
Si “todos somos peronistas”, ¿qué es el peronismo?
En las elecciones de hoy casi todos los ciudadanos, se consideren peronistas o no, votarán por candidatos ligados al peronismo. Si votan por Macri en la Capital, lo harán por un candidato sostenido por el Partido Justicialista. Si votan por Ibarra, lo harán por un candidato sostenido por el presidente Kirchner.
En la provincia de Buenos Aires, los tres candidatos que sobresalen ampliamente en las encuestas son Solá, Patti y Rico. Solá es Duhalde. Patti sostuvo para presidente a Menem. Rico se define como un auténtico peronista.
En la provincia de Santa Fe, el domingo pasado ganó el candidato justicialista Jorge Obeid en tanto su principal rival, Hermes Binner, tenía la bendición de Kirchner. El gobernador Reutemann obtuvo, por su parte, un apoyo abrumador para ingresar en el Senado.
Así ocurrió y ocurrirá con pocas excepciones en el resto de los distritos, hasta que se complete el ciclo electoral de este año. Un ciclo que comenzó en las elecciones presidenciales del 27 de abril, cuando tres de los cinco candidatos más votados -Menem, Kirchner, Rodríguez Saá- eran peronistas. Si se hubiera realizado el ballottage del 18 de mayo, los argentinos habríamos tenido que optar entre los primeros dos de ellos. Nos guste o no, casi todos los argentinos estamos votando este año por alguna expresión del peronismo.
En 1973, cuando Perón volvió al país, un periodista extranjero le preguntó por las variaciones partidarias de la Argentina. Perón enumeró a radicales, conservadores y provinciales, socialistas y comunistas, atribuyéndole a cada corriente política un porcentaje de los votos. Extrañado, el periodista le apuntó que se había olvidado nada menos que del peronismo. A lo cual el viejo líder le respondió: "No, no me olvidé, porque todos somos peronistas".
A treinta años de distancia la respuesta de Perón, que pareció en su momento una ironía, se ha convertido en una profecía. Ella deja flotando, sin embargo, una pregunta. Si, como lo muestran las elecciones de este año, "todos somos peronistas", ¿en qué consiste el peronismo?
El "pan-peronismo"
En su período inicial, el peronismo consistió en una estructura radial, como los rayos de una bicicleta, cuyas líneas sólo se conectaban entre ellas a través de un único centro que era Perón. Fue mediante esta conexión personalista que los diversos rayos de la bicicleta llegaron a integrarse en un solo "movimiento". Así se articulaban todos, el Partido Justicialista, la Rama Femenina, el sindicalismo, los empresarios "nacionales", la Juventud Peronista, la izquierda, el Ejército y hasta la Iglesia. Pero los rayos de esta bicicleta en movimiento, cada uno de los cuales amaba a Perón, no se amaban entre sí: prueba de ello fue, entre otras, la matanza de Ezeiza.
En esta primera etapa, sin embargo, el país seguía siendo bipartidista porque el antiperonismo se encolumnó en el radicalismo. ¿Cómo se llegó del bipartidismo peronista-antiperonista al pan-peronismo en el que vivimos hoy?
La peronización integral del país llegó primero a través de la cultura política. Hay dos métodos para tratar de salir del subdesarrollo. Como en todo país subdesarrollado hay un sector que tiene un sobrante y otro un faltante de recursos, el método capitalista para superar esta situación es estimular al sector con sobrante a que invierta en el país porque éste le ofrece buenos negocios. Las inversiones de los que están mejor generan empleos. Al fin de un trabajoso proceso, el sector con faltante termina por convertirse en una vasta clase media y se cumple la meta ya lograda por los países desarrollados: la eliminación de la pobreza.
El otro método, populista, consiste en derivar directamente el sobrante de los que más tienen hacia el faltante de los que menos tienen. En vez de pasar del hambre para hoy al pan para mañana del capitalismo, la fórmula populista consiste en pan para hoy a cambio del hambre para mañana por la destrucción de la perspectiva general de buenos negocios que genera el empleo a través de la inversión.
Perón irrumpió en nuestra vida política bajo el ropaje del populismo. Tuvo tal éxito en sus años iniciales que el populismo terminó por contagiar también al radicalismo desde su famoso programa populista de Avellaneda, en 1947. El primer momento del pan-peronismo fue, pues, cultural: casi todos fueron peronistas en el sentido de que, amaran o detestaran a Perón, adherían a su fórmula para salir del subdesarrollo.
Pero el populismo tiene patas cortas. El propio Perón se dio cuenta de ello a poco andar y, cuando estaba por caer en 1955, ya había ideado la privatización del petróleo para pasarse a la fórmula capitalista. En 1958 Frondizi intentaría, desde el radicalismo, el mismo camino. Hubo, desde 1955, un ala capitalista del peronismo. Por eso, Menem pudo presentarse a partir de 1989 como peronista. Su flexibilidad ideológica le permitiría al peronismo ser, al mismo tiempo, populista y capitalista. Las dos fórmulas del desarrollo se dieron, a partir de ahí, ya no fuera sino dentro de él.
Hoy, las dos variantes culturales del desarrollo conviven dentro del peronismo. Si Menem fue un capitalista a quien sus residuos populistas lo llevaron finalmente al fracaso, hoy conviven en el peronismo desde la izquierda populista de sus "setentistas" hasta las visiones moderadas, en definitiva capitalistas, de un Reutemann, un Macri y hasta del propio Duhalde, convertido al fin de su mandato en un líder moderado. Hasta Kirchner podría estar iniciando su propio giro hacia el capitalismo después del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.
La cuarta etapa
En una primera etapa, pues, el país se semiperonizó a partir del liderazgo radial de Perón porque aún quedaba el antiperonismo en manos del radicalismo. En una segunda etapa, la peronización cultural se tradujo en la conversión radical al populismo. En una tercera etapa, al propio peronismo le nació un ala capitalista.
En la cuarta etapa que ahora estamos viviendo impera una pregunta. Si tanto el populismo como el capitalismo tienen cabida dentro del peronismo, ¿a qué buscarlos fuera de él? La lucha entre el populismo y el capitalismo se resolverá, en suma, en la interna justicialista.
Y es así como todos, peronistas y antiperonistas históricos, hemos sido arrastrados en estas elecciones a votar en lo que es, en definitiva, una gran interna peronista. Cuando teníamos que optar entre Kirchner y Menem en las elecciones presidenciales, no sólo los peronistas sino también los antiperonistas históricos éramos convocados a dirimir esa interna. Como ella abarca ahora a los más diversos distritos del país, al votar estamos ejecutando entre todos la profecía de Perón en 1973.
La lucha central de ese país subdesarrollado en que se ha convertido la Argentina después del progreso arrollador de las primeras décadas del siglo Veinte se da, en términos culturales, entre el populismo y el capitalismo. En términos políticos ella ocurre, sin embargo, en el seno de un único partido. Quizá de ella nazcan finalmente dos opciones partidarias distintas: una populista y la otra capitalista. Hasta tanto ocurra esta bifurcación, empero, "todos somos peronistas".





