Un pequeño paso hacia la conservación de los océanos

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7 de junio de 2020  • 22:58

El Día Mundial de los Océanos es una oportunidad para visibilizar una realidad preocupante: los ecosistemas marinos se hallan expuestos a un gran número de amenazas que nos conducen irremediablemente a la pérdida de diversidad y abundancia ecológica, a la inestabilidad climática y a la reducción de los recursos energéticos. Los motivos son diversos, pero podríamos resaltar la contaminación por vertidos de hidrocarburos y otras sustancias químicas, la presencia cada vez mayor de residuos plásticos y la creciente acidificación que altera el papel atenuante sobre el cambio climático. Existe otro motivo menos tangible, pero también importante, que debemos sumar a la lista: la inmensa y conmovedora extensión que les confiere a los océanos un aura de inagotable esplendor y riqueza, oculta su extrema vulnerabilidad y fragilidad, y demora la toma de conciencia y las medidas urgentes que la situación demanda.

Los océanos cumplen roles fundamentales para nuestra existencia: mantienen el balance térmico, físico y químico del planeta, regulan la estabilidad de la atmósfera, controlan el clima, reciclan, mezclan y transportan nutrientes esenciales por grandes distancias, mantienen la biodiversidad marina y terrestre. Al mismo tiempo, nos brindan beneficios como alimentos, transporte, medicinas, solo para nombrar algunos ejemplos. Sin ellos, no hay vida. La pregunta que tenemos que hacernos es: ¿Somos realmente conscientes de ello?

A pesar de que la hipnótica belleza de los océanos nos haga olvidar por momentos los problemas que se esconden bajo su superficie, los "centinelas" de esta devastación emergen. Los pobladores y turistas de la costa oceánica de la provincia de Buenos Aires nos hemos convertido en testigos de acontecimientos tales como el hallazgo, cada vez más frecuente, de aves marinas -como pingüinos y albatros- empetroladas con su plumaje apelmazado, intoxicados e imposibilitados de desplazarse. Aves que conviven con residuos plásticos en sus nidos e incluso se alimentan de ellos. También de la llegada de tortugas marinas afectadas por el consumo de plástico que les genera graves trastornos gastrointestinales que afectan su normal desarrollo y flotabilidad. Estos ejemplares perjudicados, que abandonan los océanos en busca de ayuda y contención también nos brindan un claro, conmovedor e incontrastable mensaje sobre el deterioro ambiental que experimentan los océanos.

Frente a este escenario, donde pareciera que los seres humanos somos más parte del problema que la solución, la asistencia y rehabilitación de fauna marina constituye una de las respuestas posibles tendientes a recomponer, en parte, estos tristes hechos. Pero más allá del resguardo y la atención de los animales afectados, existe otro gran desafío: difundir, empoderar y multiplicar el mensaje que estos animales con su sola presencia nos ofrecen, con el objeto de crear conciencia y compromiso en las personas. De esta manera, generamos responsabilidad y empatía con un ambiente del cual somos parte y compartimos con otras especies y que es de vital importancia para nuestra supervivencia. Nadie puede permanecer ajeno e imperturbable a la imagen de una de estas criaturas sufriendo por nuestra desidia.

Continúa siendo primordial que cada uno de nosotros asuma la responsabilidad de cuidar el entorno natural que nos convoca y a ser cada vez más prósperos y dignos del tiempo que nos toca vivir

En los últimos años, nuestro país ha incrementado su preocupación y compromiso en materia de conservación de la biodiversidad marina a partir de la creación de áreas protegidas, la elaboración de programas y planes de acción nacional y la aplicación de metodologías de trabajo enmarcadas en la protección de nuestros ecosistemas. Pero sigue siendo necesario el involucramiento de toda la comunidad en este propósito. Continúa siendo primordial que cada uno de nosotros asuma la responsabilidad de cuidar el entorno natural que nos convoca y a ser cada vez más prósperos y dignos del tiempo que nos toca vivir. Una vez que las huellas que dejamos despreocupadamente en una playa como marcas de mero esparcimiento, se transformen en señales de respeto, compromiso y admiración estaremos dando un gran paso hacia la conservación de los océanos.

El autor es Biólogo y Responsable del Centro de Rescate de la Fundación Mundo Marino

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