Reseña: La sal, de Adriana Riva

Juan Landaburu
Juan Landaburu LA NACION
Un personal viaje de aprendizaje
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14 de marzo de 2020  

En La Sal , la primera novela de Adriana Riva (1980), conviven varios viajes en uno: el de cuatro mujeres de una misma familia en un auto por la llanura pampeana, el de una mujer que se replantea cómo fue que llegó a la mitad de su vida y, principalmente, el viaje imposible de una hija por entender a su madre.

La novela comienza con un accidente fundacional que sufre Ema, la narradora, en su infancia y que la coloca por primera vez ante la frialdad de su madre: "Sentí que mi madre era una suerte de inmensa piedra de gravedad que me magnetizaba pero a la vez me oprimía el pecho".

Ya en el presente y decidida a no esperar a que se muera para preguntarse quién fue su madre, Ema, embarazada sin mucha convicción de su segundo hijo, se embarca en un road trip con ella, su tía y su hermana. El destino es una pequeña localidad de La Pampa en el que está el hogar judío en el que se crío la madre. Ema piensa que volviendo a las raíces podrá descifrar quién es verdaderamente su madre, una mujer que sepultó su pasado para permanecer al lado de un marido que le abrió las puertas de la alta sociedad. Un hombre culto y exitoso que le permitió ser alguien, pero a costa de sacrificar otros deseos. "Lo que yo tenía por papá era admiración, pero creo que nunca estuve enamorada de él", le confiesa a Ema.

Durante el viaje, Ema descubrirá que intentar conocer a su madre se parecerá a desarmar una matrioshka: cada vez que logra abrir una muñeca aparece otra igual de impermeable. "No sé qué ve cuando me mira", se cuestiona Ema.

Fuente: LA NACION

A través de la recelosa relación entre esas cuatro mujeres, la novela de Riva desmenuza con empatía los roles familiares desde una mirada femenina. Los hombres -el padre, el marido y el primer hijo de Ema- ocupan papeles secundarios. La Sal pone a la mujer en el centro de esa empresa insostenible que es la familia.

Con un estilo muy personal para crear imágenes, la prosa de Riva es simple y apela a un uso dosificado de la ironía, que nunca cae en el juicio moral o en el reproche. Es en ese sentido una novela de aprendizaje, el viaje honesto de una mujer que necesita entender a su madre para conocerse a ella misma. Vale la pena adentrarse en ese camino.

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