
Un símbolo difícil de redimir
Por Sarah Boxer Para LA NACION
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NUEVA YORK
La cruz gamada ¿podrá redimirse algún día? Antes de que el Partido Nacionalsocialista Alemán la adoptara, transformándola en el icono más poderoso del odio racial, la esvástica había recorrido el mundo como un símbolo de la buena suerte. En Francia, Alemania, Gran Bretaña, Escandinavia, China, Japón, India y los Estados Unidos, se la conoció desde antiguo. Las huellas de Buda habrían tenido esa forma. Los indios navajos la incluían en sus mantas tejidas. Aparece en mosaicos de sinagogas de çfrica del Norte, Palestina y Hartford (Connecticut).
Ahora ha surgido un pequeño movimiento para ayudar a "separarla de los pecados de los nazis" a fin de que "continúe su vida benigna". Tal rehabilitación, ¿es, en verdad, posible? ¿Debería serlo?
El término "esvástica" proviene del sánscrito svastika ("bienestar y buena suerte"). Las más antiguas que se conocen datan del 3000 o 2500 a.C.; se encontraron en India y Asia central. Un estudio publicado en 1933 rastreaba así su difusión: India, Persia, Asia Menor, Grecia, Italia y, probablemente en el primer milenio antes de Cristo, Alemania. La conexión nefasta la estableció el arqueólogo alemán Heinrich Schliemann. Entre 1871 y 1875, excavó el lugar donde se alzaba la Troya evocada por Homero y, al hallar esvásticas que decoraban algunos objetos, las asoció apresuradamente con las que había visto en Alemania, cerca del río Oder. "Schliemann supuso que era un símbolo religioso de sus ancestros germánicos que vinculaba a los antiguos teutones con los griegos homéricos y la India védica", acota Steven Heller, director artístico del Suplemento Literario de The New York Times en su libro The Swastika: Symbol Beyond Redemption ("La esvástica: un símbolo irredimible").
Muy pronto, hubo cruces gamadas por doquier. Unas se orientaban en la dirección de las agujas del reloj; otras, en sentido contrario (el nombre sánscrito de estas últimas es "sauvastika"). Helena Blavatsky, fundadora de la Sociedad Teosófica, la incluyó en su sello oficial. "Rudyard Kipling -informa Heller- combinó una esvástica con su firma, dentro de un círculo, a modo de logotipo personal." La cruz gamada también integró el logo de la Bauhaus cuando Paul Klee enseñaba allí.
En los Estados Unidos, figuró en un medallón de Coca-Cola y grabada en las botellas de la cerveza Carlsberg. Durante la Primera Guerra Mundial, la Quinta División de Infantería lució una esvástica anaranjada en sus charreteras. Por lo menos un ferrocarril decoró con ella algunos de sus coches. El Girls´ Club publicó una revista titulada The Swastika . Y hasta 1940 los boy scouts entregaban una insignia con la cruz gamada.
¿Cómo se adueñaron de ella los nazis? Según Heller, la orden de los Germanen , un grupo antisemita que usaba cascos con cuernos, como el de Wotan, y conspiraba "contra los elementos judíos en la vida alemana", tenía por insignia una cruz con una esvástica curva superpuesta. En 1914, el movimiento juvenil Wandervogel la erigió en emblema nacionalista.
¡Al diablo con Hitler!
El Partido Nazi sólo la reclamó para sí en 1920. Hitler, que tenía ambiciones artísticas además de las políticas, describe en Mi lucha su "búsqueda del símbolo perfecto para el partido". Pensó en la esvástica, pero quien diseñó la bandera con la esvástica negra en el centro fue Friedrich Krohn, un dentista de Starnberg. "El principal aporte de Hitler fue invertir su sentido de rotación."
La caída de la esvástica fue tan rápida como su ascenso. En 1946, la Constitución alemana prohibió terminantemente su exhibición pública. En los Estados Unidos nunca hubo una ley similar, pero aún persiste la aversión hacia el símbolo. El interrogante actual es si deberíamos recuperarla, separándola del nazismo, o si, como sostiene Heller, debería seguir representando sus "crímenes abominables".
La cuestión se complica si tomamos su historia en India y otras partes de Asia, donde carece de las connotaciones occidentales. En India, se vende el jabón Swastik; en Malasia, hay un estudio fotográfico Swastika; en Japón, algunas postales de Pókemon muestran manji (esvásticas que giran en sentido contrario al de las agujas del reloj) y la secta china Falun Gong ha adoptado este mismo símbolo.
Y ahora, el signo ha reaparecido sigilosamente en el mundo occidental.
En los años 60, fue un motivo recurrente en el arte abstracto geométrico y la pintura hard-edge , sobre todo en una exposición del Museo Guggenheim. El intento de redención más concertado proviene, sin embargo, de los Friends of the Swastika ("Amigos de la Esvástica"), un grupo constituido en 1985 y basado en los Estados Unidos. Desde su sitio en la Red, dice no tener "nada que ver con ninguna propaganda racista" ni la menor intención de negar el Holocausto. Lo preside un artista llamado ManWoman ("HombreMujer"), que se jacta de llevar 200 esvásticas tatuadas en su cuerpo. Para "desintoxicarlas" y "devolverles su carácter sagrado", el grupo las vende en camisetas, estampillas, postales y otros "productos sofisticados para intelectuales". Su consigna es "¡Al diablo con Hitler!" "La esvástica ya está resurgiendo en la cultura pop alternativa, el mundo del punk rock, los cultos vinculados con los platos voladores, las bandas callejeras", aseveran. Los adolescentes la usan simplemente porque creen que así parecerán "de onda".
"En su film Sleeper ("Los sueños de un seductor"), de 1973, Woody Allen predijo con sarcasmo que en un futuro distante la esvástica se usaría como un accesorio de la moda", señala Heller. Ese futuro distante es hoy.
La cruz gamada se ha convertido en icono de rebeldes. El logotipo de las patinetas ZZ Flex se le asemeja bastante. La etiqueta del CD Sacred Reich ("Santo Reich"), de música heavy metal, muestra esvásticas entrelazadas. Y, dentro de esta tendencia, el logotipo de la banda Kiss -que en sus comienzos tenía tres miembros judíos- fue hecho en imitación de la insignia de las SS (no una esvástica sino dos líneas quebradas que parecían un rayo.
¿Importa, acaso, que la esvástica se use por ignorancia, por odio o para rehabilitar un símbolo? "No -responde Heller-. Los iconos nazis poseyeron fuerza suficiente para seducir a una nación y todavía encierran una potencia gráfica que hoy puede ser liberada." Sus defensores replican: "¿Cómo se puede culpar a un símbolo por las acciones de un loco?"




