Un pasaporte urbano al mundo

Fernando Straface
Fernando Straface PARA LA NACION
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30 de agosto de 2016  

En la década del 80, Medellín estaba catalogada como una de las ciudades más violentas del mundo. Su fama arrastró también la de un país envuelto en un conflicto interno desgarrador en el que se mezclaban la lucha armada de guerrillas, el narcotráfico y la incapacidad del Estado para reclamar el monopolio legítimo de la violencia física.

Hace más de 15 años, Medellín decidió cambiar. La ciudad inició un proceso de internacionalización y se posicionó como una ciudad moderna, segura y atractiva para inversores, visitantes y turistas. Por supuesto, la mejora sustancial de las condiciones a nivel país colaboró. Al mismo tiempo, las políticas públicas impulsadas por la propia ciudad en integración social, movilidad sustentable y seguridad ciudadana, entre otras, proveyeron la "materia prima" para una internacionalización exitosa.

Estos procesos ayudan tanto a las ciudades como a los países de los que forman parte. Medellín contribuyó a reinsertar a Colombia en el mundo. De hecho, el elemento urbano del posicionamiento internacional de los países se replica en innumerables ejemplos: visitar Nueva York genera una imagen acerca del dinamismo de la economía norteamericana; conocer París forma una idea de la grandeza de la cultura y el arte franceses, y Buenos Aires transmite nuestro origen y presente multiculturales.

Esta "fertilización cruzada" entre ciudades y sus países se profundiza. El mundo se vuelve cada vez más urbano. Se estima que el 50% de la población mundial vive hoy en ciudades y que en 2050 lo hará el 70%.

Los desafíos globales son también cada vez más urbanos. Actualmente, dos tercios de la energía mundial se consumen en las ciudades, que generan el 70% de las emisiones de dióxido de carbono. Y el partido de la desigualdad, de la mejora en la calidad educativa y del acceso a servicios de salud, entre otros temas, también se juega en las áreas metropolitanas.

Las ciudades son clave en el desarrollo económico. Las economías de aglomeración son un incentivo fenomenal para producir bienes y servicios intensivos en conocimiento. El alto valor agregado de estas actividades, la calidad del empleo que generan y el impacto que producen pueden mover la función de productividad de una economía en el mediano plazo. La proximidad es hoy un componente esencial de la cocreación de ideas y de productos: la innovación surge de la capacidad de compartir la información, y las ciudades ofrecen condiciones ideales para eso.

Esta nueva agenda urbana involucra más que nunca a los gobiernos metropolitanos. Muchas de las innovaciones de política pública ocurren en el ámbito urbano, diseñadas y ejecutadas por equipos de gestión subnacionales. Así, los gobiernos más innovadores impactan hacia adentro y hacia afuera de sus países.

Los gobiernos locales que lidian con una agenda urbana más compleja encontraron en el diálogo bilateral, la cooperación y el trabajo en redes una forma de incorporar ideas y soluciones. La internacionalización vuelve las ciudades más "inteligentes", abre el intercambio y el aprendizaje y amplía el horizonte y la profundidad del impacto de la política pública. No es casual que las ciudades más internacionalizadas sean también las más innovadoras. Mediante la internacionalización, las ciudades complementan la gobernanza internacional y enriquecen la agenda global.

Pero hay otro impacto de la internacionalización, menos intuitivo y subsidiario del anterior: abonar a la estrategia de posicionamiento internacional del país en su conjunto. Cuando una ciudad logra que se la identifique con un atributo determinado en el ámbito internacional, ese atributo tiende a transmitirse al país. Que Sydney sea considerada la ciudad más "vivible" del mundo repercute en la visión que tenemos de Australia. Por supuesto, cuando hay articulación entre los esfuerzos locales y los nacionales el posicionamiento internacional de los países se magnifica, y puede aumentar el atractivo para atraer inversiones, generar nuevas instancias de cooperación, influir en la opinión pública global y fomentar las relaciones con socios estratégicos.

Pero una ciudad internacional no es lo mismo que una ciudad internacionalizada. La primera refiere a una ciudad que, por su historia o sus atributos, es "naturalmente" reconocida por audiencias globales. Una ciudad internacionalizada, en cambio, implica un esfuerzo consciente y sostenido de sus autoridades. Requiere un contacto constante con sus habitantes para identificar los atributos y sus fortalezas, una estrategia de posicionamiento alineada con los objetivos prioritarios del gobierno local, un proceso de validación interna que evidencie el valor de la internacionalización para la ciudad y sus ciudadanos, y concurrencia con la política exterior del país del que forma parte, entre otros aspectos.

Las relaciones internacionales han dejado de ser el ámbito exclusivo de las cancillerías del mundo para incorporar nuevos actores subnacionales y de la sociedad civil. Como ciudad inclusiva y emprendedora, Buenos Aires tiene la oportunidad de consolidarse como un polo de atracción de inversiones y de talentos a nivel país. Hoy, la Argentina está viviendo un momento histórico en su proceso de desarrollo. Y la reinserción de las ciudades en el concierto global de naciones es un hito fundamental de este nuevo paradigma.

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