1782. No podemos opinar sobre esta materia, que requiere conocimientos más sólidos que los nuestros.Pero aceptemos que hay algo intrigante en esa imprecisión: luego se verá que la fecha es importante para cotejar con los tiempos de la visita de Diego de Alvear a las Misiones.
En aquella época de campañas militares a través de océanos y continentes, hombres jóvenes viajaban solos para hacer la guerra y, sin duda, tenían amores con muchachas de la tierra
Otro detalle, destacado a partir de la publicación de El Secreto de Yapeyú, de Hugo Chumbita, es la contextura física del Libertador. Hijo de españoles blancos, que en el caso de su padre –según la ficha de alistamiento- medía sólo 1,40m. y tenía ojos claros, don José resulta un ejemplar humano marcadamente distinto. Alto, de ojos negros y piel oscura. Hasta el punto de que sus enemigos en las guerras de Independencia lo llamaban "el tape de Yapeyú", el "cholo de las Misiones", el "paraguayo", hombre de "sangre mestiza y parentesco desconocido" (según Mary Graham en Chile). Otro testimonio, el del virrey Marcó del Pont, que suscribió su rendición con estas palabras: "Firmo con mano blanca, no como San Martín, que la tiene negra". Juan Bautista Alberdi, luego de entrevistar en Francia al general, ya anciano, dice: "Yo lo creía un indio, como tantas veces me lo han pintado, pero no es más que un hombre de color moreno".
En su momento causó revuelo la afirmación de una de las nietas del Brigadier don Diego de Alvear y Ponce de León. La señora Joaquina de Alvear dijo en sus memorias: "Era hijo natural de mi abuelo, habido en una indígena correntina".
La historia aparece completa en el libro de Chumbita: la indígena sería de nombre Rosa Guarú. Aunque otras fuentes mencionan el de Juana Cristaldo, que podría provenir de su bautismo en el Brasil. Se dice que esta mujer vivió hasta los 100 años y supo de la muerte de su hijo en Francia.
¿Imposible? No, para nada. En aquella época de campañas militares a través de océanos y continentes, hombres jóvenes viajaban solos para hacer la guerra y, sin duda, tenían amores con muchachas de la tierra. Según Chumbita, el marino español, que fue "Comisario de la Comisión Demarcatoria de Límites entre España y Portugal", visitó varias veces la zona de las misiones jesuíticas y, en Yapeyú, trató inevitablemente con la familia San Martín. La indiecita Rosa Guarú, que andaba descalza y de tipoy, sirviendo a los San Martín, habría tenido un amor circunstancial con don Diego. La chica quedó embarazada. Tuvo al niño y fue su niñera.
Alvear rogó a Juan de San Martín que anotara al chico como propio, y se comprometió a ayudarlo en la vida, cosa que hizo, ya que financió su carrera militar, pagó sus clases de guitarra y francés y, sobre todo, sus libros, producto caro y suntuoso en aquellos tiempos. Cuando los San Martín volvieron a España, llevaron consigo al niño y dejaron a la niñera en Yapeyú.
Compara la historia de numerosos héroes militares, salvadores y enviados de Dios
Los historiadores reconocidos, en general, rechazan esta versión de Chumbita. Pero, entre las miles de cosas que se dicen y se escriben, acabamos de toparnos con una muy singular. Se trata de José de Yapeyú, el héroe que llevamos dentro, de Enrique Cenzano. Es una obra inédita que remite a las teorías de Otto Rank, discípulo de Sigmund Freud. Esencialmente, al libro El mito del nacimiento del héroe.
"Todas las grandes naciones civilizadas –dice Rank- en su primera etapa glorifican a sus héroes nacionales, príncipes y reyes míticos". Nos encontramos, de la mano del Sr. Cenzano, con una nueva manera de "leer" la historia de San Martín, a mitad de camino en la construcción de un mito o ciclo legendario. En una clave simbólica, Cenzano compara la historia de numerosos héroes militares, salvadores y enviados de Dios. Encuentra sorprendentes analogías entre todas ellas, y concluye en que la historia de San Martín podría encajar perfectamente en el molde del héroe mítico.
Por ejemplo, algunos casos de nacimiento mágico. Sargón el Grande, creador del imperio de Sumer y Accad, alrededor de 2.800 a.C., relata que su madre fue una vestal, algo así como sacerdotisa del Sol o prostituta sagrada. Sargón no conoció a su padre. Cuando nació, su madre lo depositó en una canasta, para que se lo llevara el río. Lo recogió un jardinero llamado Akki, que lo crió como hijo propio.
La historia es muy similar a la de Moisés. Según las Escrituras, el Faraón mandó asesinar a todos los niños nacidos en una fecha determinada, ya que le habían profetizado que uno de ellos acabaría con su Imperio. Para salvarlo, su madre lo abandonó en el Nilo, donde lo halló la hija del Faraón, que se estaba bañando. La familia real convocó para niñera a una mujer que era, en verdad, la madre del bebe. ¡Como en la leyenda de Rosa Guarú!
Se repiten ciertos módulos: un nacimiento mágico, un alejamiento misterioso, el regreso del héroe, la boda y finalmente la misión
En la epopeya sumeria de Gilgamesh, el rey es informado por unos sabios caldeos de que su futuro nieto lo destronará. Encierra a su hija en una torre infranqueable, pero la muchacha queda embarazada mágicamente. Los guardias le arrebatan al niño y lo arrojan al vacío, pero un águila lo atrapa en vuelo para depositarlo en un jardín. Allí lo adopta un hombre solo. Aquí hay reminiscencias de los Magos o Astrónomos caldeos y la Concepción Virginal.
Cenzano recorre las historias y leyendas de Ciro El Grande, Krishna, Hércules, el Rey Arturo, Rómulo y Remo, los celtas Lohengrin y Tristán, el escandinavo Sigfrid y hasta el mismo Jesucristo.
Increíblemente, se repiten ciertos módulos: un nacimiento mágico, un alejamiento misterioso (los 30 años de San Martín en España o los de Jesús en el Desierto) el regreso del héroe, la boda y finalmente la misión: "Serás lo que debas ser, o serás nada". Estas historias están en todos los pueblos y pueden considerarse "arquetipos del inconsciente colectivo", como los denominó Karl Jung. Historia, mito y religión tienen un punto en común en el interior de cada ser humano, aunque no sean la misma cosa. Para saber más, habrá que esperar la publicación de la obra de Enrique Cenzano.





