Sin descanso: otro año que pasó para el Sísifo argentino

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28 de diciembre de 2020  • 20:10

El mito de Sísifo, el rey de Corinto que en el inframundo termina por empujar una y otra vez una piedra solo para que vuelva a caer, ilustra tantas cosas que suceden en nuestro país que frecuentemente ha sido aplicado a nuestra sociedad.

Sísifo primero captura a Tanatos, con lo cual se detienen las muertes y por ende el curso de la humanidad, necesitada de ciclos de muerte y nacimiento. Posteriormente rehúsa su destino, humano -no era un dios inmortal- ir al "inframundo" con un engaño. Pero como siempre más tarde o temprano la realidad se impone, solo que, al haber sido no aceptada y negada, lo hace de la manera más cruenta. Sísifo deberá empujar por toda la eternidad, una enorme piedra en una colina, solo para que al llegar a la cima la piedra caiga y deba comenzar de nuevo. Camus imaginaba que en algún momento ese Sísifo se entregaba a su destino y era "feliz".

Empezando a hacer el balance de este año casi mítico, en que la cadena de eventos supera a la ficción y parece sobrenatural y la incertidumbre ha adquirido carta de ciudadanía, aparece una única certeza y es que la piedra volverá a caer. La estabilidad, el logro que permita pasar a una etapa posterior, nos es y nos la hemos negado. Queda el consuelo de conjeturar donde caerá la piedra, la parte del mito nunca considerada, negada, la caída. Aquella que a pesar de la negación indefectiblemente llegará, una y otra vez, y es tan solo la consecuencia infinita del primer intento de Sísifo de "engañar a los dioses", hoy diríamos intentar engañar, negar la realidad. Luego elaboraremos grandes y extensos debates que intentarán cubrir de un manto de racionalización, pero solo son una defensa para no ver la totalidad y la cadena de consecuencias inevitables que estos traen.

Falta poco para la finalización del año, pero este parece empeñarse en sorprendernos con eventos que vivimos con la extrañeza del que está mirando el fondo de la caverna y solo ve las sombras, creyéndolas realidad, decidiendo firmemente no salir a ver de qué se trata en realidad. Vivimos una realidad en dos planos, en la cual nos convertimos en consumidores de noticias o micronoticias en el imperio de las redes sociales, que nos hacen acercarnos más a la pantalla donde se proyectan esas sombras.

Así nos sorprende un día que un enfermo mental no solo ataque y mate a un funcionario público, a los cuales previamente denostamos, pero sin correlacionar esto con el desamparo que sufren y el desinterés hacia aquellos que padecen enfermedades mentales en nuestro país, pese a una ley que supuestamente debe protegerlos, o con el lugar que damos a quienes nos protegen.

Un adolescente mata en el centro de Buenos Aires por una bicicleta, pero lo protegemos con una ley que, bajo excusa de no criminalizarlos, los condena a la temprana muerte que tendrá en la jungla sin reglas.

O protegemos a niños de infectarse y potencialmente infectar, negándoles la escolaridad durante un año, pero un velatorio de un reconocido futbolista o una marcha cualquiera reúne a miles de personas.

O nuestro ídolo deportivo máximo que aceptábamos que al ser "diferente" también le haría un regate a la muerte, como Sísifo, hasta que no, pero ahí tampoco nadie intervino, porque protegían a Diego.

Mientras seguimos contabilizando y sorprendiéndonos por las piedras que caen, solo nos preguntamos cuantas y cuales más caerán antes que el 2020 termine.

Una certeza tenemos: lo convertiremos en un debate solo a la espera de la siguiente caída, que nos la hará olvidar.

Médico psiquiatra, neurólogo legista

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