Segundo debate presidencial: cómo evaluarlo

Hugo Haime
Hugo Haime PARA LA NACION
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18 de octubre de 2019  • 01:12

Se viene el segundo debate presidencial y, por lo que vemos, ya comenzó el precalentamiento con tuits, declaraciones y aclaraciones. Es muy probable que sea más caliente que el primero. Sobre todo porque el Presidente necesita achicar fuertemente el resultado de las PASO

En nuestro anterior artículo sobre "Qué miran los espectadores en un debate" decíamos que había cuatro dimensiones a considerar: a) cuál es el impacto que tienen los debates sobe el voto, b) cuánta expectativa generan, c) qué esperan los espectadores y d) qué es lo que miran en realidad.

A los que vimos el debate el domingo y luego constatamos en LA NACION con la reproducción textual de lo que dijo cada uno de los participantes, nos queda una primera cosa en claro: es más fácil recordar pequeños detalles, frases, gestos que la totalidad de lo que dijo cada candidato. No por nada se terminó hablando de un Alberto Fernández que empezó diciéndole mentiroso a Macri y de un Macri que terminó acusando a su principal contrincante de usar un dedo agresivo.

También sabemos otras cosas sobre lo que sucedió el domingo pasado. Si bien generó un interés superior al que había tenido el debate de primera vuelta en 2015, también vemos que hay un sector importante de la población que está desinteresado en los mismos. No todos los electores están atentos a lo que sucede en los debates y por tanto no están impactados por lo que allí suceda. Como siempre, hay gente que vota por obligación pero que está alejada de la política y decide su voto a último momento.

Miremos lo sucedido con el rating televisivo. Este llegó al 32,08 % en promedio, cuando en 2015 había llegado a 25%. Claro que en ese entonces al no participar Scioli la expectativa era menor. Tenemos, entonces, que más de 3 millones de hogares tenían encendido el TV en los canales que trasmitían el evento y que aproximadamente cerca de cinco millones de espectadores estuvieron pendientes en forma directa del mismo. Es un número importante pero no hay que olvidarse que Telefe, que no lo transmitió, tuvo un rating altísimo con programas de entretenimiento como fue el caso de Susana con sus 10 puntos. Y sabemos que la proporción de quienes vieron el debate es muy inferior al caudal de votantes. También las redes sociales estuvieron activas y momentos especiales de gestos y palabras de cada uno de los candidatos fueron reproducidos días después por medios de comunicación. ¿Puede haberse expandido un poco más el impacto por sobre quienes lo vieron en directo? Puede ser, pero no creo que modifique lo dicho hasta aquí. La influencia de los medios no parece haber sido muy importante para las PASO.

Respecto al impacto electoral que tuvo el primer debate no vamos a extendernos aquí sobre las encuestas postdebate, pero hasta ahora todas las publicadas tendieron a reproducir las tendencias de voto conocidas previamente. Si así fuera el caso podríamos concluir que lo ocurrido el domingo 13 solo reafirmó la decisión de voto previa.

Pero no nos quedemos en eso, profundicemos ahora en los aspectos más cualitativos del tema, porque estos son los que están en juego a la hora de evaluar este tipo de eventos y nos dan elementos para analizar lo que vendrá. Y desde ese punto de vista lo que importa es saber quién consigue sus objetivos.

Para evaluar lo sucedido y lo que puede suceder nos vamos a apoyar en una tabla elaborada por la revista especializada Campaign and Elections para evaluar este tipo de eventos. Cinco son los aspectos esenciales que debiéramos tener en cuenta para poder analizar la performance de los distintos candidatos.

  • 1) ¿El candidato alcanzó/ colmó sus expectativas?
  • 2) ¿El candidato logró lo que necesitaba hacer/cumplió sus objetivos?
  • 3) ¿El candidato controló el debate, mantuvo la iniciativa?
  • 4) ¿El candidato logró sacar lo mejor de las confrontaciones o intercambios con otros candidatos?
  • 5) ¿El candidato contestó correcta-efectivamente las preguntas?

A estos 5 ítems esenciales se le agregan otros específicos referidos a :

a) Cómo expresó sus ideas, b) cómo fue su contacto visual, c) cuál fue el nivel de conocimiento sobre los temas, d) cómo fueron sus aperturas y cierres, e) cuál fue la apariencia del candidato, f) cuál fue el tono utilizado, g) cuál el modo de hablar.

No vamos a hacer aquí un desarrollo en profundidad de cómo manejar toda esta información, pero la revista sugiere un juego en que cada uno de los candidatos comienza con 50 puntos y usar los primeros 5 ítems para sumarles puntos y utilizar el resto para bajarles. Ejemplo: si el candidato cumplió con sus objetivos a los 50 puntos se le pueden sumar más por haberlo hecho muy bien pero si tuvo problemas con su vestimenta, con su cabello, o le costaba cumplir los tiempos por cada ítem se le restan puntos. Así finalmente obtendremos para cada candidato un puntaje final.

No voy yo a ponerles aquí puntajes a los candidatos pero sí intentar contestar las principales preguntas, básicamente las referidas a los objetivos que suponemos debe tener cada uno de ellos y preguntarnos si hasta ahora los cumplió y cuáles buscará cumplir en el segundo.

Está claro que Macri tiene el objetivo de achicar diferencias y lograr que Fernández pierda votos. Para eso necesita crecer electoralmente entre no votantes, indecisos y votantes de terceras fuerzas y por otro buscar que Fernández pierda votos. En el caso de Fernández le alcanza con mantener sus votantes de las PASO y sumar algunos indecisos y/ o no votantes, para asegurarse la elección. Lavagna necesita aparecer como el tercero en discordia tomando votos del resto, Del Caño, Espert y Gómez Centurión necesitan tomarles votos a Macri y a Fernández.

Si partimos de la base de que el domingo pasado cada uno le habló a su propio público, más allá de la efectividad con la que lo hicieron, y tenemos la primera conclusión: que ningún cambio importante en términos electorales pudo haber sucedido.

El próximo domingo el Presidente necesita de una performance superlativa, la que no tuvo el domingo anterior, si quiere cambiar las cosas y resolver el fuerte problema de credibilidad que tiene cuando habla de economía y de lo que sucede cotidianamente en la vida de los argentinos. Eso no lo logró y recién sobre el bloque final intentó polarizar con Fernández. Seguramente eso intentará hacer desde el primer momento el próximo domingo, no por nada ha convocado a una marcha en defensa de las instituciones un día antes del debate. Pero precisa revertir varias cuestiones porque ni tuvo la iniciativa suficiente, ni controló el debate, ni sacó lo mejor de las confrontaciones.

En cambio, Fernández sí logró sus objetivos, hablándole a su propio público, controló la situación, mantuvo la iniciativa, marcó el tono. Eso lo reafirmó en La Pampa con el acto del Día de la Lealtad, buscando unir a todo el peronismo detrás de su figura.

De los otros cuatro candidatos podemos decir que solo Espert logró destacar mientras Lavagna en su punto más fuerte la economía no logró afirmarse. Así que nuevamente el combate de fondo será el de un Presidente que intentará traspasar sus límites y el de un Alberto que se afirmará en los votantes de un peronismo unido.

El domingo Macri intentará demostrar que Alberto Fernández no es Alberto sino Cristina y hacerlo cargo de muchas de las cosas que el mismo Alberto le había criticado a la expresidenta. ¿Alberto Fernández aceptará entrar en ese juego o cambiará de estrategia evitando la confrontación? Suponemos que como el resto de los participantes no serán meros espectadores, ya que nadie quiere retroceder electoralmente, es probable que intenten mejorar y no quedar enredados en la polarización que necesita el Presidente. Veremos. Yo mientras tanto les dejo la tabla para que saquen sus propias conclusiones.

Por: Hugo Haime

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