
Tutor o encargado
Por Luisa Barón Para LA NACION
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La Justicia designó un abogado como "tutor de embriones" e intimó a los institutos de fecundación asistida a que le informaran qué cantidad de embriones congelados conservan y la identidad de quienes les dieron origen.
Este es un hecho sin precedente en la Argentina y en el mundo. Nuestro país es uno de los pocos que no tienen una ley que ampare a las personas que sufren de infertilidad. Ni siquiera se la considera una enfermedad. Este vacío legal ha permitido que se generen espacios de "falsas protecciones". Filtraciones en la libertad individual y, también, en la práctica médica. Se juzga y cataloga sin conocimientos suficientes y, tratándose de temas de salud, en forma irresponsable e insensible.
¿Qué es ser tutor de embriones? ¿Cuál sería el objetivo de conocer estos datos? ¿Esta decisión de la Justicia respeta otros derechos? ¿Se puede multar sin ley? Tener un hijo es un acto privado. Tener un hijo con tratamiento requiere la presencia de otros, pero no por eso es menos respetable o menos privado. Ponerles tutores a los embriones es lastimar aún más la autoestima de aquellos que no pueden tenerlos en forma natural.
Es necesario encontrar un marco regulatorio que permita elegir en libertad y en privacidad, respetando por igual a aquellos que desean acudir a métodos de fertilización asistida como a los que no. La ley debe regular y no descorazonar. No debe ser discriminatoria. Hablar de protección o de tutores es determinar que los actores presentes -médicos y padres- estarían incapacitados para cuidar o proteger a los preembriones. Es una forma de autoritarismo. Mañana, los embarazos pueden necesitar tutores, por si son abortados, y, luego, los niños nacidos pueden necesitar tutores, por si son abandonados.
Se está penalizando sin ley, ya que la prohibición no existe, ni tampoco hay antecedentes. Por lo tanto, esto sorprende en su buena fe a gran cantidad de pacientes que ven cercenados sus derechos, como si no fueran tan maduros o libres como el resto de los congéneres, a quienes no se les han colocado tutores todavía. Con esta decisión de la Justicia, se trata a los padres como si fueran asesinos en potencia, desconociendo que el deseo máximo es tener un hijo.
Por otro lado, los médicos no desean preembriones de más. La aplicación de medicamentos es cada vez más cuidada, con el solo objeto de no hiperestimular el ovario. Porque ni médicos ni pacientes desean para los embriones otro destino que el útero de sus padres.
La historia de los avances científicos, en especial aquellos que generan polémica, siempre ha tenido apertura y oscurantismo. Muchas veces, los cambios sociales se producen después del descubrimiento, y el autoritarismo es una buena manera de compensar la ignorancia hasta que esto suceda.
Médicos y pacientes necesitan tener un amparo legal, para no seguir actuando desde la marginalidad. La ciencia sigue avanzando con soluciones concretas, que no se ven acompañadas desde las políticas del Estado. Así, un importante porcentaje de la población se encuentra desprotegida, sin saber a quién acudir. No se puede sumar, al dolor de sentirse diferente por no poder tener un hijo, el dolor de estar "fuera de la ley".
La fertilización asistida implica crear una familia de una manera diferente y es importante que la sociedad acepte abiertamente este tipo de concepciones. De otra manera, lo que tenía que ser un motivo de felicidad se convierte en una presión para los padres, para los médicos que proveen el servicio y para los niños que, cuando crecen, quizá descubren que fueron concebidos de una forma distinta de la que le contaron. Toda apertura por parte de la sociedad contribuye a tener familias mejores y más fuertes.





