
Tráfico humano, una plaga global
Por Wade F. Horn Para LA NACION
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WASHINGTON
La esclavitud no es un mal del pasado, sino que, lamentablemente, sigue existiendo en nuestros días. Consideremos, por ejemplo, el caso de una niña de 15 años reclutada para trabajar como moza en un restaurante en los Estados Unidos; un empleo que le podría permitir, supuestamente, ayudar a su familia que vive con muy pocos recursos en México. En muchos casos, la promesa de trabajo nunca se materializa y la niña termina prisionera en un prostíbulo móvil que ofrece sus servicios a los trabajadores de plantaciones agrícolas. De esto se trata el tráfico humano, una forma moderna de esclavitud.
Esta desgraciada niña es una de las aproximadamente 800.000 víctimas que son anualmente traficadas a través de las fronteras de regiones como América latina, Europa Central, Asia y América del Norte. Después del tráfico de drogas, el tráfico de personas es la segunda industria ilegal en términos de movimiento de dinero y recursos, y la de más rápido crecimiento.
Los traficantes golpean y torturan emocional y físicamente a sus víctimas, para introducirlas en la industria de la prostitución, de la pornografía, del trabajo en los campos agrícolas, en el servicio doméstico como sirvientas y enfermeras, en la industria hotelera y gastronómica y en otros tipos de trabajo forzado.
Más de la mitad de las víctimas del tráfico humano son niños y aproximadamente el 80% de ellas son mujeres. La mayoría de las víctimas del tráfico humano son explotadas para la industria sexual. Sin embargo, en muchos casos, víctimas reclutadas para trabajo forzado enfrentan además abusos sexuales, como por ejemplo el caso de una chica que era obligada a trabajar en las plantaciones de tomate durante el día y era abusada sexualmente durante la noche por su captor.
Las víctimas suelen enfrentar condiciones inhumanas, que resultan en traumas psicológicos, físicos y sexuales. A su vez, sus problemas médicos no son tratados profesionalmente y se agravan debido a los violentos tratos de los que son objeto. Por ejemplo, una señora que era sometida a trabajo forzado como empleada doméstica fue encontrada cuando un vecino descubrió que tenía un notorio tumor y se ofreció a llevarla al hospital. El médico que la atendió supo hacer las preguntas correctas y ayudar a la víctima a escapar y liberarse así de esa situación, para poder ser atendida médicamente como necesitaba.
El gobierno de los Estados Unidos combate este problema desde dos planos; por un lado, persiguiendo a los traficantes, pero también, por otro lado, enfocado en encontrar a las víctimas que residen en el país para brindarles la atención necesaria y ayudarles a que vuelvan a tener una vida digna.
En este enfoque, centrado en las víctimas, se enmarca el esfuerzo de la campaña Rescue and Restore Victims of Human Trafficking (Rescate y Reparación de las Víctimas de Tráfico Humano), que lanzó el Departamento de Salud y Bienestar Social de los Estados Unidos. Rescue and Restore tiene como principal objetivo concientizar a la población acerca del problema del tráfico humano, a través de grupos intermedios como organizaciones comunitarias, religiosas, proveedores de servicios de salud y de servicios sociales y agentes de seguridad que pueden ser sumamente efectivos en identificar y asistir a las víctimas.
Ningún país es inmune a este flagelo. Según el informe anual del Departamento de Estado de los Estados Unidos, Trafficking in Persons Report (Informe sobre tráfico de personas) que evalúa los esfuerzos e iniciativas de los gobiernos de todo el mundo, la Argentina es principalmente un país de destino para niños y mujeres traficados con fines laborales y sexuales. La mayoría de las víctimas son traficadas, señala el Reporte, desde Paraguay, Bolivia, Brasil y República Dominicana. Sin embargo, los ciudadanos argentinos también son víctimas de este crimen. Hay personas que son movidas de zonas rurales a urbanas, dentro del país, y otras que son llevadas al extranjero, principalmente a España.
Es necesario tomar conciencia de que tal forma de esclavitud existe y de que está presente en todos los países. Esto permitirá desarrollar iniciativas y programas para combatirla. Comprender mejor lo que sucede en la Argentina y en otros países del mundo permitirá a los gobiernos luchar contra esta profunda violación a los derechos humanos.





