Reseña: Material sensible, de Neil Gaiman
Durante unos años el principal medio de expresión del inglés Neil Gaiman (Portchester, 1960) fueron los cómics. La alta calidad de sus guiones lo transformaron en uno de los creadores fundamentales del género, sobre todo a partir de la extensa serie Sandman. Pero casi de inmediato la variedad de canales expresivos se volvió enorme: Gaiman, además de historietas, empezó a producir cuentos, novelas cortas y extensas, guiones de cine y televisión, teatro grabado, voces de personajes para dibujos animados. La zona literaria fue alcanzando estatura propia: la extensa y ambiciosa American Gods (2001) tuvo una edición de décimo aniversario que restituía texto sacado en la primera edición. Coraline (2003) fue adaptada al cine de animación. Tanto El libro del cementerio (2008) como El océano al final del camino (2013) fueron extraordinarias novelas para adolescentes, de insólita intensidad e imaginación.

Gaiman, a esas alturas, ya se había convertido en un ícono popular, dinámico, siempre abierto a nuevos emprendimientos (basados a su vez en las experiencias y lecturas de una vida llena de recovecos). Uno de sus sellos es la interconexión de distintos mundos ajenos (Lewis Carroll, Chesterton, Shakespeare, tradiciones antiguas, literatura fantástica, terror) que le dan a su obra un tono inconfundible.
Material sensible, con sus casi 400 páginas, constituye una mezcla audaz de estilos distintos y homenajes varios. Gaiman define en el prólogo aquello que une los distintos relatos: esos momentos que merecerían la advertencia de “material sensible” por el modo en que sacuden y perturban cualquier certeza. Siguiendo en eso a autores como Stephen King, atento con su masa de seguidores, el escritor ha agregado notas a cada uno de los cuentos, que brindan datos sobre su propia vida y sus gustos.
El carácter abundante y heterogéneo, y el sustrato a menudo negro, van dando forma, más que a un libro de cuentos, a una especie de circo macabro o feria de las tinieblas. Entre los relatos más destacados se cuentan tanto el breve “En la oscura profundidad del mar” como el extenso “La verdad es una cueva en las montañas negras”. El explícito “El hombre que olvidó a Ray Bradbury” bautiza con ese nombre una visión intensa del olvido y el Alzheimer (la relación personal de Gaiman con el autor de Crónicas marcianas está contada en la extensa nota adicional).
Una mención aparte merece “Un calendario de cuentos”, donde desfilan doce relatos (uno por mes) escritos con velocidad, inspiración y poesía. Paradójicamente los pocos poemas incluidos son lo menos poético de Material sensible. “El caso de la muerte y la miel” es un intento, logrado a medias, de sumar un relato más a las aventuras de Sherlock Holmes.
“La joven durmiente y el huso” recrea de modo casi realista el cuento de la Bella Durmiente (cruzado con Blancanieves), ejercicio al que el escritor está acostumbrado. Pero tal vez el relato que refleja las mejores virtudes de Gaiman como narrador sea el último, “Black Dog”. Allí capas sucesivas de fantasía y terror se van asentando por medio de detalles ínfimos e inolvidables que describen a cada personaje, mientras el mundo que los rodea se convierte en una zona apartada, barrida por la oscuridad y la lluvia. En el centro se encuentra Sombra, un personaje de American Gods, también empleado en destacados cuentos de otros libros.
Dos libros anteriores de Gaiman, Humo y espejos (1998) y Objetos frágiles (2006), tenían una estructura igual de diversificada. Más que una forma desprolija de reunir relatos, se trata de una elección formal. En el fondo de sus mejores cuentos y cómics se advierte la convicción de que el mundo es un campo desnivelado, cargado de peligros y caos, al que conviene enfrentar cada vez con mayor audacia y la madurez de un estilo.
El universo del cómic tiene una variedad enorme, que a veces se pasa por alto. La literatura agradece cuando uno de los cultores de ese género amplía su radio de acción en ella. Gaiman tal vez sea, simplemente, uno de los mejores narradores ingleses de hoy. O, dado que reside en Estados Unidos y a menudo usa ese país como escenario para su obra, convenga considerarlo uno de los mejores narradores angloamericanos

MATERIAL SENSIBLE. Neil Gaiman, Salamandra 396. Trad.: L. Fernández y M. Faerna, 396 págs., $ 345






